10/17/2012 - 07:21

Decisiones nacionales, intereses nacionales

En mi primer ensayo de la Mesa Redonda analicé una serie de problemas a los que podrían enfrentarse las naciones en desarrollo que obtengan acceso a uranio poco enriquecido a través de un banco internacional de combustible. Sin embargo, mi entendimiento de las dos iniciativas de bancos de combustible, en las cuales el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) participa era incorrecto en este importante aspecto: creía que los bancos de combustible requerirían que las naciones clientes renunciaran a su derecho a enriquecer uranio -- mientras que, de acuerdo al Organismo, no existe dicha estipulación. De hecho, el OIEA identifica como "principio básico" de garantía de mecanismos de suministro que "los derechos de los Estados miembros, incluyendo el establecimiento y la expansión de su propia capacidad de producción en el ciclo de combustible nuclear, deberán permanecer intactos y no deberán verse comprometidos ni disminuidos por el establecimiento de garantías internacionales de mecanismos de suministro".

Este lenguaje parece ser lo suficientemente claro. Sin embargo, en los círculos de la no proliferación en el mundo en desarrollo, se sigue creyendo generalizadamente que las naciones se verán obligadas a renunciar al enriquecimiento para obtener acceso a un banco de combustible. He asistido a varios seminarios y talleres donde se debatieron las propuestas de bancos de combustible. La mayoría de las personas con las que he hablado en estos eventos sinceramente cree que los beneficiarios tendrán que renunciar a su derecho de enriquecimiento. Por lo tanto surge la pregunta: ¿por qué hay un mar de diferencia entre las políticas del OIEA en este tema y las creencias predominantes en el mundo en desarrollo?

En parte, una explicación podría ser que la ansiedad, creada por las intenciones de los países desarrollados, es bastante común en el mundo en desarrollo. En particular, sospecho que las naciones clientes potenciales han sentido tan frecuentemente la presión ejercida por parte de las naciones abastecedoras en cuanto a temas de enriquecimiento y reprocesamiento que desconfían de sus promesas sobre los acuerdos multilaterales. Para darles un ejemplo del tipo de cosas que generan sospechas, Estados Unidos en el 2009 llegó a un acuerdo de cooperación nuclear con los Emiratos Árabes Unidos (EAU) donde los EAU renunciaron a su derecho de enriquecimiento de uranio. Desde entonces, muchos en Washington han alegado que los nuevo acuerdos de cooperación nuclear deben seguir la llamada "regla de oro" establecida por el modelo de los EAU. El Gobierno de Obama decidió no adoptar dicha política, pero viéndolo de la perspectiva de los países en desarrollo, ¿se puede confiar en que Estados Unidos no abusará de su poder algún día en cuanto al acceso a un banco de combustible?

Efectivamente, yo también tengo mis dudas sobre cómo funcionarán en la práctica los bancos de combustible. La experiencia nos ha enseñado que las políticas declaradas y los textos publicados pueden cambiar para adaptarse a los intereses de los responsables de las políticas. Por ejemplo, el año pasado el Grupo de Abastecedores Nucleares revisó sus lineamientos sobre la tecnología relacionados al enriquecimiento y reprocesamiento, imponiendo cargas adicionales a los beneficiarios. Entonces, si las naciones abastecedoras pueden cambiar sus políticas a su voluntad, ¿quién puede asegurar a los países en desarrollo que los abastecedores -- quienes suelen encontrarse entre los países más poderosos en el sistema internacional -- no actuarán algún día de la misma manera cuando se trate de los bancos de combustible? Dicho de otra manera, aún si confiáramos en la intención del OIEA de administrar los bancos de combustible de acuerdo a la política actual, ¿Podrá la agencia mantener su independencia en el futuro?

Para los países en desarrollo que inician programas de energía nuclear, depender de bancos de combustible para el abastecimiento de emergencia de uranio poco enriquecido representa una potencial contrapartida, al igual que en muchos otros temas de relaciones internacionales. Cuando tales países decidan si deben construir sus propias instalaciones de enriquecimiento o comprar uranio poco enriquecido en el mercado abierto y depender de los bancos de combustible del OIEA como un refuerzo, lo harán solo en base al interés nacional. Puede que esta observación suene bastante obvia, pero es acertada.

El OIEA debería ser aplaudido por su participación en los dos proyectos de bancos de combustibles que, por lo menos en teoría, darán a las naciones en desarrollo una alternativa que les hará sentir más seguridad en caso de emergencia -- sin necesidad de renunciar a sus derechos bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear. Los bancos de combustible ahora tendrán la oportunidad de demostrar cómo funcionan en la práctica -- y con el tiempo, si funcionan como deben, se disiparán las sospechas de las naciones clientes potenciales.