06/21/2012 - 05:37

Amenazas reales, soluciones reales

Todos los autores de esta Mesa Redonda han argumentado, aunque de diferentes maneras, que se deben hacer cambios sustantivos al régimen global de la no proliferación para poder alcanzar las metas establecidas en el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Parece que estos cambios son necesarios, en parte, porque el mundo en los años recientes ha sido testigo de una amplia difusión de tecnología, lo que ha permitido a muchas naciones, incluyendo los países emergentes, albergar ambiciones de energía nuclear. Esto ha abierto la posibilidad de un renacimiento global nuclear -- y también ha reavivado las preocupaciones sobre la proliferación nuclear.

Pero otra razón por la cual el régimen de la no proliferación parece necesitar una reformulación, como ya lo he señalado, es que el terrorismo nuclear ha surgido en los últimos años como una mayor amenaza para la seguridad. Naeem Ahmad Salik no está de acuerdo con mi opinión, y argumenta en su tercer ensayo que, a veces, la amenaza del terrorismo nuclear se exagera por razones políticas. Pero, aunque se exagere de vez en cuando la amenaza, el hecho es que agentes no estatales han pronunciado en reiteradas ocasiones su intención última de adquirir armamento nuclear.

Salik argumenta que es poco probable que los terroristas adquieran acceso al armamento nuclear debido a "la dificultad técnica de construir un aparato utilizable". Pero aunque pueda ser difícil para los grupos terroristas construir un arma nuclear sofisticada, es ciertamente creíble que podrían fabricar un arma rudimentaria. Luis Alvarez, ganador del premio Nobel de física, una vez escribió que si los terroristas tuvieran uranio altamente enriquecido, ellos "tendrían una buena posibilidad de producir una explosión de alto rendimiento sólo al dejar caer una mitad del material sobre la otra mitad". Yo sigo creyendo que lo más difícil de fabricar una bomba nuclear es obtener acceso al material fisible; por lo tanto, el elemento principal para la prevención del terrorismo nuclear es controlar el acceso a dicho material. Como el analista de seguridad de Harvard, Graham Allison señaló, "Es simple física: sin uranio y plutonio altamente enriquecidos no hay explosión nuclear por fisión, y tampoco hay terrorismo nuclear”.

Sin embargo, construir un dispositivo nuclear no es la única manera para practicar el terrorismo nuclear. Los terroristas también podrían intentar sabotear los sistemas de seguridad en las instalaciones nucleares para crear un desastre de la misma magnitud de lo que ocurrió en la Central Nuclear Fukushima Daiichi. El hecho de resaltar la amenaza del terrorismo nuclear no es una hazaña política, como lo sugiere Salik. Al contrario, el terrorismo nuclear es una amenaza legítima que merece la atención que está recibiendo en la actualidad en una serie de reuniones cumbre sobre la seguridad nuclear.

Salik y Adel M. Ali no han llegado a un acuerdo sobre si se debe permitir que la India, Pakistán e Israel se unan al TNP como Estados con armamento nuclear. Solo diré que, en la situación actual, parece poco probable que estos países se unan como Estados sin armamento nuclear. Entre otros obstáculos, el acuerdo de cooperación nuclear entre Estados Unidos y la India que se firmó en el año 2008 y la exención que se le otorgó a la India en el mismo año por el Grupo de Proveedores Nucleares, le han proporcionado a esta nación los beneficios de la cooperación nuclear, como lo promete el TNP, sin que la India se adhiera al tratado. Dicho acuerdo les da a los países no adherentes muy poco incentivo para unirse al régimen de la no proliferación.

Para terminar, sólo algunos Estados han desarrollado la capacidad para fabricar armas nucleares desde que el TNP entró en vigor. Aunque el tratado no es la única razón de esto, un mayor número de Estados hubieran podido, sin duda, desarrollar su capacidad nuclear en la ausencia del tratado. Para que el TNP pueda seguir haciendo que el mundo sea un lugar más seguro de lo que podría ser, reitero mi apoyo a la expansión del papel y de los poderes del Organismo International de Energía Atómica, y a que se le atribuya a la seguridad nuclear la misma importancia que se le otorga a los pilares existentes del tratado: la no proliferación, el desarme y la cooperación nuclear pacífica.