05/24/2012 - 04:46

Hacia un tratado nuevo

Los países sin armamento nuclear suelen prestarle gran atención al fracaso de los Estados con armamento nuclear por no llegar al desarme que el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) requiere de ellos. Los Estados con armamento nuclear, mientras tanto, se enfocan en el hecho de que el acceso a la tecnología nuclear pacífica, que el tratado garantiza a todas las naciones, conlleva el potencial de la proliferación armamentista.

Que dicho acceso pueda resultar en la proliferación es, efectivamente, una inquietud seria -- pero se debe tener en cuenta que los casos en donde los países adquirieron ilícitamente armamento nuclear en el pasado, no utilizaron las instalaciones civiles de energía nuclear para hacerlo. Corea del Norte e Israel usaron reactores de investigación para desarrollar sus capacidades armamentistas. Pakistán también desarrolló su capacidad nuclear al margen del ciclo civil de combustible, mientras que se cree que los materiales fisibles para la producción de armas nucleares de India no provienen de la producción de los reactores nucleares.

Aún algunos -- incluyendo a Naeem Ahmad Salik en esta Mesa Redonda -- han propuesto que se establezcan acuerdos multilaterales para gestionar el ciclo nuclear de combustible. Pero estas propuestas adolecen de grandes fallas. Primero, los acuerdos multilaterales para el ciclo de combustible, podrían simple y sencillamente no tomar en cuenta los riesgos de proliferación -- como se indicó anteriormente, los últimos casos de proliferación no surgieron del uso civil de energía nuclear. Segundo, el enriquecimiento de uranio y el reprocesamiento de plutonio no están prohibidos bajo el TNP. Un Estado sin armamento nuclear no hace nada ilícito simplemente por poseer tecnologías de enriquecimiento o reprocesamiento, o ni siquiera por poseer materiales aptos para armamento nuclear.

Por lo tanto, para implementar acuerdos multilaterales para el control del ciclo de combustible, éstos deben de estructurarse de manera a que no infrinjan el derecho de cualquier país de tomar sus propias decisiones en relación al ciclo de combustible. Y sin duda importante, ningún país proveedor deberá obstruir ni interrumpir por razones políticas los proyectos nucleares pacíficos de cualquier nación.

Reconocido universalmente
Si bien es cierto que los acuerdos multilaterales para el ciclo de combustible, en última instancia no pueden prevenir la proliferación, la función principal de estos acuerdos sería mejorar el régimen de la no proliferación. Pero si esa es la meta, existen mejores maneras para hacerlo. Por ejemplo, los Estados no adherentes podrían ser incorporados al tratado como Estados sin armamento nuclear por medio del establecimiento de zonas libres de armas nucleares en el Medio Oriente y en el Sur de Asia y en la península coreana. Salik no está de acuerdo con esta idea y dice que a "Israel le ofrecerían algo a cambio por el desarme -- el reconocimiento a su derecho a existir, garantía de seguridad -- [pero] no existe un quid pro quo cercano para lo que les preocupa a India y a Pakistán". Se podría responder a tales objeciones si los tratados que establecieran zonas libres de armas nucleares fueran estructurados según las directrices del Tratado africano de Pelindaba. El primer y segundo protocolo del tratado están diseñados para prevenir el uso o la amenaza del uso de armamento nuclear en contra de los signatarios; eso y otras garantías incluidas en los protocolos contribuirían significativamente a la seguridad si fueran aplicados en Asia del Sur.

Salik, sin embargo, propone el establecimiento de un protocolo adicional para el TNP en el cual India, Israel y Pakistán asumirían las obligaciones aceptadas por otros Estados de armamento nuclear a cambio de su aceptación como un Estado con armamento nuclear. Yo creo que tal propuesta, primero, iría en contra de la Conferencia de Revisión del TNP del 2010, que exhorta a todos los Estados no adherentes del tratado a que se adhieran como Estados sin armamento nuclear. Segundo, contradiría el espíritu del tratado en sí, que después de todo tiene como intención prevenir la proliferación de armamento nuclear en los Estados sin dicho armamento, mientras se logra el desarme en los Estados dotados de armamento nuclear. Tercero, esto debilitaría y hasta podría llevar al fin del régimen del TNP. Los Estados que no pertenecen al régimen deben estar convencidos que su entrada al tratado es la única esperanza para detener la proliferación; los países no adherentes, o los que insisten en ser aceptados como Estados con armamento nuclear, no solo promueven más proliferación, sino que a la postre amenazan con la caída del régimen del tratado en sí.

Entre las características más notorias del régimen actual de no proliferación están los niveles diferentes de esfuerzo destinados a la no proliferación y al desarme. Efectivamente, muchos países sin armamento nuclear están convencidos de que la única manera de detener la proliferación es de tratar los temas de desarme y de no proliferación con igual vigor. Cuando en el año 2000 las partes del tratado se comprometieron con "el compromiso inequívoco" de librar al mundo de armamento nuclear, su intención era de transformar el TNP en un tratado que se enfocara fielmente en el desarme y la no proliferación. Esta transformación debe ocurrir ahora.