02/28/2013 - 09:15

Un club exclusivo con un programa oculto

Empecé esta Mesa Redonda con la creencia de que el Grupo de Suministradores Nucleares (GSN) es un régimen discriminatorio de control de las exportaciones y no he cambiado esa convicción. De hecho, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es en el fondo en sí mismo discriminatorio, y los mecanismos complementarios como el GSN solo complican el problema. Como sostuvo correctamente mi colega Rajiv Nayan en su ensayo final, el enfoque del GSN se centra demasiado en el aspecto del tratado relacionado con la no proliferación, y muy poco en el fomento del comercio nuclear.

Para las naciones en desarrollo, con el transcurso del tiempo el GSN ha perdido mucha de su relevancia, pues no se ha adaptado a un mundo en proceso de cambio. En la actualidad muchos países en desarrollo están al borde de transformaciones tecnológicas trascendentales. Sus economías cada vez se vuelven más avanzadas y requieren fuentes de energía, como la nuclear, para ayudarlos a seguir desarrollándose. El GSN debería adaptarse a esta nueva realidad y hacer mayores esfuerzos para cumplir con las expectativas del mundo en desarrollo.

En lugar de esto, el grupo continúa imponiendo sanciones a un país como Irán, debido a que hace mucho tiempo no notificó de manera oportuna las actividades nucleares en la instalación de Natanz. Los incumplimientos de este tipo no son singulares; otros países han cometido los mismos errores y, una vez que los rectificaron, fueron perdonados. Entre estos se incluyen, por ejemplo, Egipto, que recibió un comparendo en 2005 por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) debido a que no había notificado los experimentos y existencias en su Edificio de Química Nuclear, y Corea del Sur que, de acuerdo con un informe del organismo del año 2004, no ha dado a conocer las investigaciones llevadas a cabo en el pasado que podrían haber contribuido a un programa de armas nucleares. No obstante, en el caso de Irán las sanciones nunca cesaron. (Me gustaría hacer énfasis en que la falta de divulgación de las actividades en el sitio de Natanz por parte de Irán se trató simplemente de eso, una falta, por la que no se reveló la información de manera oportuna, y no una infracción grave que merezca un tratamiento severo permanente por parte de los miembros del GSN).

Entretanto, el reciente ensayo nuclear de Corea del Norte arroja luz sobre la discriminación intrínseca dentro del sistema del TNP. Es decir, demuestra que no puede disuadirse de sus ambiciones nucleares a un país que tiene la determinación de rebelarse contra un sistema discriminatorio, mediante sanciones y mecanismos internacionales como el GSN y que, de hecho, la dura presión internacional solo sirve para empeorar las cosas. El ensayo de Corea del Norte debería servir como un llamado de atención para aquellos que sacrificarían el espíritu original del TNP en aras de un conjunto más específico de objetivos políticos.

Si quiere adaptarse a los nuevos tiempos, el GSN debería hacer más transparente su proceso de adopción de decisiones. Debería convertirse en algo distinto a un club exclusivo con un programa oculto, que impone sus condiciones aún con mayor rigurosidad. También debería ampliar el número de sus miembros, para abarcar a un mayor número de países en desarrollo. El mundo en desarrollo tiene una representación inadecuada en el grupo, y esta membresía sesgada es el quid de los problemas de este último. Genera desconfianza entre las naciones desarrolladas y en desarrollo, y debilita en última instancia los fundamentos del tratado.

En este punto discrepo con Raymund Jose G. Quilop, que ha expresado su preocupación de que los miembros del GSN puedan comportarse de manera incongruente con los principios y valores del grupo. Mi pregunta es: ¿Qué principios y valores? ¿Los valores y principios que se crearon principalmente para preservar el predominio de occidente dentro del régimen de no proliferación y el predominio sobre las normas legales y técnicas que impone el OIEA? Si estos son los valores y principios en cuestión, el comportamiento incongruente en relación a ellos debería considerarse algo bueno.

Es más, a pesar de que los nuevos miembros del GSN seguramente considerarán sus intereses nacionales al adoptar decisiones sobre el comercio nuclear también, con el tiempo, se adaptarán a las normas internacionales expresadas a través de mecanismos como el GSN. Además, contribuirán al grupo aportando sus propias perspectivas que incidirán en el proceso de adopción de decisiones del grupo. Irán, por ejemplo, puede compartir lecciones valiosas a partir de su experiencia nuclear; lecciones sobre los derechos de los países en desarrollo, la cooperación regional en la energía nuclear y el desarme total regional.

Todavía puede lograrse un equilibrio adecuado entre los tres pilares del TNP: no proliferación, uso pacífico de energía nuclear y desarme total, pero únicamente si los miembros del GSN y las naciones en desarrollo logran establecer una base de cooperación que los beneficie a todos. Para entender todo el potencial del tratado será necesario mitigar la desconfianza entre el GSN y el mundo en desarrollo.