08/30/2012 - 07:02

El peligro de exagerar los riesgos

Los accidentes en las instalaciones nucleares son poco comunes. Y aún en un accidente tan serio como el que ocurrió el año pasado en la Planta Nuclear Fukushima Daiichi, al final se pudo contener el siniestro dentro de ciertos límites. No obstante, se considera a menudo que los riesgos asociados a la energía nuclear son completamente inaceptables, y la sociedad en muchos países sigue considerando que la energía nuclear es fundamentalmente peligrosa. Para entender más este fenómeno es útil comparar los riesgos que plantea la energía nuclear con los peligros que presentan otros métodos de generación de electricidad de carga base -- los combustibles fósiles y la energía hidroeléctrica.

En cierto sentido, una planta nuclear que utiliza combustibles fósiles presenta tan sólo un pequeño riesgo para la seguridad pública. Por supuesto, una explosión en dicha instalación podría poner en peligro las vidas de las personas que viven en las áreas cercanas pero el peligro tampoco iría más allá. El peligro real que plantean los combustibles fósiles es la contaminación. Para empezar, la quema de estos combustibles genera contaminantes como el dióxido de azufre y el óxidos de nitrógeno, los cuales afectan directamente y son nocivos para la salud humana. Aún más significativo, la quema de estos combustibles genera dióxido de carbono, la causa principal del calentamiento global que amenaza con alterar de manera radical la vida en este planeta. Aunque es probable que las emisiones de carbono de las plantas nucleares se reduzcan en el futuro por medio de tecnologías como la captura y el almacenamiento de carbono, parece que las emisiones significativas de carbono serán una realidad por un plazo de tiempo indefinido.

Entretanto, se considera generalizadamente que la energía hidroeléctrica es una fuente segura de energía, con riesgos fáciles de controlar. Por supuesto, se puede argumentar que la construcción de presas causa problemas medioambientales, pero la operación de las plantas de energía hidroeléctrica no agrava el calentamiento global. Por el contrario -- si el calentamiento global causa que el flujo de agua de las cuencas del río se vuelva irregular será el cambio climático el que posiblemente dañe las instalaciones hidroeléctricas. Análogamente, algunas plantas hidroeléctricas podrían sufrir si la explotación de combustibles fósiles redujera la disponibilidad de agua para las instalaciones hidroeléctricas -- en China, por ejemplo, la extracción de carbón ejerce una gran presión en los recursos hídricos.

Dado lo anterior, no es difícil argumentar que la combustión de combustibles fósiles representa un mayor riesgo que la energía nuclear -- o incluso, que la energía hidroeléctrica, que es en cierto modo el "aliado natural" de la energía nuclear. Aún así, de acuerdo a sondeos de la opinión pública que se examinaron en un informe de 2010, publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, en tan sólo 2 de 18 países una mayoría apoyó la construcción de plantas de energía nuclear para combatir el cambio climático.

Si la energía nuclear llegara a ser una herramienta importante en la lucha contra el calentamiento global, los proponentes de la energía nuclear deberán aceptar que la energía nuclear conlleva un cierto grado de riesgo -- que a veces viene en forma de accidentes. Además, los proponentes deberán enfrentarse a otros dos riesgos relacionados a la energía nuclear que no son generalmente exagerados. El primer riesgo es la proliferación de armamento nuclear; se debe admitir que las otras fuentes de energía no presentan un riesgo equivalente al de la proliferación. El segundo se encuentra al final del ciclo de combustible, que implica principalmente deshacerse del combustible gastado. De cierto modo, este riesgo suele ser menospreciado por el público.

Los esfuerzos para la anti-proliferación son parte de un proyecto político continuo; el peligro asociado al ciclo de combustible, de la misma manera, podría ser resuelto por medio de iniciativas multilaterales y avances tecnológicos. Pero el temor público acerca de la seguridad de las plantas nucleares continuará siendo un serio obstáculo para la expansión nuclear y por ende, para el progreso en contra del cambio climático.