07/31/2012 - 05:10

Temas globales, perspectivas personales

No es simple dar una respuesta, dados los peligros del cambio climático, en cuanto a si los beneficios de la energía nuclear sobrepasan los riesgos en los países en desarrollo. Puede que grupos diferentes de personas en el mundo emergente perciban los riesgos y beneficios de manera muy distinta.

Para el propósito de este ensayo, voy a colocar a las personas del mundo en desarrollo en dos categorías: un grupo de beneficios y uno de riesgos. Las personas en el grupo de beneficios, en gran parte pobres, son bastante vulnerables a los efectos negativos del cambio climático; esto incluye la sequía, las olas de calor, los niveles de agua de mar en aumento, las tormentas más frecuentes y poderosas, la escasez de alimentos, etcétera. Por ende, puede que reconozcan los beneficios sustanciales de la energía nuclear y su potencial para ralentizar el cambio climático. Las personas en el grupo de riesgo, por otra parte, son más capaces de ajustarse al cambio climático. Por lo tanto, se puede esperar que ellos perciban un mayor riesgo en el desarrollo de la energía nuclear que los pobres.

Como escribió el politólogo Francis Fukuyama, "Las personas ricas han ejercido una influencia desproporcionada en los sistemas de gobierno durante gran parte de la historia". Dado que los miembros del grupo de riesgos gozan de más capacidades financieras que los miembros del grupo de beneficios, el desequilibrio que emana de la diferencia de clases sociales en la influencia política representa un gran obstáculo para el potencial del desarrollo de la energía nuclear en el mundo en desarrollo.

Lo que dificulta aún más superar este obstáculo es que se debe construir la mayoría de los reactores nucleares donde abunda el agua (en particular a lo largo de las costas y de las riberas). También es una cuestión de comodidad el situar las instalaciones cerca del agua porque la proximidad al agua facilita el transporte de maquinaria grande y pesada, la que se requiere para la construcción y el mantenimiento de las plantas nucleares. Pero es muy probable que las costas marinas y las riberas también sean los lugares donde los miembros del grupo de riesgo habitan. (Para darles un ejemplo, en China, puede que los miembros del grupo de beneficios vivan o no vivan en tales áreas). Que lleguen a existir áreas prósperas que coincidan con los sitios que en otros casos serían adecuados para las plantas nucleares conlleva consecuencias ominosas para el futuro desarrollo de la energía nuclear --en especial después de las secuelas del accidente de la Planta Nuclear Fukushima Daiichi.

Para los miembros del grupo de riesgo, quienes gozan de posiciones económicas ventajosas, la energía nuclear sólo es una opción energética. Al mismo tiempo, mientras los efectos del calentamiento global pueden parecer una amenaza remota para los miembros del grupo de riesgo debido a sus mayores recursos, un accidente nuclear del tamaño de Fukushima amenazaría tanto su bienestar físico como su medio de subsistencia. Por lo tanto, el temor a un accidente nuclear le da a los miembros del grupo de riesgo grandes incentivos para adoptar una actitud de “no en mi jardín”.

Como las personas en el grupo de riesgo tienen más posibilidades económicas e influencia política que los miembros en el grupo de beneficios, la expansión de la energía nuclear en el mundo en desarrollo parece enfrentarse a grandes dificultades. Lo que complica aún más el asunto es el amplio escepticismo de los países en desarrollo en cuanto al gobierno en general y, en particular, en cuanto a la capacidad del gobierno para monitorear la industria nuclear. Este escepticismo caracteriza tanto al grupo de riesgo como al de los beneficios.

Cálculos políticos. En China, inmediatamente después de Fukushima, el gobierno central dejó de asesorar y aprobar nuevos proyectos nucleares. Con el paso del tiempo, algunos gobiernos locales estaban ansiosos por terminar sus proyectos nucleares, en favor del crecimiento económico, pero el gobierno central ha permanecido indeciso en otorgar el permiso para seguir adelante. Sin embargo, el 31 de mayo de este año, se revelaron indicios de que posiblemente el gobierno central reanudaría los pasos hacia la expansión nuclear. Pero parece que las metas para la generación de energía nuclear se están retrasando mucho. A principios del año 2011 se tenía previsto que la capacidad de energía nuclear en China alcanzaría 86 gigavatios para el año 2020, pero los pronósticos actuales anuncian una expansión de tan solo 60 gigavatios.

Este ajuste a la baja manifiesta la precaución que el gobierno central siente que debe ejercer en la era post Fukushima. El gobierno central ha pasado mucho tiempo, como es natural, sopesando los deseos del grupo de riesgo así como el de los beneficios. El cálculo del gobierno considera esencialmente las ganancias económicas y medioambientales de la energía nuclear en contra de las pérdidas económicas y medioambientales si llegara a ocurrir un accidente nuclear -- sin importar lo poco probable que resultaría un accidente de ese tipo.

China tiene a su disposición una serie de herramientas más allá de la energía nuclear para ayudarle a solucionar el cambio climático. Éstas incluyen el desarrollo futuro de recursos de energía baja en carbono tales como el gas natural, o los recursos de energía de cero carbono tales como la energía eólica y solar. El gobierno también puede acceder a las medidas no convencionales de los gobiernos locales, tales como los apagones generalizados para alcanzar las reducciones propuestas de las emisiones del dióxido de carbono – y, de hecho, ya se aceptaron a finales del 2010. Pero, si tan solo ocurriese un serio accidente nuclear en China, aún siendo menos grave que el de Fukushima -- y especialmente si pasara en una de las tres áreas más prósperas del país (el delta del río Pearl, el delta Yangtze y el área de la bahía Bohai) -- sería un desastre económico para el país y un desastre político para el gobierno central. En efecto, dicho accidente podría costarle más al gobierno de lo que tiene a su alcance.