01/08/2013 - 16:00

Alguién tiene un secreto

El debate público sobre temas nucleares en la India -- desde la política de no proliferación a la doctrina armamentista y a la seguridad de la energía nuclear civil -- es por lo general bastante superficial y la razón principal por la cual existe la secrecía nuclear en la cultura del país. La secrecía surge de una serie de factores, algunos de ellos propios de la India y otros del extranjero. Uno de ellos es que las estructuras oficiales tales como la Ley de Energía Atómica de 1962 limita la información nuclear y la legislación a un círculo reducido de personas. La ley coloca grandes segmentos, tanto de los programas civiles como de los programas militares nucleares bajo un manto de secretismo tan amplio que hasta la supervisión parlamentaria está limitada. Por lo tanto, la toma de decisiones de temas nucleares se limita a un puñado de científicos y burócratas, a menudo llamados el enclave nuclear de la India, los cuales trabajan con muy poca supervisión y con menos transparencia. Asombrosamente, el ejercito no es parte de este círculo, aunque esté a cargo del despliegue del arsenal nuclear.

Otro factor que contribuye a esta secrecía excesiva es que el programa nuclear en las primeras dos décadas de su existencia estaba lleno de ambiguedades. Debido a las divisiones dentro de la fraternidad nuclear, cuyos miembros se mostraban hostiles al emplazamiento de armas, no estaban seguros si el programa tendría un componente militar. Por lo tanto, el país desarrolló un programa de doble vía sin declararle formalmente un aspecto militar. Después, creció el temor de que -- en medio de un impulso sostenido de Occidente para socavar lo que, en efecto, era un programa nuclear civil y militar conjunto, el cual operaba fuera de las salvaguardas internacionales -- cualquier información nuclear que la India divulgara sería utilizada en su contra por Occidente. Las sanciones internacionales utilizadas en contras de los esfuerzos nucleares de la India fueron muy importantes para establecer la cultura de secrecía y aislamiento entre los científicos nucleares del país.

Un último factor es que, una vez que el programa nuclear de la India parecía ser asediado por extranjeros "neo-imperialistas" y quedaba envuelto en su bandera, la aceptación pública del programa nuclear fue asegurada. Luego se desarrolló una mística nuclear y esto fue marcadamente destructivo para un debate verdadero acerca de las políticas nucleares. Nunca hubo muchas protestas en contra del programa nuclear, aún cuando cometía muchos errores y en muchos sentidos era extremadamente ineficiente. El debate sobre los méritos del programa estaba extremamente estancado; una evaluación inteligente era casi imposible; y el público se concentraba en los logros simbólicos como los ensayos nucleares. El programa era sacrosanto y se ubicaba más allá del debate, y se creía que la secrecía era una necesidad -- incluso un atributo positivo.

Los vigilantes que no vigilan. Para empeorar las cosas en India, las instituciones que fungen como vigilantes (watchdogs) en varias sociedades -- los reguladores independientes, el parlamento, los medios, etc. -- todos tienen defectos que disminuyen su capacidad de contribuir al debate. El problema más obvio de esta índole es que el Consejo Regulador de Energía Atómica, la agencia principal que supervisa la protección y seguridad de los reactores indios, es un derivado del Departamento de Energía Atómica, el mismo organismo que se supone debe supervisar. Recientemente, su falta de autonomia fue cuestionada por un comité gubernamental de vigilancia, el Contralor y Auditor General. Y al parlamento, como se señaló, no lo incluyeron de manera deliberada en la elaboración de políticas nucleares e incluso ha perdido el control de la financiación del programa nuclear.

Los medios, entretanto, padecen de graves problemas estructurales. El mercado de la comunicación, con más de 500 canales de televisión y 70,000 periódicos es extremadamente competitivo. Le preocupan temas de corto plazo y hay muy poco espacio para un análisis político detallado. Las noticias son breves y los anuncios numerosos. Pocos periódicos, si es que hay alguno, tienen corresponsales científicos y ninguno tiene a un especialista que se dedique a temas nucleares. A la mayoría de los medios de comunicación, como al público, le atrae la narrativa de que viejas sanciones internacionales requieren un programa nuclear en secreto –algo que aún no se les puede reprochar.

Las consecuencias de todo esto es la creación de un poder nuclear que no ve la necesidad de comunicarse con el público y que en cierto modo, no puede hacerlo. El público ha aceptado cabalmente el aislamiento. Pero a medida que el programa nuclear se fue internacionalizando, tras la aprobación del acuerdo de cooperación nuclear entre la India y Estados Unidos, los defectos de crear una cultura que se creía ajena al debate público normal empezaron a salir a la luz. Hoy en día, a medida que el público se manifiesta en contra de los reactores civiles de energía y el gobierno evita tomar una iniciativa para hacer cumplir una prohibición de los ensayos nucleares que alguna vez apoyó, vemos como se le dificultan las cosas a un establishment nuclear que nunca tuvo que rendirle cuentas a nadie -- salvo a un primer ministro y a una docena de personas.

La cultura de la India sobre la secrecía nuclear, que surgió de una mística nuclear en los años 1950 y por varias décadas de sanciones internacionales no es unicamente obsoleta. También se está conviertiendo en un impedimento para la expansión del programa de energía nuclear de la India. Aunque el levantamiento de una moratoria de más de 30 años sobre el comercio nuclear con la India supuestamente abriría las puertas a una mayor expansión de su programa de energía nuclear, el crecimiento se ha estancado por cuestiones legales de responsabilidad, protestas políticas en contra de la energía nuclear y problemas de adquisición de tierras -- dificultades que en parte son consecuencia de, o han sido sumamente agravadas por la falta de transparencia y débil alcance público por parte del Departameto de Energía Atómica. Ahora el Departamento y sus organismos afiliados han empezado a dominar el arte de la diplomacia pública y de los medios de comunicación. Es necesario que esta nueva y creciente transparencia se institucionalice, así se asegurará que la cultura de secrecía nuclear de la India desaparezca por completo.