05/16/2013 - 11:27

La clave es educar a los participantes

En su nivel más básico, la verificación por parte de la sociedad se define como la recopilación, la transmisión y la validación de información. La verificación por parte de la sociedad puede aplicarse al ámbito de derechos humanos, asistencia humanitaria, consolidación de la paz, prevención de conflictos y protección del medioambiente. Para el fin de esta Mesa Redonda, el control de armas es primordial. Sin embargo, para que la verificación por parte de la sociedad alcance su potencial para el control de armas, esto dependerá en última instancia de las personas que la realicen. Es decir, se necesitan suficientes personas que puedan, tanto entender cómo los dispositivos portátiles y las redes sociales pueden ayudar con el control de armas, así como tener una visión internacional que conlleve un sentimiento de responsabilidad global.

La revolución de las tecnologías de información y comunicación que ha tenido lugar en los últimos años hace que la verificación por parte de la sociedad sea, cada vez más, una idea práctica. Las redes sociales, tales como Twitter y Facebook, al igual que los dispositivos portátiles como los teléfonos inteligentes y las tabletas, han transformado la verificación por la sociedad del cumplimiento de los tratados para el control de armas en algo que se acerca a la realidad. El hardware y el software que utiliza la gente en sus vidas cotidianas representan un nuevo medio técnico de verificación; se aproxima una era donde cualquiera podrá llevar a cabo inspecciones informales.

Aunque la verificación por parte de la sociedad de los acuerdos de control de armas todavía se encuentra en sus primeras etapas, las redes sociales y las tecnologías portátiles ya han comprobado su utilidad durante desastres humanitarios y transiciones políticas. En Japón, durante la secuela del accidente de la Planta Nuclear Fukushima Daiichi, los ciudadanos elaboraron mapas que trazaban las medidas de radiación mediante el crowdsourcing. Después del terremoto en Haití en 2010, el crowdsourcing hizo una contribución importante a la respuesta de emergencias. En mi propio país, Egipto, los dispositivos portátiles y las redes sociales desempeñaron un papel de sobras conocido en la revolución del 25 de enero. Tras la revolución, la información diseminada por los interlocutores políticos, a veces para engañar deliberadamente, está sujeta a un tipo de verificación pública. Y la información ocultada por los medios controlados por el gobierno a menudo la difunden otros medios. Por ejemplo, cuando se robaron los materiales radioactivos de la planta nuclear Al Dabaa de Egipto a principios de 2012, los usuarios de Facebook informaron del robo horas antes que los medios bajo el control gubernamental.   

En Siria, las técnicas de verificación por parte de la sociedad han desempeñado un papel importante, estableciendo la idea en muchas regiones de que el régimen de Assad ha utilizado armas químicas en contra de su propio pueblo. A pesar de que aún persiste la duda sobre la utilización de armas y en contra de quién, por lo menos es interesante señalar el papel que está desempeñando la verificación por parte de la sociedad en una situación donde de lo contrario es difícil obtener información fiable. En una zona de conflicto como Siria, recabar datos de inteligencia por medio de métodos convencionales es un reto. La Organización para la Prohibición de Armas Químicas no realiza la monitorización de las instalaciones, como lo hace la Comisión Preparatoria de la Organización del Tratado para la Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (OTPCE). La comprobación del uso de armas químicas mediante la toma de muestras de tierra y agua suele ser problemática, ya que las muestras se degradan con el paso del tiempo. Es cierto, videos cargados en Internet se transmiten continuamente y los informes subidos en las redes sociales podrían intentar engañar, pero por lo menos Siria es una prueba intrigante sobre el potencial de la verificación por parte de la sociedad. 

Los ejemplos de Haití, Japón, Egipto y Siria podrían señalar un futuro en donde las funciones para la verificación de tratados que ahora utilizan organizaciones, tales como la OTPCE, las podrían realizar ciudadanos corrientes. La comisión lleva a cabo sus deberes de verificación por medio de una red de centrales que pueden detectar radionúclidos y otras señales de detonaciones nucleares. La construcción y el mantenimiento de estas centrales no es barato, sin embargo, y algunos estados son reticentes a tenerlas en su territorio. Hasta cierto punto, en ese caso sería posible dejar que la gente corriente con dispositivos portátiles se hiciera cargo. Por ejemplo, todos los iPhone, cuando los agrupan con un dispositivo como el iRad Geiger, pueden funcionar como detectores sofisticados de radiación.  Una red de usuarios informados de teléfonos inteligentes y equipados con esos dispositivos formaría la base de un sistema global auxiliar de monitorización que podría informar de los resultados de radiación global, tanto para el control de armas, como para fines medioambientales. Tal vez una organización no gubernamental podría facilitar dicho sistema. 

Desde mi punto de vista, el obstáculo principal que no permite que dicha situación se haga realidad es que sólo un número limitado de personas entiende su propia capacidad de recabar información relevante para la verificación del cumplimiento de tratados. Y puede que haya muy pocas personas en el mundo en desarrollo que tengan una visión global que sea consistente con las contribuciones para la no proliferación, la protección física de materiales fisibles, los esfuerzos para detener el contrabando, y demás.  

Sin embargo existen modelos para informar a la gente sobre la verificación, su importancia y sus técnicas. Por ejemplo, el programa de la Universidad de Oslo con el que previamente estuve afiliado, y que tiene sus orígenes de la Iniciativa para la Verificación de Desmantelamiento de Ojivas Nucleares de Gran Bretaña-Noruega, busca dar formación a estudiantes universitarios sobre temas de verificación relacionados con el desarme nuclear. Además de proporcionar entrenamiento de técnicas pragmáticas de verificación, el programa presenta a los estudiantes las dimensiones políticas y humanitarias de la no proliferación nuclear y el desarme. También enfatiza como la información sobre el diseño de armas nuclear podría ser capturada por otros durante el proceso de verificación y luego ser transferida a un estado sin armamento nuclear, lo que no cumpliría con el Artículo II del Tratado de No Proliferación Nuclear.   Este riesgo conllevaría implicaciones claras sobre la práctica de la verificación por parte de la sociedad. De cualquier modo, programas como éstos podrían ser adaptados para abarcar una amplia gama de temas relacionados a la verificación por parte de la sociedad y se proporcionarían a las personas interesadas, siempre y cuando lo permita la situación política.

Pero la política restringiría seriamente los esfuerzos para la verificación por parte de la sociedad en varios países, como muchas veces limita a los periodistas. En lugares con gobiernos opresivos o con inestabilidad política, los periodistas pueden exponerse, entre muchas cosas, a acusaciones de infringir la seguridad nacional, y por tanto tiene sentido pensar que los partícipes de los esfuerzos de verificación se enfrentarían a los mismos riesgos. Por ejemplo, Siria, la que Reporteros Sin Fronteras coloca casi al final del ranking mundial para la libertad de prensa, tiene un entorno problemático para los promotores de la verificación por parte de la sociedad. Aquí en Egipto, y en algunos estados de transición en el mundo árabe, la situación no es así de grave. Por lo general, los periodistas no temen por sus vidas, pero los activistas políticos sí deben asegurarse de que no sea rastreada su actividad por Internet. Los partícipes de la verificación por parte de la sociedad tendrían ciertamente una justificación para albergar esas preocupaciones.

Las barreras políticas, en gran medida, se superarán, claro, siempre que existan suficientes grupos de personas capacitadas que quieran participar en los esfuerzos de verificación. No es probable que la verificación por parte de la sociedad vaya a suplantar por completo el trabajo de organizaciones tales como la OTPCE. Pero, cada vez más, parece que sería un complemento útil.