06/18/2013 - 06:23

Las dos caras de la moneda

La Revisión de la Postura Nuclear de EE.UU. de abril de 2010 comunica una doctrina nuclear que refleja fielmente las políticas de la administración Obama y presenta importantes innovaciones estratégicas. El informe destaca la necesidad de mantener una capacidad de disuasión nuclear, pero también resta importancia a "la relevancia de las armas nucleares en los asuntos internacionales", y reafirma la intención de reducir el arsenal nuclear de EE.UU.

La nueva doctrina establece que "el papel fundamental de las armas nucleares de Estados Unidos, que continuará mientras existan armas nucleares, es disuadir un ataque nuclear contra los Estados Unidos, nuestros aliados y socios". Sin embargo, Estados Unidos "solo consideraría el uso de armas nucleares en circunstancias extremas, para defender los intereses vitales de Estados Unidos o de sus aliados y socios." Se reduce el papel de las armas nucleares en la disuasión de ataques convencionales, químicos y biológicos, y el documento destaca que el arsenal nuclear que Estados Unidos heredó de la era de la Guerra Fría no es lo suficientemente idóneo para los desafíos que plantean los terroristas y los regímenes hostiles en búsqueda de armas nucleares. Por consiguiente, el documento establece que "es esencial que ajustemos mejor nuestras políticas y postura nucleares a nuestras prioridades más urgentes: la prevención del terrorismo nuclear y la proliferación nuclear."

El compromiso de EE.UU. de "responsabilizar plenamente a cualquier estado, grupo terrorista u otros actores no estatales que apoyen o faciliten los esfuerzos terroristas para obtener o utilizar armas de destrucción masiva" parece significar que Estados Unidos continuará sus esfuerzos para detener la proliferación de ADM a través de todos los medios posibles, inclusive opciones militares, pero tengo la seguridad de que el uso de armas nucleares en este contexto queda excluido. No obstante, el compromiso no afianza la seguridad internacional, dado que las opciones militares que la política contempla probablemente aumenten el número de decisiones unilaterales de Estados Unidos de usar la fuerza contra un estado soberano o un actor no estatal que actúa dentro del territorio de un estado soberano. No contribuye al proceso de desarme (nuclear o no) porque la confianza de EE.UU. en las opciones militares no nucleares supone que las armas convencionales existentes se mejorarán y se desarrollarán otras nuevas, dando así un nuevo impulso a la carrera armamentista global. En cierta medida contribuye a los procesos de no proliferación, al menos en la medida en que su objetivo se correlaciona con esos procesos.

En cualquier caso, estoy seguro de que la política general de EE.UU. expresada en la Revisión de la Postura Nuclear reconoce que las armas nucleares pueden tener una influencia contraproducente en la proliferación de las ADM. Es decir, cuanto más se dependa de las armas nucleares como medio de disuasión, más deseos tendrán otros países de obtenerlas. Por otra parte, en mi opinión el informe deja claro que el presidente Obama y su administración se dan cuenta de que las armas nucleares no pueden resolver los problemas fundamentales del siglo XXI: la proliferación de armas de destrucción masiva, el terrorismo, los conflictos regionales y la migración masiva de refugiados a consecuencia de los mismos, las guerras cibernéticas, el crimen organizado y el tráfico ilícito de drogas. La reducción del papel de las armas nucleares en las políticas de seguridad de EE.UU. es absolutamente positiva.

Sin embargo, hay otra cara de la moneda. La Revisión de la Postura Nuclear omite actualizar las políticas con respecto al despliegue y la modernización de las fuerzas nucleares y su infraestructura y, de hecho, el enfoque de la revisión de la postura en cuanto a la modernización asegura que las fuerzas nucleares continuarán siendo un instrumento central de la estrategia de seguridad nacional de EE.UU. en las próximas décadas.

En cuanto al despliegue, el informe no contiene cambios sustanciales en la estructura de la fuerza nuclear de EE.UU. -bombarderos, misiles balísticos intercontinentales y misiles balísticos lanzados desde submarinos- o en su estado de alerta, y señala un enfoque más bien agresivo en cuanto a la modernización. Establece que Estados Unidos tiene previsto desarrollar y desplegar una nueva generación de sistemas vectores de armas nucleares en las próximas dos décadas, incluyendo submarinos de misiles balísticos y misiles de base terrestre; reemplazará los bombarderos con capacidad nuclear existentes por el avión furtivo F-35 Joint Strike Fighter; estudiará si será necesario reemplazar los misiles de crucero lanzados desde el aire existentes y, en tal caso, cómo lo hará; no aceptará límites en relación con su programa de defensa contra misiles; y preservará las opciones para el despliegue de misiles provistos de armas convencionales. En un informe posterior de la Casa Blanca al Senado en relación con la ratificación del nuevo tratado START se puso de manifiesto que "durante la próxima década, Estados Unidos invertirá más de 100 mil millones de dólares en sistemas de vectores nucleares para mantener las capacidades existentes y modernizar algunos sistemas estratégicos."

La Revisión de la Postura Nuclear también informa que se trabajará para prolongar la vida de la ojiva W-76 del misil balístico de base submarina, la bomba B-61, desplegada en bombarderos, y la ojiva W-78, desplegada en misiles de base terrestre. Si bien en la revisión se afirma que el trabajo "no apoyará nuevas misiones militares o dispondrá nuevas capacidades militares", la extensión de vida de la W-76 aumenta de hecho la capacidad para acertar blancos difíciles. Además, la capacidad militar no solo depende de las ojivas, y las mejoras a los sistemas de vectores se continúa realizando, por ejemplo en relación con los objetivos, el comando y control del F-35.

Mientras tanto, se planifican importantes inversiones en las instalaciones de fabricación de armas, supuestamente como protección contra futuras reducciones de ojivas nucleares desplegadas y sin desplegar. La administración planea gastar 80 mil millones de dólares hasta el año 2020 en el complejo de armas nucleares, además de los 100 mil millones de dólares destinados a sistemas de vectores.

Creo que tanto Estados Unidos como Rusia y todos los otros estados nucleares de hecho o de derecho, deben hacer frente a las amenazas y desafíos reales del siglo XXII, modernizando sus estrategias nucleares más allá del tipo de medidas previstas en la Revisión de la Postura Nuclear de 2010. El énfasis principal de esta modernización se daría a través de un par de transiciones: alejarse de los enfoques individuales en relación con amenazas locales y regionales emergentes y acercarse a los enfoques colectivos y, a su vez, distanciarse del control "positivo" sobre las armas nucleares, que hace hincapié en la habilidad para utilizar las capacidades nucleares con rapidez, y dirigirse hacia el control "negativo", que se centra en la prevención del uso accidental o no autorizado de armas nucleares o su captura por parte de terroristas.

Estados Unidos y otros países podrían ayudar a llevar a cabo estas transiciones y contribuir a su vez a la no proliferación y a minimizar las amenazas terroristas, si adoptaran algunas medidas específicas. Los arsenales de armas nucleares deberían consolidarse y hacerse más seguros. A su vez, deberían ponerse en práctica mecanismos más confiables de salvaguardias. Deberían reducirse las ojivas desplegadas con fines operativos y los sistemas de vectores. Debería aumentarse el tiempo necesario para lograr capacidad de combate de las fuerzas nucleares, a un lapso de entre 24 y 72 horas. Las fuerzas convencionales deberían estar preparadas para participar en el combate durante las primeras 24 a 72 horas de un conflicto, hasta que el enemigo sea derrotado o la capacidad nuclear esté plenamente establecida. El comando, el control y los sistemas de alerta temprana deberían estructurarse de manera que puedan coordinarse adecuadamente los esfuerzos de combate durante las primeras etapas de un conflicto, mientras que el control de las fuerzas nucleares se desplaza de lo negativo a lo positivo. Es mediante este tipo de medidas que podría de verdad reducirse la relevancia de las armas nucleares en los asuntos internacionales.