06/20/2013 - 11:32

Centrarse en la cocina

Dipak Gyawali argumenta que el reto de la democratización eléctrica es mayor que generarla , —y que desbaratar los monopolios verticalmente integrados es la clave para la democratización. Mi propio país, la India, es un ejemplo interesante para analizar esta idea. Desde que la India logró su independencia del Imperio Británico hace 66 años, las autoridades centrales de energía han acumulado un enorme poder—, y la visión de aldeas con un gobierno descentralizado y auto suficientes de Mahatma Gandhi, lo cual analizó Gyawali en su segundo ensayo, hoy no es más que un sueño lejano.

Aún así, el gobierno argumentaría que ya ha desbaratado el monopolio eléctrico. En el papel, esto es verdad: Hoy, la India tiene empresas separadas en distintos estados para la generación, transmisión y distribución eléctrica. Sin embargo, cada empresa sigue siendo una institución profundamente centralizada desde arriba. A estas compañías, aunque han sido disueltas, les importa menos la equidad que el resultado, y la disolución no ha proporcionado el acceso a electricidad para aquellos que carecen de ella.

El programa de electrificación rural del gobierno en 2006, prometió acceso a electricidad a todos los hogares para el 2009-2010, pero no se alcanzó la meta por un margen espectacular y ahora se prorrogó hasta el 2017. La razón principal de este fracaso, en mi opinión, es la confianza que el gobierno otorga a la red eléctrica, mas que a un sistema de generación y distribución descentralizado, al cual todos los participantes de esta Mesa Redonda han expresado su apoyo. 

Pero el sector eléctrico de la India no sólo ha sido desbaratado, también ha sido expuesto a la competencia. Después de que la India instituyó reformas de mercado en 1991, y los legisladores empezaron a buscar soluciones basadas en el mercado para los problemas nacionales, el mercado eléctrico abrió las puertas al sector privado. Los monopolios estatales no rendían, por lo tanto, vieron como respuesta la privatización y el libre mercado. Pero la privatización no ha respondido a la inequidad o eliminado las deficiencias en el sector eléctrico. El sector privado ha demostrado el mismo poco interés que las compañías estatales para aumentar el acceso a la electricidad en las partes del país donde la gente carece de ella.

La cruda realidad es que 400 millones de personas en la India carecen de electricidad.   Por lo tanto, a las personas que les interesa reducir la carga de las mujeres pobres, ¿el foco de atención debería dirigirse a la expansión del acceso a electricidad a los hogares rurales? O, ¿sería más adecuado diseñar planes que satisfagan las necesidades energéticas, no necesariamente necesidades eléctricas, en hogares rurales?

Si el foco se va a dirigir a las necesidades energéticas rurales, la prioridad debería ser el suministro de combustibles modernos para cocinar, una área donde el avance en la India ha sido muy lento. De acuerdo a una encuesta (National Sample Survey) que el gobierno llevó a cabo en 1999 y 2000, el 86 % de los hogares rurales dependen de leña, residuos de madera o tortas de estiércol como fuente principal de energía para cocinar. Diez años después, este número ha mejorado sólo a un 83 %. Depender de tales combustibles para cocinar representa un enorme desgaste de tiempo y de energía de las personas: Se calcula que cada año, en la zona rural al norte de la India, se gastan 30 mil millones de horas buscando leña para el fuego y otros combustibles tradicionales. Obviamente, las mujeres son quienes se hacen cargo de la mayor parte de las tareas. Es problemático hablar sobre un mundo con acceso universal a la electricidad cuando la realidad de hoy en día es que la principal necesidad energética, la energía para cocinar, continúa sin ser satisfecha. 

El extinto Amulya Reddy, un visionario en el campo de la tecnología adecuada, dijo que las necesidades rurales energéticas son una "prioridad abandonada". En el ensayo seminal de 1999 en Economic & Political Weekly, Reddy señaló los esfuerzos sostenidos de los 70 para desarrollar sistemas energéticos rurales que se centraran principalmente en las necesidades para cocinar. Pero, estos esfuerzos se abandonaron, y Reddy argumentó que el resultado fue "la aceptación de una sociedad de "doble-combustible"...donde los pobres cocinan con combustibles sólidos y sucios en estufas relativamente ineficientes y los ricos gozan de combustibles transparentes y limpios...en estufas eficientes. Había también muy poca conciencia del marcado prejuicio de género en contra de las mujeres en este cambio de prioridades".

Catorce años después de que Reddy publicó su ensayo, la India continúa siendo una sociedad de "doble-combustible". Si  se quiere corregir esta inequidad en la India y en otros países, los esfuerzos deben centrarse en el combustible para la cocina, que es la necesidad más importante para la gente, y en especial para las mujeres.