07/01/2013 - 09:29

Recursos locales, beneficios locales

Los participantes de esta Mesa Redonda están de acuerdo en que los métodos para la energía con base en la comunidad, tales como la solar y microhidráulica, a menudo son los más propicios para mejorar las vidas de la gente pobre, en especial las de las mujeres, en comunidades rurales. Sin embargo, me gustaría analizar las maneras en que otras políticas energéticas no han podido responder a los intereses de los residentes rurales de Indonesia y a la larga, del gobierno.

Empecemos con el boom del petróleo en los años 70 en Indonesia. La respuesta del gobierno a la electrificación rural consistía en proporcionar generadores abastecidos por aceite diesel a los sub distritos alrededor del país. Pero el gobierno tuvo que subsidiar los precios de petróleo, y las políticas se volvieron una carga. Peor aún, tomando en cuenta que un factor que contribuye a la pobreza, por lo general, es la incapacidad de la comunidad de beneficiarse de los recursos locales a su alcance, las comunidades se vuelven altamente dependientes del combustible proveniente de otros lugares.

Entonces, en 1992, el gobierno privatizó parcialmente el sector energético, permitiendo la creación de plantas energéticas independientes (IPPs, por sus siglas en inglés) para la generación eléctrica. Las compañías multinacionales típicamente eran dueñas de las IPPs en empresas conjuntas con las compañías indonesias. Esto se convirtió en un gran problema cuando estalló la Crisis Financiera Asiática en 1997 y la rupia sufrió una fuerte devaluación  —las plantas energéticas independientes tenían que cobrar en dólares estadounidenses por la electricidad generada, pero los indonesios pagaban sus facturas de electricidad en moneda local. Por lo tanto, el gobierno tenía que pagar la diferencia.

Entretanto, las IPPs  sólo estaban dispuestas a expandir su servicio a nuevas áreas si les aportaran ganancias. Por lo tanto, el gobierno tenía que responsabilizarse de proporcionar energía a lugares poco rentables. Como resultado, muchas áreas rurales siguieron sin electricidad.

El gobierno pudo haber evitado todo esto si hubiera dirigido su foco de atención a la creación de un suministro de electricidad que se basara en la comunidad. Tal respuesta hubiera reconectado a las comunidades con recursos locales, fomentado la independencia, apoyado la actividad económica y dado poder a la gente.

La energía con base en la comunidad, tal como la microhidráulica, proporciona a las aldeas un buen servicio eléctrico a precios accesibles. Ayuda a la conservación medioambiental, ya que demuestra a los miembros de la comunidad que preservar los recursos en zonas de captación de agua asegura el suministro eléctrico. No requiere largas líneas de transmisión. Debido a estas razones, IBEKA, una organización no gubernamental de la cual soy director ejecutivo, se ha concentrado desde los años 90 en la inserción de proyectos microhidráulicos en áreas rurales.

Pero el éxito de la microhidráulica requiere que las comunidades estén preparadas adecuadamente para gestionar el sistema eléctrico una vez que éste se instale. Afortunadamente, la microhidráulica es una tecnología fácil de usar para los usuarios y por lo tanto, los miembros de la comunidad pueden entenderla fácilmente y, con algo de capacitación técnica y de administración, supervisarla. Desde un punto de vista técnico, las comunidades deben tener la capacidad de operar y dar mantenimiento al equipo de generación y transmisión eléctrica. Desde un punto de vista de administración, los miembros comunitarios deben crear una cooperativa y aprender a resolver problemas, tales como el cobro de los pagos de los clientes y cómo reservar dinero para el mantenimiento. Si sobra dinero, las cooperativas podrían destinar los fondos a otros proyectos que generarían más ingresos. Esto a menudo se materializa con las mujeres que procesan los productos agrícolas, algo que en primer lugar, sólo podrían hacer porque tienen electricidad a su alcance