06/27/2013 - 07:42

Rayos de esperanza, malos presagios

En su primer ensayo de esta Mesa Redonda mi colega Manpreet Sethi analizó los niveles tácticos y estratégicos de la política de EE.UU. sobre proliferación nuclear y terrorismo, y concluyó que, en principio, Estados Unidos va por buen camino. Sin embargo, argumentó luego que la política de EE.UU. se encuentra con problemas en lo que concierne a su implementación, y se refirió a Pakistán como ejemplo de las limitaciones de la política. Específicamente, escribió que Estados Unidos no ha tomado "medidas punitivas significativas" contra Pakistán "a pesar de que existen numerosas pruebas de que Pakistán ha estado implicado en la proliferación nuclear, y que el ejército y la Dirección de Inteligencia Inter-Services...han apoyado y fomentado el terrorismo."

No obstante, nada de lo establecido en la política estadounidense sugiere que ese país debería haber tomado medidas punitivas contra Pakistán. En la Revisión de la Postura Nuclear de 2010, Estados Unidos renovó su compromiso de "responsabilizar plenamente a cualquier estado...que apoye o facilite los esfuerzos terroristas para obtener o utilizar armas de destrucción masiva...". Pakistán no es uno de estos estados. Incluso si se acepta que Pakistán ha estado implicado en la proliferación en el pasado, o se cree que elementos dentro de Pakistán han apoyado y fomentado el terrorismo, aun así Pakistán no puede ser acusado de hacer la única cosa que podría someterlo a la "medida punitiva" a la que se ha referido Sethi, es decir, ayudar a terroristas a acceder a armas de destrucción masiva. El elemento de la política de EE.UU. en discusión en esta Mesa Redonda simplemente no tiene relación directa con el comportamiento paquistaní.

Habiendo dicho esto, vale la pena también recordar que las revelaciones de hace casi una década atrás sobre las actividades de proliferación de la red de A.Q. Khan tuvieron un lado esperanzador en Pakistán: la presión internacional en general y la presión de EE.UU. en particular hicieron notar a Islamabad que la nuclearización conlleva serias responsabilidades. Pakistán reaccionó poniendo en práctica una serie de medidas de seguridad nuclear y ahora coopera con muchas iniciativas globales para denegar a los terroristas el acceso a instalaciones nucleares y materiales delicados. Pakistán está hoy en medio de la que probablemente sea la peor ola de terrorismo que ha enfrentado jamás, pero pese a todo ha logrado proteger sus instalaciones y materiales nucleares. Esto no debe hacerlo sentir satisfecho, pero al menos debería aliviar la ansiedad en relación con la seguridad y protección del arsenal nuclear de Pakistán.

Entretanto, en su segundo ensayo, Evgeny Buzhinsky se refirió a mi opinión acerca de que Estados Unidos, al vincular la disuasión nuclear al terrorismo, sobrevalora la eficacia de la disuasión y, desde una perspectiva exterior, parecería reafirmar el valor que la política de seguridad de EE.UU. otorga a las armas nucleares. Buzhinsky interpreta que considero que la vinculación de la disuasión nuclear con el terrorismo es artificial, "solo un pretexto más para que Estados Unidos pueda seguir dependiendo en gran medida de su arsenal nuclear". Esto no es del todo correcto. No creo que el vínculo sea artificial, pero sí considero que es ineficaz, en la medida en que los fines perseguidos y los medios operativos están fuera de toda proporción. También creo que el vínculo produce más daños que beneficios a la causa de la no proliferación, sin importar cuáles puedan ser las intenciones de la administración de Obama.

Buzhinsky también mencionó mi afirmación de que, en estados con pequeños arsenales nucleares, la vinculación de la disuasión nuclear con el terrorismo crea serios desafíos para los partidarios de la no proliferación y el desarme. Buzhinsky escribió "...supongo que se refiere en primer lugar a su propio país, Pakistán." No me refería primero a Pakistán -mi comentario tenía naturaleza general- pero ciertamente Pakistán no es una excepción a la idea de que las naciones con pequeños arsenales nucleares no estarán motivadas a desarmarse debido a que perciben que Estados Unidos otorga a las armas nucleares un gran valor de seguridad. A la vez, la política nuclear de EE.UU. de ninguna manera es el principal propulsor de la proliferación o de que no se logre el desarme. Los entusiastas nucleares pueden encontrar un montón de justificaciones para establecer o ampliar arsenales nucleares.

Por último, Buzhinsky y Sethi abordaron temas como el programa de defensa contra misiles balísticos de EE.UU. y la superioridad en armas convencionales de la que goza este país, en cuanto a los desafíos que plantean a la no proliferación y al desarme. Yo añadiría que estas mismas cuestiones se plantean en el sur de Asia. El programa de defensa contra misiles balísticos de la India y la creciente asimetría en la región en relación con la capacidad militar convencional son un mal presagio para el control de armas en la región.