07/10/2013 - 09:06

Una aldea autónoma no es romanticismo rural

Tri Mumpuni ha hecho un análisis sobre cómo la privatización en el sector energético indonesio ha aislado a la gente pobre, en especial a las mujeres, de los recursos locales. Kalpana Sharma ha hecho hincapié acertadamente en que los obstáculos de las mujeres pobres para obtener energía para la cocina deben ser superados para que haya igualdad de género en el mundo en vías de desarrollo. Todos los participantes en la Mesa Redonda están de acuerdo que las fuentes energéticas renovables centradas en la comunidad son un buen camino para mejorar las vidas de las mujeres pobres. Pero, ¿qué está evitando que las soluciones energéticas sean implementadas? Y, ¿cómo se puede responder a ello?

El problema es que la mentalidad burocrática y jerárquica, por lo general, es más fuerte que el igualitarismo comunitario respecto a la energía alternativa descentralizada. La mentalidad jerárquica deriva en sistemas energéticos centralizados que marginalizan y fragmentan a los clientes —en especial, a las mujeres que se encargan del hogar frente a todo tipo de adversidades— dejándolas, a la larga, con un sentido de fatalismo impotente. Pero la victoria de la jerarquía es pírrica. Dado que el público no está dispuesto a invertir en un esquema para la expansión de redes, ni mediante compras de bonos, ni mediante el aumento de tarifas, los servicios no responden a la creciente demanda energética. Abdican su responsabilidad hacia al público por medio de esquemas de privatización que sólo empeoran la situación de los pobres y desfavorecidos. Aún así las instalaciones se niegan a dar espacio a las fuentes energéticas alternativas.

Mientras tanto, las soluciones energéticas tales como aquellas propuestas en esta Mesa Redonda son ignoradas y percibidas como romanticismo rural, como ideas que no ameritan seria consideración en una época urbana moderna. Son ridiculizadas y consideradas, como mini proyectos piloto que no podrían responder a los problemas globales, como opciones caras que no podrían competir con los métodos centralizados en sus supuestas economías de escala. Pero no hay nada de romántico sobre las soluciones alternativas energéticas, ni de caro —si tan sólo los "expertos" de políticas internacionales energéticas pudieran deshacerse de sus prejuicios jerárquicos.

De hecho, los planes centralizados que los políticos, la oligarquía hidráulica y contratistas promueven a menudo son apoyados por muchos subsidios ocultos y no tan ocultos (sin mencionar que están plagados con muchas oportunidades de soborno) que no pueden proporcionar a las economías de escala lo que prometieron. En consecuencia, a menudo estas opciones son más caras que las alternativas, como fue el caso del notorio proyecto hidroeléctrico Arun 3 de Nepal. El Banco Mundial, entre otras agencias internacionales de apoyo, respaldó este esquema, junto con la compañía eléctrica de Nepal. Pero los activistas se opusieron a ello por costos excesivos, que hubieran sido injustos para Nepal y sus consumidores pobres. El Banco Mundial enfrentó fuerte crítica por el Arun 3 y suspendió el proyecto en 1995. Esto es sólo un ejemplo de los esquemas de monopolio de compañías que, económica y éticamente, son inferiores a las alternativas descentralizadas. 

Entre los problemas a los que el mundo debe atenerse se encuentran los que están vinculados al aumento de la urbanización. La vida rural es dura, y por esta razón la gente continúa emigrando a las ciudades. Las Naciones Unidas pronostican que un 64 % de las personas en "las regiones menos desarrolladas" del mundo vivirán en zonas urbanas para el 2050, en comparación con menos de la mitad de hoy en día. La urbanización a esta escala representa una potencial catástrofe de pobreza, delincuencia y pandemias. Si se quiere evitar dicho futuro, debe mejorar la vida en aldeas por cualquier método posible que sea prometedor, en especial aquellos métodos de energía alternativa analizados en esta Mesa Redonda. Esto no es romanticismo rural. Esto está alentando la autonomía de las aldeas y protegiendo a las personas del horror de los tugurios.

Una agenda energética para el futuro debería apoyar cualquier alternativa que muestre potencial para evitar que la gente pobre y rural emigre en masas a los tugurios urbanos. Estas políticas deberán utilizar el éxito de los sistemas alternativos energéticos basados en la comunidad. Las alternativas energéticas que buscan justicia e igualdad merecen la oportunidad de sentarse sobre la mesa donde se diseñan los sistemas energéticos para contrarrestar las visibles inclinaciones burocráticas de las compañías en busca de control y de las ganancias despiadadas del sector privado.