08/01/2013 - 07:28

Intereses creados, amenazas fantasmas

El ensayo de Evgeny Buzhinsky de la Tercera Ronda representa un modo de pensar que impide a las naciones contemplar seriamente formas de seguridad interestatal que no se apoyen firmemente en las armas nucleares.

Estableciendo condiciones estrictas para ulteriores reducciones del arsenal nuclear ruso, Buzhinsky escribe que Rusia debe primero "alcanzar a Estados Unidos en armas convencionales y de alta precisión". Por desgracia, esto sugiere que si los Estados Unidos amenazaran a Rusia con armas convencionales y de alta precisión, Moscú podría responder sensatamente con un ataque nuclear. Entretanto, Buzhinsky expresa su preocupación por las modernizaciones militares en las naciones a lo largo o próximas a la frontera de Rusia y escribe que "Moscú debe sentirse segura en relación con su integridad territorial" antes de poder reducir más su arsenal nuclear. Sin embargo, si Moscú alcanza a Washington en las armas convencionales y de alta precisión, otras naciones también querrán hacerlo. ¿Está entonces el mundo condenado a vivir en un estado de miedo que se autoperpetúa?

Quizás, más concretamente, ¿las percepciones de amenaza continúan siendo tan importantes en Rusia debido a que las amenazas exaltadas son en interés de una industria de la defensa influyente, aliada con un poderoso círculo político? Se podría hacer una pregunta similar respecto a Pakistán: ¿El ejército pakistaní sigue creyendo que la India representa una amenaza porque renunciar a esa creencia socavaría la importancia del ejército en la estructura de poder de Pakistán?

Si las naciones continúan siendo prisioneras de las percepciones de amenaza fomentadas por todos aquellos con incentivos para perpetuarlas, "las armas nucleares nos acompañarán durante un tiempo", como indica el título del tercer ensayo de Buzhinsky. Un largo tiempo. El riesgo de una guerra nuclear y de terrorismo nuclear también nos acompañará durante un largo tiempo.

Forzando los límites. En la Segunda Ronda, propuse una convención universal y jurídicamente vinculante, que prohíba el uso y la amenaza de uso de armas nucleares. En la Tercera Ronda, Buzhinsky expuso sus objeciones a dicha propuesta.

En primer lugar, "no entiende cuál es el sentido de tener armas nucleares si no se pueden usar". Sin embargo, esta es justamente la cuestión. Las naciones son reacias al desarme porque creen que las armas nucleares pueden usarse, tanto militar como políticamente. Ahora bien, si una convención universal prohibiera el uso o la amenaza de uso de armas nucleares, los arsenales nucleares se volverían inútiles. Con el tiempo, las naciones estarían dispuestas a desarmarse.

En segundo lugar, Buzhinsky se pregunta cómo el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) se relacionaría con la convención que propongo; se pregunta si la calidad de Estado parte en la convención permitiría a los no signatarios del TNP "ser reconocidos de repente como estados con armas nucleares". Lo que Buzhinsky ignora es que, si se reconociera a estos países como estados con armas nucleares, también renunciarían al derecho de utilizar sus armas nucleares. El estatus que la convención confiriera a los estados fuera del TNP no sería importante.

En tercer lugar, Buzhinsky objeta que la convención eliminaría el concepto de disuasión nuclear y, por lo tanto, obligaría a los países con armas nucleares a volver a formular sus doctrinas militares. ¿Entonces? ¿Los países no revisan ya sus doctrinas militares periódicamente para seguir el ritmo de las amenazas y tecnologías cambiantes?

Como sostiene Buzhinsky, mi propuesta puede "no ser adecuada para las condiciones actuales". Sin embargo, es una prerrogativa de los intelectuales o, mejor dicho, su deber, forzar los límites.

La verdadera amenaza. Mis colegas de esta Mesa Redonda consideran que el statu quo nuclear es peligroso, pero, lamentablemente, ninguno de los dos parece dispuesto a imaginar una arquitectura de seguridad internacional en la que las armas nucleares no sean una obsesión. Sadia Tasleem, dicho sea a su favor, identifica varias "creencias ampliamente generalizadas pero no comprobadas sobre la disuasión nuclear", como por ejemplo, que las armas nucleares emparejan los desequilibrios de poder y que la disuasión ha evitado las guerras entre rivales con armas nucleares. Aboga también para que estos puntos de vista se reconsideren de manera minuciosa. No obstante, podría contribuir más a la seguridad si pudiera convencer a sus compatriotas pakistaníes de que muchas ideas convencionales sobre la disuasión no se basan en hechos. Mientras tanto, Tasleem se lamenta de que "el control de armas y los regímenes de no proliferación enfrentan golpes fuertes", y teme que fracasen, pero sus fórmulas para solucionar el problema no son lo suficientemente amplias o convincentes. Los regímenes fracasarán más pronto que tarde si las armas nucleares continúan siendo una obsesión.

Casi siete décadas han pasado desde que los seres humanos desarrollaron armas nucleares. Estas armas han demostrado ser más un inconveniente que una ventaja para la seguridad de las naciones, incluso para las naciones con armas nucleares cuyas capacidades militares convencionales son relativamente débiles. Cuando los países tratan de compensar su inferioridad militar convencional con armas nucleares, por lo general solo contrarrestan amenazas fantasmas. Pero la verdadera amenaza, a la que nos enfrentamos todos y cada uno de nosotros, son las propias armas nucleares.