08/19/2013 - 10:24

Un punto de vista desde el Sudeste Asiático

La tecnología nuclear ha sido siempre un tema polémico. Los países que originalmente tomaron la iniciativa para desarrollar y adquirir tecnología nuclear, entendían muy claramente los riesgos que implicaba esa tecnología y con frecuencia han intentado evitar que se sigan difundiendo los conocimientos técnicos en materia nuclear. Otros países, conscientes de los beneficios que la tecnología nuclear les podría reportar, con frecuencia tienen interés en adquirir esos conocimientos.

Esta tensa situación muchas veces se complica aún más debido a percepciones equivocadas o desconfianza. Puede pensarse que los países que tienen tecnología nuclear quieren quedarse con esa tecnología para ellos, para poder disfrutar de ventajas injustas sobre los demás. En otro orden de cosas, pueden existir sospechas de que los países que intentan desarrollar tecnología nuclear albergan motivos que no son pacíficos.

El Tratado de No Proliferación Nuclear garantiza el derecho inherente de todos los estados al uso de la tecnología nuclear con fines pacíficos y, al mismo tiempo, obliga a impedir la proliferación de tecnología y materiales para la producción de armas y al desarme de las naciones que ya poseen armas nucleares. Estos son los tres pilares del tratado y juntos representan una única idea en torno a la que se ha estructurado el régimen de no proliferación. Sin embargo, algunos sostendrán que todo ha quedado solamente en una idea, y que ninguno de los tres pilares se ha transformado totalmente en realidad. El éxito incompleto del régimen explica la "proliferación" de los esfuerzos globales, multilaterales, regionales y subregionales para impedir la proliferación de armas, promover el uso pacífico de la tecnología nuclear y fomentar el desarme. Aunque para algunos observadores han sido muy limitados, no deben dejar de reconocerse los progresos alcanzados con el tratado. También debe reconocerse el valor de diversos esfuerzos multilaterales, regionales y subregionales.

A pesar de que aún no se han resuelto las cuestiones vinculadas a la adquisición estatal de tecnología nuclear, la amenaza que supone el acceso de actores no estatales a tecnología y materiales nucleares ha pasado cada vez más a un primer plano. Esto ha impulsado a la comunidad mundial, que ya venía prestando bastante atención a la seguridad y las salvaguardias nucleares, a concentrarse aún más en la seguridad nuclear. Este asunto se ve complicado por el riesgo de que los países faciliten a actores no estatales tecnología o materiales, ya sea directa o indirectamente, de forma deliberada o accidental. Ahora bien, los mecanismos internacionales para tratar la posibilidad de que actores no estatales obtengan acceso a tecnología o materiales nucleares todavía están en su fase inicial. A su vez, si los mecanismos que desde hace tiempo están en vigor para abordar la adquisición estatal ilícita de tecnología y materiales nucleares no han tenido éxito completamente, ¿por qué los mecanismos incipientes para hacer frente a actores no estatales pueden resultar más eficientes?

Oferta y demanda. En vista de lo señalado, si se espera que el Grupo de Suministradores Nucleares (GSN) formule un conjunto de políticas más eficaces para abordar la proliferación nuclear, deberá hacer frente a varios asuntos importantes. En primer lugar, no debe hacerse sentir a los estados que se embarcan en programas nucleares con objetivos legítimos que los programas, esfuerzos y políticas del GSN tienen como finalidad limitarlos o ponerles dificultades. Hay que admitir que no es una tarea fácil, pues los controles a las exportaciones son un ámbito en el que las diferencias de percepción pueden constituir escollos insalvables. Quienes proponen controles a las exportaciones, como Estados Unidos, con frecuencia hacen énfasis en que estos controles no tienen como finalidad restringir el comercio de productos de doble uso (a pesar de que el GSN exige que las instalaciones o actividades para las que se pretenden los productos de doble uso deben quedar bajo las salvaguardias aplicadas por el Organismo Internacional de Energía Atómica). No obstante, aun así existe una fuerte percepción entre los países clientes de que los controles a las exportaciones restringen el comercio de manera innecesaria. Esta percepción dificulta, sobre todo en países con parlamentos elegidos democráticamente, que se sancionen leyes sobre control de exportaciones para evitar el transbordo o una nueva exportación de los productos de doble uso.

Estos temas entran en juego en mi región, el Sudeste Asiático, sobre la que frecuentemente se dice que está pasando por un "renacimiento nuclear". Es decir, se espera que en los próximos años aumente el número de países que están explorando la energía nuclear como una fuente adicional de energía para sostener su desarrollo económico. Vietnam podrá comenzar a operar una central nuclear para el 2020, e Indonesia y Malasia están también considerando seriamente adoptar la energía nuclear. En medio de esta actividad, es importante que no se sienta que el GSN restringe indebidamente las ambiciones energéticas de los países del Sudeste Asiático.

Otra cuestión fundamental para el GSN es que debe idear mejores mecanismos para garantizar que la tecnología y los materiales que se facilitan a los estados con fines pacíficos legítimos no se desvíen a estados con ambiciones nucleares no totalmente pacíficas. (En Asia Oriental, se considera que Corea del Norte es un estado con ambiciones nucleares siniestras; ha participado en negocios ilícitos como comprador y quizás también como suministrador). Es posible que los gobiernos con los que el GSN lleva a cabo negociaciones no transfieran tecnología y materiales directamente a estados que persiguen finalidades menos benignas en relación con la energía nuclear. Sin embargo, todavía pueden ocurrir desviaciones.

En tercer lugar y en relación con lo anterior, el GSN debe tener en cuenta la posibilidad de que estados que se considera que están desarrollando capacidades nucleares legítimas puedan suministrar tecnología y materiales a actores no estatales. En el Sudeste Asiático esto representa un problema difícil. No se tiene conocimiento de ningún país asiático que tolere grupos terroristas que hayan intentado adquirir materiales nucleares, pero la permeabilidad de las fronteras en la región, así como mínimas capacidades de seguridad nuclear, hacen que sea difícil asegurar que no puedan ocurrir envíos o transbordos ilícitos de materiales nucleares.

Más o menos. Por consiguiente, el dilema al que se enfrenta el GSN es determinar si llevará a cabo negocios con un número creciente o decreciente de estados. Si trata con más estados, se aseguraría de que los rigurosos criterios sobre no proliferación del grupo se aplican en más lugares, pero también aumentarían las vías a través de las cuales los países proliferantes y los actores no estatales que persiguen fines maliciosos pueden acceder a la tecnología. Hacer negocios con menos estados disminuiría el número de puntos de acceso, pero también significaría que los criterios del GSN se aplican en menos países (en todo caso, los estados con los que el GSN elija no negociar siempre podrían convertirse en estados que procuren tecnología nuclear a través de medios ilícitos).

La difusión de la tecnología nuclear implica dinámicas complicadas y la interacción de fuerzas que compiten entre sí. No obstante, dado que la tecnología nuclear ya se ha desarrollado y no puede volverse atrás, la comunidad mundial, inclusive el Grupo de Suministradores Nucleares, deberá seguir empeñándose en determinar la mejor forma de controlar la difusión de la tecnología.