08/19/2013 - 11:00

La forma en que las dos partes ganan

Al aproximarnos a la conclusión de esta Mesa Redonda, sigo creyendo que el Grupo de Suministradores Nucleares (GSN) puede abordar mejor las necesidades de los países en desarrollo si se asegura de que el enfoque principal del grupo se centre en el comercio nuclear, y no en la no proliferación. Los países en desarrollo necesitan energía nuclear para su desarrollo económico; la necesitan para contribuir a limitar sus emisiones de gases de efecto invernadero en una época en que muchas personas en todo el mundo están muy preocupadas por el cambio climático. Por supuesto, la no proliferación es un tema importante que es necesario tener en cuenta al llevar a cabo el comercio nuclear. A su vez, las metas relacionadas con la no proliferación se pueden promover utilizando el comercio nuclear como un incentivo. Sin embargo, ni bien la no proliferación pasa a ser más importante que el comercio, las naciones en desarrollo encuentran que tienen muchas dificultades para establecer sectores de energía nuclear.

Desde hace años se culpa a los procedimientos burocráticos del GSN por la demora de los cronogramas de proyectos nucleares y por el aumento de sus costos, y esto ha dado lugar a demandas para que el grupo simplifique sus engorrosos procedimientos. Por fortuna, la simplificación beneficiaría los propósitos de los países desarrollados y en desarrollo (las empresas nucleares en países ricos han estado a la vanguardia en la demanda de simplificación por parte del GSN), suponiendo que los ideales del GSN no se vieran amenazados en el proceso.

No obstante, lamentablemente los regímenes multilaterales de control de las exportaciones, como el GSN, durante los últimos años han acumulado cada vez más normas, y esto perjudica la eficacia de estos mismos regímenes. El GSN haría bien en descartar las normas antiguas que se han vuelto redundantes o ya no cumplen sus propósitos establecidos, y en hacer cumplir solamente las restricciones que tengan beneficios tangibles para la no proliferación. Por ejemplo, en materia de transferencia de tecnología para el enriquecimiento, ¿es realmente necesario insistir tanto en que los suministradores deberían intentar excluir la posibilidad de un enriquecimiento superior al 20 por ciento de uranio 235? Es cierto que el uranio enriquecido al 20 por ciento técnicamente se considera uranio altamente enriquecido, pero está lejos de ser apto para la fabricación de armas. La racionalización de los procedimientos sería de enorme ayuda para los miembros del GSN; por ejemplo, para las autoridades que otorgan licencias y las encargadas de velar por el cumplimiento de la normativa en las naciones suministradoras.

Otra cuestión importante es que los miembros del GSN no deberían intentar modificar las condiciones de suministro, una vez que han llegado a acuerdos con las naciones clientes. Los acuerdos originales se deben respetar; las nuevas condiciones o modificaciones impuestas por las naciones suministradoras, cualesquiera que sean, se deben considerar infracciones que comportan sanciones. En el pasado las restricciones a posteriori, como las que establece la Ley de no proliferación nuclear de Estados Unidos, promulgada en 1978, han sido muy resistidas, tanto en países desarrollados como en desarrollo.

Quisiera concluir con la cuestión del aumento del número de miembros del GSN, el mismo tema al que dediqué gran parte de mi primer ensayo de esta Mesa Redonda. Mi colega Raymund Jose G. Quilop ha afirmado que se debería establecer un número de requisitos más claros para los nuevos miembros del GSN, pero que en cualquier caso este no debería ampliar el número de sus miembros en un futuro próximo. Comparto la inquietud de Quilop en relación a la posibilidad de que los nuevos miembros puedan emprender acciones que no estén conformes con los valores del grupo. De hecho, esta es la razón por la que en mi primer ensayo puse en duda la decisión de admitir a China en el GSN en 2004.

Aun así, debemos recordar que el GSN se estableció en gran medida para traer a una nación como Francia, que no era signataria del Tratado de No Proliferación Nuclear, al régimen de control de las exportaciones. En mi opinión Francia sigue afianzando el régimen. En la actualidad los nuevos miembros del GSN pueden hacer valiosas contribuciones, por ejemplo, promoviendo la energía nuclear en el mundo desarrollado en momentos en que el accidente ocurrido en la planta nuclear Fukushima Daiichi ha planteado graves problemas para la industria. Creo que si el mundo en desarrollo y el Grupo de Suministradores Nucleares logran mantener una cooperación más plena, ganarán las dos partes.