08/20/2013 - 09:30

¿La minimización a toda costa?

Hasta ahora en sus ensayos, mis colegas Pablo Cristini y Charles Piani han expresado puntos de vista diferentes sobre algunos aspectos de la minimización del uso de uranio altamente enriquecido (HEU). Cristini ha demostrado lo que llamaría una postura convencional sobre el tema, mientras que Piani ha expresado una opinión algo más controvertida. Creo que concuerdo más con la última.

Desde una perspectiva convencional, convertir los reactores de HEU a uranio poco enriquecido (LEU), en general, es una solución práctica. Esta creencia se basa, en mayor parte, en las conversiones exitosas de los reactores que fabrican radioisótopos médicos, tales como molibdeno 99. Efectivamente, en dichas conversiones, la producción de molibdeno 99 se ha mantenido y los reactores no han tenido problemas en el mercado comercial de radioisótopos. Se ha adquirido mucha experiencia para la conversión en este tipo de reactor; las técnicas relevantes de fabricación de combustible han sido perfeccionadas en los últimos años; y las conversiones se han vuelto mucho más rutinarias. El éxito de la conversión en tales proyectos en este momento es predecible y depende sólo del planeamiento correcto, la gestión apropiada y la financiación adecuada.

Pero los reactores que fabrican radioisótopos médicos por lo general son similares entre ellos, mientras que los reactores con diferentes usos a menudo gozan de diseños singulares, que son inextricables de las funciones de un reactor de combustible. Generalmente los pulsorreactores pertenecen a esta categoría, en la cual el uranio altamente enriquecido provoca una densidad de flujo alto de neutrones en el centro de un reactor relativamente pequeño y también permite que los reactores operen por mucho tiempo sin necesidad de cargar combustible. Diseñar combustible poco enriquecido y adecuado para tal instalación puede ser muy difícil.   Precisamente por estas razones  me inclino a simpatizar con la perspectiva controvertida de Piani sobre la conversión, la cual, en mi opinión, más que nada tiene que ver con una actitud equilibrada hacia la conversión.

Un monumento al logro. El reactor de investigación IGR de Kazajistán, donde desempeño un papel administrativo, es el pulsorreactor de mayor potencia en el mundo. Ciertos estudios preliminares han demostrado que la conversión a LEU teóricamente es posible, pero una serie de dificultades técnicas son persistentes, y además es imposible sostener pruebas para saber cómo funcionará a largo plazo si se realiza la conversión.

Tomando en cuenta circunstancias como éstas, ¿los reactores de investigación deberían cambiar a  LEU a toda costa? ¿Qué pasaría si la conversión es tan difícil que esencialmente sería el equivalente a la construcción de un nuevo reactor, lo que podría suceder bajo la propuesta de conversión del IGR? (No creo que el edificio donde está ubicado el IGR, sin mencionar los sistemas más complejos de los reactores, pudiera ser utilizado después de la conversión). ¿Para qué reemplazar la mayoría del combustible que se encuentra en el reactor que podría tener un rendimiento excelente por varios años más? Y si es claro, como en el caso del IGR, que un reactor convertido no funcionará al mismo nivel que un reactor existente, la pregunta es la siguiente: ¿cuántos esfuerzos y gastos deben realizarse para convertir a un reactor que sería inferior a la unidad que ya existe?

El IGR ha estado funcionando por más de 50 años, y durante este tiempo ha demostrado ser muy seguro. Está equipado con todos los instrumentos y procedimientos estándares que lo protegen en contra del acceso no autorizado -- y está ubicado en el sitio previo de ensayos nucleares Semipalatinsk, una zona sumamente segura. Además, hay una demanda alta del IGR, ya que es adecuado para estudiar el comportamiento de combustible de ensayo en condiciones que simulan un accidente grave en el núcleo de los reactores de energía nuclear.

Sería lamentable si el reactor IGR, dado a un esfuerzo bien intencionado de conversión, no pudiera mantener sus capacidades actuales, y si el conocimiento y la tecnología que han existido en el último lustro efectivamente se perdieran. Por lo tanto, planteo la siguiente pregunta, cuya respuesta concreta no tengo. ¿Sería adecuado preservar el reactor IGR como un monumento al logro humano, y como símbolo de una parte del legado cultural de la humanidad?

Finalmente, me gustaría añadir que aún si el IGR y todas las instalaciones de esa índole cambiaran a LEU, el uranio altamente enriquecido no desaparecería del mundo. Por ejemplo, no creo que los reactores navales de propulsión, que utilizan HEU, desaparezcan en un futuro cercano.