08/20/2013 - 09:33

Difícil pero vale la pena

En su segundo ensayo de la Mesa Redonda, Alexandr Vurim me caracterizó como alguien con una "perspectiva convencional" sobre la conversión de reactores de investigación de uranio poco enriquecido (LEU) en vez de uranio altamente enriquecido (HEU). Desde un punto de vista convencional, detalló que la conversión parece "factible universalmente". Luego argumentó que sería difícil, e incluso imposible, operar ciertos reactores de investigación si se llevara a cabo la conversión a uranio poco enriquecido con la misma eficacia previa a la conversión. Además, sugirió que tal vez la conversión no debería intentarse en dichos casos.

Sigo opinando que muchas de las actividades realizadas en los reactores de investigación, lo que incluirá entre otras cosas la producción de radioisótopos, pueden llevarse a cabo perfectamente bien después de la conversión a LEU. En efecto, estoy de acuerdo con Vurim en que es irracional frenar las aplicaciones nucleares útiles si, por razones técnicas, no pueden realizarse con la eficacia adecuada después de la conversión a LEU. En algunas instancias, la conversión a uranio poco enriquecido simplemente no es una medida razonable. En estos casos, no se debería de interferir en sus actividades nucleares.

Charles Piani, en su ensayo final, perspicaz y divertido, utilizó una metáfora extensa donde representaba la conversión de LEU como un elefante que sólo se puede comer bocado a bocado, aunque puede que algunas partes de esta bestia resulten incomibles. Esto se acerca a la verdad, pero yo añadiría que el animal que se va a comer no sólo es un elefante, sino uno grandísimo, y que ciertos cortes de la carne podrían causar indigestión aguda. Aún así, se está sirviendo esta comida y, por lo tanto, los comensales tienen que hacer lo posible para dejar limpio el plato. Por lo menos pueden esperar a que les sirvan un postre delicioso: la satisfacción de deshacerse, al mayor alcance posible, del HEU civil en este mundo.

El trabajo sigue en pie. Se ha enfatizado en esta Mesa Redonda que el lugar y la manera de la conversión a LEU pueden ser un proyecto difícil. Sin embargo, las dificultades se mitigan por medio de la cooperación internacional, ya sea en reuniones de expertos o vía programas de minimización como la Iniciativa para la Reducción de la Amenaza Global y el programa de Enriquecimiento Reducido para Reactores de Investigación y de Ensayos. Estos recursos poderosos han demostrado ser bastante adecuados para superar una serie de obstáculos técnicos y financieros de la conversión. Con el paso del tiempo, en mi opinión, las interacciones como éstas crearán un consenso sobre el tipo de instalaciones nucleares que se deberán convertir a uranio poco enriquecido y cuáles deberán seguir permitiendo el uso de HEU. Sin embargo, donde sea que continúe el uso de uranio altamente enriquecido, las medidas de seguridad para prevenir el robo o el desvío deben mantenerse en los niveles más altos posibles.

Mientras tanto, el debate sobre la conversión continúa. No van a poder encontrar un método perfecto para la conversión, si definimos la perfección como la eliminación completa de los riesgos de proliferación y la supresión de todos los obstáculos técnicos y financieros de la conversión. Pero la concientización sobre los beneficios de la conversión permanecerá como un proyecto importante, uno que debe proceder por vías de iniciativas y conferencias internacionales y, ya que estamos en ese tema, en foros como esta Mesa Redonda.

La conversión requerirá esfuerzos. Requerirá financiamiento y tiempo. Al final, algunas instalaciones que usan uranio altamente enriquecido probablemente seguirán necesitándolo.   Pero yo estoy convencido de que el esfuerzo internacional para la conversión a uranio poco enriquecido vale la pena.