08/23/2013 - 12:43

Hacia una corriente principal

Como señaló mi colega, Alexander Golts, la secrecía ha surgido como un tema principal en esta Mesa Redonda. Lo que me sorprende más sobre la secrecía en el ámbito nuclear -- aún más que la secrecía en sí, ya que los funcionarios preferirían mantener las estadísticas precoces en secreto si pudieran -- es la aceptación de la secrecía por parte del público. (Estoy hablando de la India, pero basándome en esta Mesa Redonda, parece que condiciones similares también aplican a otros Estados en desarrollo o no occidentales).

En el meollo de esta situación, por lo menos en la India, se encuentra la mística nuclear, la cual ya había señalado en mi primer ensayo; la mística, más que las disposiciones reglamentarias, permite que el programa nuclear de la India opere con muy poco escrutinio público. En una democracia, se supone que la movilización pública genera presión política, lo que conlleva a reformas legales o administrativas, las cuales consolidan la democracia. Pero si esta retroalimentación no se manifiesta, la probabilidad de que exista un debate abierto e intenso es muy escasa.

¿Por qué existe la mística? Presenté algunas de las razones en mi primer ensayo, pero también existen otros factores. Uno es el asombro que una tecnología de punta bien difundida puede suscitar en una nación en desarrollo, especialmente una tecnología con un poder destructor increíble. Otro factor es la exclusividad con la cual la tecnología nuclear se trataba y es tratada por las naciones nucleares originales, haciendo que esta tecnología parezca como la fruta más prohibida de todas. (Muchos indios creen de manera equivocada que poseer armas nucleares era uno de los criterios por los cuales fueron seleccionados los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU). Como resultado de todo esto, al orden establecido nuclear de la India lo ven como un sacerdocio -- al que no se le puede forzar a revelar su credo sagrado.

Esta mística imposibilita la normalización del debate nuclear. Pero si uno fuera a incorporar la narrativa atómica en la corriente principal, ¿cómo lo haría? El primer paso sería desmitificar la energía nuclear civil al empezar tratándola como un sector normal de la economía. (La aplicación militar vendría después). Este cambio en el contexto permitiría que la industria de energía nuclear responda a un público mayor, la forzaría a ser más transparente y la sujetaría a una disciplina de mercado y al escrutinio de contadores.

La India ha empezado a dar pasos en esta dirección, gracias en parte a tres acontecimientos: un acuerdo de cooperación nuclear con Estados Unidos; una decisión del Grupo de Suministradores Nucleares, después del cabildeo estadounidense agresivo, para exentar a la India del régimen que le negaba el acceso a la tecnología, el que le fue impuesto ya que nunca firmó el Tratado sobre no proliferación nuclear; y un acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica para someter al sector de energía nuclear civil de la India a las salvaguardas. Esta combinación de acuerdos resultó en la separación de los programas militares y civiles nucleares del país y abrió las puertas para que el sector de energía nuclear pueda internacionalizarse en términos de tecnología, operaciones e inversiones.

También lo que favorece la normalización de la energía nuclear es la dirección del gobierno que ve al sector de energía nuclear como parte de la cadena de abastecimiento global, en la cual la India corporativa sería un suministrador y cliente. Y las cuestiones de proliferación y seguridad alrededor de las plantas nucleares empiezan a percibirse como técnicas y administrativas y no como pretextos para más secrecía. Este patrón fue acelerado por el accidente en la Planta Nuclear Fukushima Daiichi y por la serie de manifestaciones anti nucleares en la India.

En resumidas cuentas, la India está al borde de un avance, en el cual la energía nuclear dejaría de ser un subconjunto del arsenal completo nuclear del país y en cambio sería un subconjunto de la industria eléctrica. Una señal de que el avance podría ser inminente: la cobertura de temas nucleares es cada vez más habitual para los reporteros de negocios que para los corresponsales de temas políticos o de seguridad.

El alza de los costos de responsabilidad o la baja en precios de combustibles fósiles podría destruir, en términos económicos simples, cualquier expansión vigorosa del programa nuclear de la India. Pero hacer del programa nuclear civil una corriente principal probablemente no podría revertirse. De todas formas, como se resalta en el ensayo de Golts sobre Rusia, las armas nucleares suelen producir un tipo diferente de narrativa oficial y no parece que las armas nucleares de la India vayan a ser parte de la corriente principal dentro de poco.