08/23/2013 - 12:46

Armamento nuclear, orgullo nacional

En esta Mesa Redonda ha sido muy evidente el problema que enfrentan muchos periodistas que cubren temas nucleares. Los periodistas que sólo quieren cumplir con su deber de informar al público, a menudo enfrentan una batalla con funcionarios que piensan que los objetivos nacionales importantes se pueden alcanzar al esconder o distorsionar la información. En estas situaciones, por lo general, no es difícil que prevalezca la opinión de los burócratas, en especial en las naciones en desarrollo, y aún más si el público se deja influir por la propaganda gubernamental.

En varios países, la tecnología nuclear es el símbolo de un logro nacional. En Rusia, esta actitud se ha vuelto un fetichismo. Los fanáticos de José Stalin (estas personas aún existen hoy en día) a menudo repiten una frase que le atribuyen a Winston Churchill: que Stalin heredó a Rusia con un arado de madera y la dejó con una bomba nuclear. A estos patriotas autoproclamados les gusta tratar el tema del armamento nuclear, pero no quieren reconocer la gran cantidad de ciudadanos soviéticos que fallecieron en el gulag, trabajando en fábricas de armamento o en minas de uranio. Todas estas muertes permitieron que los líderes comunistas del país pudieran adquirir armamento nuclear, lo que en cambio les garantizó la habilidad de conducir experimentos políticos dementes con su propia gente, y en un segmento grande de la humanidad en otros países.

Aún hoy en día, el armamento nuclear tiene funciones que van más allá de la disuasión militar.  También es una muestra del gran nivel de poder. Pero el armamento nuclear es lo único que Rusia puede reivindicar; la Unión Soviética no le dejó como legado algún otro poder máximo.  Los rusos no pueden enorgullecerse de un nivel alto de vida, ni de la distribución de riqueza, ni de los sistemas modernos médicos y educativos. Por lo tanto, las autoridades rusas quieren que el público se sienta orgulloso del poder nuclear del estado.

Y en algunos países, el armamento nuclear puede ser una herramienta que permite la supervivencia de una dictadura. En Corea del Norte, el armamento nuclear proporciona a la tiranía medieval la garantía de que no haya injerencia externa. Desde mi punto de vista, la invasión a Irak en el 2003 por los Estados Unidos dio un incentivo claro a todos los dictadores del planeta para adquirir armamento nuclear.

Donde yace la esperanza. Los líderes rusos creen que la meta principal de cualquier opositor potencial es negarle a Rusia su armamento nuclear. En el 2004, terroristas tomaron rehenes en una escuela en el pueblo de Beslan; este incidente culminó con la muerte de más de 300 personas, la mayoría niños. Después, Vladimir Putin tuvo que decir esto: "Rusia, una de las mayores potencias nucleares, aún representa una amenaza para alguien. Por lo tanto esta amenaza tiene que ser eliminada. Y el terrorismo, por supuesto, es la única manera de alcanzar estas metas." Este ambiente político, donde las amenazas a la seguridad como aquellas que suponen los grupos terroristas pueden ser percibidas como una amenaza a la existencia del arsenal nuclear de Rusia, facilita el que acusen a periodistas imparciales de actuar como agentes para Estados extranjeros, o como expliqué en mi primer ensayo, o de alta traición. Y en estas situaciones, el público por lo general apoya al gobierno antes que a los periodistas.

Todo esto cambiará sólo si la actitud de la nación hacia el armamento nuclear cambia.  Lamentablemente, es difícil creer que vaya haber este cambio pronto, aún si Rusia "cambia de régimen". Ningún alto funcionario del Estado ruso estará dispuesto a hacer a un lado un arma tan eficaz como el armamento nuclear para ejercer presión internacional. Por lo tanto, la gran esperanza para el cambio de la actitud en Rusia sobre armamento nuclear yace en el progreso en general del país. Es decir, si Rusia cambia para mejor, y surgen nuevos logros nacionales, fuentes de orgullo, el armamento nuclear ya no será un símbolo tan poderoso.

Claro, nada de esto sucederá de inmediato. Pero la prensa en si puede ayudar a acelerar el proceso. Los periodistas deben cumplir con su obligación de informar al público de eventos, al igual que educar a sus ciudadanos, para advertirles de los riesgos asociados a los programas nucleares. Esto requiere que los periodistas sigan ofreciendo análisis honestos y sin prejuicio de los temas que cubren. Sí, esto puede ser muy difícil, y a veces peligroso. Pero el periodismo no sirve de nada a menos que sea guiado por esta misión.