09/05/2013 - 09:49

Con garantías, pero sin sensación de seguridad

Los participantes de esta Mesa Redonda han identificado una serie de preocupaciones acerca de cómo funcionarán en la práctica los bancos de combustible de uranio poco enriquecido (LEU, por sus siglas en inglés). Entre los ensayos de mis colegas de la primera ronda, se destacó la creencia de que los países en desarrollo que dependan de los bancos de combustible para el suministro de emergencia de uranio enriquecido estarán obligados a renunciar a su derecho bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de establecer instalaciones autóctonas de enriquecimiento y reprocesamiento. En sus ensayos de la segunda ronda, mis colegas reconocieron que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ofrece garantías explícitas de que las iniciativas de bancos de combustible no reducirán los derechos de las naciones al ciclo de combustible nuclear.

También es importante destacar, en mi opinión, la garantía del organismo acerca del banco de LEU del OIEA -- la instalación multilateral de uranio poco enriquecido, que probablemente se situará en Kazajstán -- la cual afirma que la disponibilidad del combustible no será influida por la relación geopolítica entre los Estados clientes y el país donde se ubique el banco de combustible. "El país anfitrión," dice el organismo, "deberá otorgar al organismo el derecho de transportar LEU desde y hacia el banco de LEU del OIEA como lo determine la agencia". Esto deberá reducir las preocupaciones de que la tensiones políticas entre los Estados clientes y las otras partes pudiesen interferir con la capacidad del cliente de comprar uranio poco enriquecido.

Cabría esperar que garantías explícitas como éstas, aplacarían la mayoría de los temores de las naciones clientes potenciales. En efecto, recibiría con agrado sugerencias sobre qué más podría hacer el OIEA para fortalecer sus garantías. Sin embargo, es tal el recelo predominante entre los mundos desarrollado y en desarrollo que hasta documentos firmados y sellados no son considerados sacrosantos. Esto es, hasta cierto punto, entendible. Como lo señaló Ta Minh Tuan, el Grupo de Proveedores Nucleares recientemente repasó sus lineamientos sobre la tecnología relacionada al enriquecimiento y reprocesamiento. Y con espíritu similar, en 2002, Estados Unidos abandonó el Tratado de Misiles Antibalísticos.

A su vez, Khaled Toukan planteó una pregunta muy lógica que amerita una respuesta honesta: ¿por qué los Estados Unidos y otros países desarrollados han realizado esfuerzos y gastos para ayudar a establecer bancos de combustible si no es para detener la propagación de la tecnología de enriquecimiento y de reprocesamiento? La explicación caritativa -- que los bancos de combustible fueron establecidos para ayudar a las naciones a que desarrollen sus sectores de energía nuclear -- podría haber parecido válida en la época de "Átomos para la Paz". Pero en el mundo actual, no hay lugar para el altruismo nuclear. Tampoco un país como Estados Unidos tiene una fuerte motivación comercial para promover la energía nuclear como lo hacía cuando era el principal constructor de reactores en el mundo. Actualmente, Estados Unidos compite con varios otros países en la exportación de reactores.

Por lo tanto, parece correcto admitir que la no proliferación nuclear es la causa principal de la promoción de los bancos de combustible. Pero, ¿esto necesariamente hace que los planes de los bancos de combustible sean dudosos o ineficaces? Es cierto, la no proliferación se ha ganado mala fama en muchas naciones en desarrollo porque sienten que los Estados reconocidos con armamento nuclear se han esforzado más en prevenir que las naciones adquieran armamento que en cumplir con sus obligaciones de desarme bajo el TNP. Además, en una época conterrorismo nuclear potencial, ¿algun país favorece la proliferación (salvo quizá las que ya lleven a cabo su propia proliferación)?

El principio detrás de la no proliferación puede ser asimétrico e injusto, pero esta injusticia no debería usarse como una herramienta ideológica para la oposición completa a los bancos de combustible. Varias naciones en desarrollo se ven fuertemente necesitadas de energía; no tienen los recursos financieros o tecnológicos para construir toda la infraestructura para un ciclo de combustible; y tampoco tienen intenciones de desarrollar armamento nuclear. ¿Por qué no deberían beneficiarse estas naciones de los bancos de combustible? Mientras tanto, los países que tienen poca confianza en las garantías del OIEA podrán esperar para ver cómo se irán efectuando los planes de los bancos de combustible.