09/17/2013 - 13:41

Un fracaso monumental en un mundo interconectado

La posibilidad de una detonación nuclear en cualquier parte del mundo es espeluznante, pero, por varias razones, no es completamente impensable. La lógica de la sospecha de la disuasión entre adversarios nucleares podría desencadenarse dado un cambio en las circunstancias geopolíticas. Ciertos agentes no estatales insatisfechos podrían obtener la información necesaria y conseguir los materiales adecuados para construir un arma nuclear. O, un simple accidente podría resultar en una detonación. En cualquiera de estas situaciones, una sola detonación podría llevar a una espiral de represalias.

Antes de pasar al tema de los efectos humanitarios de una detonación nuclear, tal vez sea adecuado reconocer que una detonación no inspiraría necesariamente al mundo a retroceder hacia la historia nuclear; es decir, renunciar al átomo. Desde que el poder del átomo se descubrió por vez primera, los intentos para controlar esa energía han sido un tormento (véanse los programas de armamento que siguen estableciéndose y la importancia otorgada a la energía nuclear civil en muchos lugares). El renunciar al átomo después de una detonación dependería del tamaño de la detonación y de quién fuese el más afectado. Si una detonación sucediera en un enclave privilegiado en el Hemisferio Norte, la atención internacional recibida sería mucho mayor que si ésta ocurriera en un entorno más marginalizado en el Hemisferio Sur (aunque por lo general, la densidad de la población a menudo es mucho mayor en los países en vías de desarrollo y la pérdida de vidas probablemente también sería más alta). Lamentablemente, el valor agregado de la vida humana no siempre es consistente, y esto influye mayormente en lo que podríamos llamar la política de la aflicción.

Entretanto, la detonación podría ser un triste recordatorio de la desconfianza que aún existe entre los seres humanos,  de la miopía que caracteriza el punto de vista de las grandes y medianas potencias y de las "tecnologías del matar" exploradas recientemente por Robert Jay Lifton  en el Bulletin of the Atomic Scientists. Una detonación nuclear representaría un fracaso colosal de la política pública internacional y no sólo amenazaría a la ecoesfera que los seres humanos habitan, sino también a su humanidad misma.

Circunstancias graves. Bajo estas circunstancias, ¿cómo afectaría una detonación nuclear a las naciones de bajos y medianos ingresos y a sus metas de desarrollo? Para empezar, las naciones ubicadas bastante lejos del sitio de la explosión también resentirían los efectos. Hoy en día, el mundo está estrechamente interconectado y los sucesos ya no se confinan a las zonas donde ocurren. El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas subraya esta realidad en su Informe de Desarrollo Humano del 2013, el cual argumenta que "a medida que los retos globales de desarrollo se vuelvan más complejos y transfronterizos por naturaleza, es vital que se lleve a cabo una acción coordinada para los retos más urgentes de nuestra época, ya sea para la erradicación de la pobreza, el cambio climático o la paz y la seguridad". Y los esfuerzos para trabajar en las cuatro áreas de desarrollo, en las cuales se centra el informe —"robustecer la equidad, lo que incluye la dimensión de género; otorgarle más voz y participación a los ciudadanos, incluyendo a la juventud; confrontar las presiones medioambientales; y gestionar el cambio demográfico"— serían afectados negativamente en todos los casos por una detonación nuclear.

Efectivamente, como lo argumentó brevemente Ray Acheson, de la organización de desarme Reaching Critical Will, una detonación comprometería gravemente los esfuerzos para lograr todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Asimismo, socavaría las iniciativas de la disminución de pobreza, así como los esfuerzos cooperativos para fomentar el desarrollo; limitaría la productividad agrícola; minaría el bienestar de las mujeres y niños; dañaría la infraestructura nacional; y reduciría la biodiversidad del planeta. 

En mi opinión, el impacto de una detonación nuclear sobre las naciones de bajos y medios ingresos sería más desconcertante en cuanto a tres áreas específicas. Primero, la detonación probablemente empeoraría las condiciones nutricionales de algunos países en vías de desarrollo, que en algunos casos ya son pésimas. También perturbaría los patrones globales  de la disponibilidad y distribución alimenticia, generando así ansiedad económica patológica que, como sugiere Acheson, haría que la gente acaparara la comida. Igualmente, una detonación afectaría severamente a la calidad de la tierra, del agua y del aire y, por ende, dañaría la productividad agrícola. Estos daños inflarían los precios de los productos agrícolas y limitaría el acceso de la gente pobre a la comida, hasta en las naciones ubicadas lejos del lugar de la explosión.

Segundo, una detonación destruiría la subsistencia de mucha gente, debido a los efectos medioambientales. Muchas de las naciones pobres son principalmente agrarias y también se caracterizan por tener terrenos fragmentados y bajo rendimiento del cultivo. Las personas que dependen de la tierra para su sustento, en caso de una detonación, —que podría alterar el clima y crear una tipo de "invierno nuclear"— tendrían que enfrentarse a un mayor empobrecimiento y a una mayor división de derechos. Bajo tan graves circunstancias, hasta una ola de suicidios de agricultores no sería impensable. Por lo tanto, las fisuras económicas existentes en economías estructuralmente desaventajadas se podrían agrandar.

Tercero, la salud y el bienestar de las poblaciones del mundo en desarrollo se verían en grave peligro. No sólo aumentarían los precios de la comida, sino que los medicamentos básicos probablemente no tendrían suficiente abasto, —tanto en áreas directamente afectadas como en otras regiones, puesto que las provisiones se destinarían a las zonas afectadas. Particularmente, el bienestar de las mujeres y los niños podría verse gravemente amenazado —tal y como señaló Acheson, "las mujeres sufren de manera desproporcionada durante desastres y ... sus necesidades específicas por lo general son ignoradas durante las iniciativas de alivio y rehabilitación".  También señaló que "la violencia en contra de la mujer se dispara bajo el estrés en ambientes afectados por este tipo de desastres". El impacto negativo en la calidad de vida de la mujer probablemente afectaría directamente el bienestar de los niños: la capacidad de la mujer para cuidar a sus hijos disminuiría y los niños se verían afectados en varias áreas, desde la nutrición hasta el desarrollo cognitivo. 

Las naciones más pobres sufrirían gravemente en estas tres dimensiones, pero yo argumentaría que los países con medios ingresos no son harina de otro costal. La desigualdad visible a menudo caracteriza a las economías de estos países, y varios segmentos de la población ya se encuentran mal y sufren de pobreza deshumanizante. La capacidad de las naciones de ingresos medios para realizar inversiones básicas en el desarrollo humano se vería gravemente afectada después de una detonación. Resarcir la desigualdad de ingresos sería más difícil si la detonación hiciera que la economía global se contrajera. No obstante, los países con ingresos medios demuestran una mayor capacidad que los países más pobres y contarían con una posición ventajosa para poder amortiguar el shock de una detonación nuclear.