09/19/2013 - 06:20

El fin del desarrollo

África no está bien preparada para lidiar con catástrofes. Las catástrofes naturales tales como la sequía, las inundaciones y la desertificación han causado estragos por muchos años en el continente. Esto, aunado a la pobreza extrema, la mala gobernanza y las enfermedades infecciosas, explica por qué África, a pesar de que está dotada masivamente con recursos naturales y humanos, aún no ha podido explotar todas sus ventajas.

Para empeorar la situación, África ha sufrido mucho derramamiento de sangre en las últimas décadas —durante la Guerra Fría, durante las guerras de liberación política en el continente y en las guerras civiles más recientes. Y dado que los restos explosivos de la guerra aún existen, se siguen perdiendo vidas y mutilando extremidades aún mucho después del cesamiento de hostilidades. Las minas antipersonas, la munición en racimos y los artefactos explosivos sin detonar siguen siendo una horrible cicatriz sobre la faz del continente. Si alguien necesita pruebas para demostrar que los conflictos crean catástrofes humanitarias, África es el mejor ejemplo.

A pesar de que el armamento nuclear no existe en África en este momento —Sudáfrica realizó su desarme y el Tratado de Pelindaba, que establece una zona libre de armamento nuclear, ha sido ratificado, o al menos firmado, por casi todos los países africanos— continúa siendo el máximo armamento de destrucción masiva. África se vería alterada en un abrir y cerrar de ojos si se detonara un aparato nuclear, y el continente sufriría severamente si un arma nuclear se utilizase en cualquier parte del mundo. Por esta razón, las naciones africanas no sólo han establecido una zona libre de armamento nuclear, sino que también han apoyado enérgicamente el Tratado de No Proliferación Nuclear y las metas para el desarme nuclear.

Si África se levantase. En marzo de este año, el Ministerio noruego de Relaciones Exteriores fue anfitrión de la conferencia en Oslo para entender los efectos humanitarios de la detonación nuclear, y para ver si el mundo podría hacer frente de manera significativa a una detonación. La conferencia generó un gran ímpetu hacia la creación de un tratado que prohibiría el uso de armas nucleares y que ordenaría su eliminación. Este hecho ha provocado que muchas de las partes —las personas involucradas en la defensa, seguridad, diplomacia, derechos humanos, agricultura y el medioambiente— respondan al tema de las armas nucleares con un vigor renovado. Las naciones africanas están desempeñando un papel de liderazgo en este esfuerzo, y los representantes de varios estados africanos hablaron elocuentemente en la conferencia en Oslo.

África se vería gravemente afectada por una detonación nuclear aún si la explosión ocurriese lejos. Una detonación en cualquier parte del mundo probablemente haría retroceder el progreso reciente de desarrollo en el continente. Los esfuerzos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio serían esencialmente inútiles. Muchos de los recursos disponibles serían reorientados para mitigar una catástrofe nuclear y se haría a un lado el intento de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. 

Una detonación nuclear en cualquier parte del mundo tendría grandes repercusiones en el trabajo de las organizaciones que proporcionan ayuda por desastres, asistencia a refugiados y cuidado de salud, al igual que los que promueven derechos humanos, seguridad alimentaria, disminución de pobreza y sustentabilidad medioambiental. Estas organizaciones probablemente utilizarían sus recursos para la mitigación del desastre alrededor del mundo y, por consiguiente, los países africanos se verían privados de apoyo. 

Las grandes distancias y la infraestructura inadecuada de África, junto con las barreras que separan a las personas de manera cultural, lingüística y geográfica hacen que el continente tenga un ambiente difícil para poder estar preparado para un desastre. Si una detonación ocurriese en África, ninguna nación en el continente estaría preparada: ningún hospital podría curar las quemaduras por una detonación, los servicios de transfusión de sangre de por sí se encuentran al límite de sus capacidades en esta era de VIH/SIDA, y es difícil imaginar que funcionarían adecuadamente si un arma nuclear fuese detonada. Si una ciudad pasara por una detonación nuclear, los servicios municipales como los bomberos, aguas residuales y la vivienda, por nombrar algunos, fracasarían. El transporte, la educación y los sistemas de agua potable se verían afectados negativamente, tanto en las secuelas inmediatas de la detonación, como mucho tiempo después de ella. El producto interior bruto de las economías africanas ya está en un punto bajo en la mayoría de los casos y desviar los recursos económicos hacia la recuperación después de una detonación nuclear sólo agravaría la situación, generando más hambruna, peor salud y más inestabilidad política. 

Como África sufriría enormes efectos negativos por causa de una detonación, los países africanos deben seguir desempeñando un papel de liderazgo para el movimiento hacia la abolición de armas nucleares. Si África quiere evitar el aumento de la hambruna, la propagación de enfermedades nuevas y emergentes y la inestabilidad política —los cuales harían que el desarrollo fuera un espejismo— se debe evitar la posibilidad de una detonación nuclear.

A principios de 2014, México será el anfitrión del evento de seguimiento de la conferencia en Oslo. Ahí, los países africanos deberán hacer un balance y ser muy claros acerca de lo que perderían en términos de desarrollo si se utilizase un arma nuclear. Si alguna vez fue cierto que "más vale prevenir que lamentar", ahora es el momento de hacerlo.