09/19/2013 - 06:38

Cómo presentar el caso

En la primera ronda, mis colegas y yo analizamos varias maneras en las cuales una detonación nuclear significaría un desastre para la posibilidad de desarrollo de los países subdesarrollados. Dado que se llegó a un consenso sobre ese tema, tal vez sea el momento de evaluar cómo debemos organizar las reflexiones sobre el desarrollo para respaldar los argumentos en pro de la abolición de las armas nucleares. Mi ámbito, relaciones internacionales, nos proporciona un punto de partida para esta discusión.

En el análisis de las relaciones internacionales, un gran acervo de literatura examina temas tales como la disuasión, las motivaciones estatales para adquirir armas nucleares y las dinámicas de estrategia entre los países con armas nucleares. Sin embargo, casi no se presta atención a la renuncia del armamento nuclear –el desarme unilateral, como el que ocurrió en Sudáfrica después del apartheid, o  la creación de  zonas libres de armamento nuclear, como en África y América latina. ¿Por qué la renuncia al armamento nuclear padece de tan poca atención? En gran parte, es debido a la gran influencia de la que goza el realismo, una de las tres perspectivas más importantes en relaciones internacionales, dentro de este ámbito.

Los realistas clásicos se apegan a la perspectiva sombría sobre la naturaleza humana del filósofo Thomas Hobbes, y por consiguiente, dudan bastante de que las naciones puedan crear la confianza necesaria para eliminar las armas nucleares. Los realistas suelen pensar que las iniciativas de desarme son infructuosas en un mundo anárquico y lleno de incertidumbre. Efectivamente, el tardío realista estructural Kenneth Waltz argumentó que el armamento nuclear merecía crédito parcial por la estabilidad que caracteriza al mundo bipolar y porque "la propagación gradual del armamento nuclear es mejor que no tener ninguna propagación".

Es más, corriendo el riesgo de generalizar, señalaría que los realistas probablemente no serían una audiencia entusiasta del argumento que afirma que una detonación nuclear, en particular en un país desarrollado, representaría una interrupción inaceptable para el desarrollo de las naciones de bajos y medios ingresos. Desde el punto de vista de muchos realistas, la mayoría de las naciones en vías de desarrollo son piezas secundarias en el sistema internacional,  no influyen de manera significativa en los eventos globales y, por ende, no deben ser tomados en serio. Esto es una enorme argucia dada la interconexión contemporánea del mundo, pero de todas maneras existe esta actitud. 

El segundo punto importante de las relaciones internacionales es el institucionalismo liberal.  Los adeptos de este punto de vista probablemente rechazarían la idea waltziana de que la propagación de las armas nucleares podría ser algo bueno y, como el politólogo de Stanford, Scott Sagan, enfatizarían que los peligros del uso accidental o irracional de armas nucleares jamás podrían ser eliminados en su totalidad. Los institucionalistas liberales, en parte por su creencia de que los temas económicos pueden ser la base para la cooperación internacional, tal vez serían un público relativamente receptivo hacia los argumentos con base en el desarrollo a favor de la eliminación de lo nuclear.

La tercera agrupación importante en relaciones internacionales está comprendida por teóricos críticos –feministas, neo marxistas, teóricos poscoloniales y así en adelante. Los teóricos críticos probablemente conectarían el tema de armas nucleares a cuestiones de raza, género, estatus social y ciudadanía. Se inclinan hacia la perspectiva que apunta que las armas nucleares son la manifestación de las desigualdades profundas y putrefactas del sistema internacional. Como tal, es bastante probable que simpaticen con los argumentos de que, dado el peligro que representan las armas nucleares para el desarrollo, deban ser eliminadas.

Estas corrientes no son simples abstracciones; tienen resonancia en el mundo real. Las acciones de las superpotencias, por ejemplo, demuestran una gran cantidad de escepticismo realista. Los cinco países reconocidos bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) como países con armamento nuclear son obligados por el Artículo VI del TNP a reivindicar el desarme en general. Sin embargo, después de más de cuatro décadas desde que entró en vigor el tratado, los objetivos expresados en el Artículo VI aún parecen una quimera.

La corriente de los institucionalistas liberales encontraría apoyo en Europa, en especial en Berlín –Alemania tal vez sería receptiva a los argumentos de que el multilateralismo es una necesidad urgente en el caso de que se quisiera alcanzar el desarme global y si se quisiera evitar un desastre humanitario en el mundo en vías de desarrollo. Los argumentos de los teóricos críticos, entretanto, probablemente tendrían eco en algunas regiones del Hemisferio Sur, puesto que es ahí donde las desigualdades del sistema internacional son más visibles. En pocas palabras, los argumentos con base en el desarrollo para el desarme nuclear deben confeccionarse en función al público en particular. Pero persuadir a los Estados con armamento nuclear a que realicen el desarme parece una tarea difícil, sin importar qué tipo de  argumentos sean presentados.