09/22/2013 - 07:49

Se busca una caja de herramientas más grande para el OIEA

El objetivo básico del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) es relativamente claro: prevenir la propagación de armamento nuclear; dar garantías, por medio de salvaguardias internacionales, de que las actividades nucleares pacíficas no desemboquen en la producción de armamento nuclear; promover, en la mayor medida posible y de manera consistente con las disposiciones del tratado, el uso pacífico de la energía nuclear; y para avanzar hacia el desarme nuclear.

Pero la aplicación de las disposiciones del tratado ha sido un gran reto por mucho tiempo -- en parte porque el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que goza del poder de aplicar el Acuerdo de Salvaguardias establecido con cada país, no puede aplicar el tratado en su conjunto.  Es decir, la agencia no tiene fuerza ejecutiva.  En todo caso, su rol como promotor internacional de "Átomos para la Paz" es igual de importante que sus funciones de salvaguardias.

Las limitaciones de la autoridad del OIEA, en particular en el campo de seguridad nuclear,  representan una serie de graves deficiencias en el régimen de la no proliferación.  Por ejemplo, este organismo no  puede exigir a los Estados que establezcan sistemas para la seguridad nuclear.  No tiene la autoridad para verificar que la protección de los materiales nucleares dentro de los Estados esté acorde con las normas de protección física adecuada.  Incluso, esta agencia orienta sobre estas cuestiones solo a petición, y aunque el OIEA publica regularmente recomendaciones para estos temas, no es obligatorio atenerse a ellas.   Ningún mandato de seguridad nuclear requiere que los Estados protejan de manera adecuada sus materiales nucleares.

De hecho, la agencia no tiene la autoridad para tomar medidas o hasta para dar su opinión sobre las medidas adoptadas por los Estados en relación a la protección física de los materiales nucleares, a menos que los Estados pidan que la agencia lleve a cabo una misión específica para hacerlo.    Y aun si los inspectores de salvaguardias notasen carencias en la protección nuclear, no tendrían la autoridad legal para reportarlas.

Se podría asegurar su cumplimiento si la misión de esta agencia fuera redefinida, de modo que se ubicara al centro de los esfuerzos internacionales hacia la seguridad nuclear .  En ese caso, la agencia podría establecer estándares integrales de seguridad nuclear, llevar a cabo evaluaciones obligatorias de riesgo en los países signatarios y misiones de seguimiento que también serían imprescindibles.  Como parte de este procedimiento, se necesitaría tanto establecer un acuerdo internacional sobre los estándares de seguridad nuclear, como un acuerdo para crear medidas que garanticen su cumplimiento.

Entretanto, se ha alcanzado cierto progreso a través de una serie de conferencias “cumbre”.  En el año 2010, el Presidente Barack Obama reunió a 47 líderes mundiales en Washington en la primera Cumbre de Seguridad Nuclear, que resaltó la necesidad permanente de vigilancia entre gobiernos. Aun así, la naturaleza de una amenaza de proliferación he evolucionado drásticamente en años recientes.  La amenaza de que los agentes no estatales adquieran armamento nuclear se ha vuelto más urgente desde el 11 de septiembre de 2001, y las plantas de energía nuclear nuevas y existentes parecen ser más vulnerables que nunca.  Cada vez más, los países -- particularmente aquellos representados por el Movimiento de los Países no Alineados -- han reconocido sentir resentimiento por el acceso restringido a la tecnología nuclear establecido por el Grupo de Proveedores de Materiales Nucleares, que dictan las reglas del comercio nuclear internacional; al imponer más condiciones al comercio nuclear se suma la posibilidad de la proliferación del conocimiento sobre el armamento nuclear.

Por lo tanto, una segunda cumbre se llevó a cabo en marzo en Corea del Sur, donde participaron más de 50 líderes mundiales.  Esa cumbre, que se realizó después de las secuelas del accidente de la Planta Nuclear de Fukushima Daiichi, concluyó con un comunicado que abordaba el tema de protección de materiales radioactivos que se pueden adaptar a dispositivos de dispersión radiológica, así como también a la interfaz entre la seguridad y la protección nucleares.

El alto perfil de estas cumbres ha colocado al tema de seguridad nuclear, y por extensión al régimen del TNP, en un lugar destacado en la agenda mundial.  Quizá se pudieran llegar a promulgar las disposiciones necesarias para mejorar la aplicación del tratado, en especial considerando que la tercera cumbre está programada para el año 2014 en los Países Bajos. Un paso en el camino correcto sería la entrada en vigor de la Convención sobre la Protección Física de los Materiales Nucleares enmendada en el año 2005; esta enmienda fue redactada para criminalizar el robo y contrabando de materiales nucleares  y además incluye disposiciones importantes sobre el almacenamiento, transporte y la protección de materiales nucleares, como también la protección de las instalaciones nucleares.

Además, los esfuerzos especiales hacia la no proliferación deben apuntar hacia los países en desarrollo. Varios países en desarrollo, entre los que figuran países  africanos, han demostrado ser focos de reclutamiento de terroristas, y la incapacidad de los gobiernos africanos de  vigilar eficientemente  sus fronteras  hace surgir la preocupación sobre el tráfico ilícito de materiales nucleares. Para afrontar estos problemas, la comunidad internacional debe ayudar a los gobiernos africanos a implementar programas de desarrollo que puedan resolver el ciclo perpetuo de pobreza y desesperanza que caracteriza a la mayor parte del continente.  Al responder a estos retos endémicos con nuevos flujos de ayuda contra la proliferación, el mundo podría reducir los riesgos del tráfico de materiales nucleares -- mermando así la proliferación por medio del desarrollo.