09/22/2013 - 07:50

Las soluciones no deben causar nuevos problemas

Mis colegas en esta Mesa Redonda, Sunday Jonah y Adel M. Ali, han señalado debidamente una serie de flaquezas y anomalías en el régimen global de la no proliferación. Sin embargo, talvez no estén de acuerdo con ciertos aspectos de los diagnósticos y las soluciones.

Jonah ha planteado el tema de la seguridad nuclear al sugerir que la amenaza debido al terrorismo nuclear se ha fortalecido desde el 11 de septiembre de 2001. Las amenazas a las instalaciones nucleares siempre han existido, pero yo creo que desde el 11 de septiembre es la preocupación por la amenaza que ha aumentado -- y no la amenaza en sí. Al contrario, yo argumentaría que la seguridad en las instalaciones nucleares ha aumentado desde el año 2001, y muchos países han hecho esfuerzos importantes para mejorar su seguridad nuclear al adoptar el método que se inclina más hacia la defensa en las plantas nucleares.

El Consejo de Seguridad de la ONU también se ha movilizado, al aprobar la Resolución 1540 en el año 2004. Esta resolución obliga a los Estados miembros a que establezcan controles eficientes de exportaciones, control fronterizo y mecanismos legislativos y de aplicación con respecto a, no solo lo nuclear, pero también a las armas químicas y biológicas. Esta resolución pide específicamente el fortalecimiento de las medidas que niegan acceso a los agentes no estatales a materiales nucleares. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), entretanto, ha llevado a cabo estudios en países miembros e impartido talleres relacionados con la amenaza como base del diseño -- el cual la agencia define como "una descripción de los atributos y las características de un adversario potencial interno y/o externo quienes podrían intentar remover sin permiso materiales nucleares o un sabotaje contra lo cual se diseña y evalúa el sistema de protección física." Esta es una cuestión que nunca antes se había abordado a tan alto nivel , y las acciones del OIEA se traducirán, en los reactores nucleares futuros, en mejores capacidades para soportar ataques semejantes a aquellos del 9/11 -- ataques de un tipo que nunca se consideraron cuando se diseñaron y construyeron las cúpulas de los reactores en el pasado.

Jonah sugirió que la jurisdicción de la agencia sea expandida para llevar a cabo inspecciones que evalúen los acuerdos sobre la seguridad para los signatarios del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Tal expansión sería difícil concertar -- y también requeriría un aumento significativo del presupuesto de la agencia y del tamaño de la fuerza de trabajo técnico. La experiencia nos ha demostrado que nunca es fácil persuadir a los países a que hagan mayores contribuciones financieras a organizaciones internacionales.

En cualquier caso, el OIEA ya tiene dificultades para lidiar con las responsabilidades actuales para implementar salvaguardias, especialmente desde que se introdujo el Protocolo Adicional del Acuerdo de Salvaguardias del TNP. Por todo ello, se debe reconocer que un régimen de no proliferación no es la panacea para todos los problemas, y el papel de la agencia tampoco debe ser expandido a tal punto que no pueda cumplir con sus obligaciones (o, por el contrario, hasta que la agencia se convierta en un tipo de gobierno supranacional).

Ali, por su parte, argumenta que Israel debe unirse al TNP como un Estado sin armamento nuclear o que en el Medio Oriente se establezca una zona libre de armas nucleares. Aunque se entiende que a muchos en el mundo árabe les gustaría que Israel renunciara a su presunto arsenal nuclear, las propuestas para alcanzar esto, por lo general, abogan de manera problemática que India y Pakistán también se unan al TNP como Estados sin armamento nuclear. Dichas propuestas no toman en cuenta que mientras a Israel le ofrecerían algo a cambio por el desarme – el reconocimiento a su derecho a existir, garantías de seguridad -- no existe un quid pro quo cercano para lo que les preocupa a India y a Pakistán.

En efecto, el Presidente Barack Obama ha prometido facilitar la entrada de India a los regímenes globales para el control de exportaciones -- especialmente al Grupo de Proveedores Nucleares, quien en el año 2008 le permitió a India participar en el comercio nuclear a pesar de su estatus como Estado con armamento nuclear fuera del régimen del TNP. Ahora, una serie de países, siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, se han apresurado a vender materiales y equipos nucleares a la India, incluso a costa de incumplir las obligaciones de las que son signatarios con respecto a la zona libre de armas nucleares. Un ejemplo es Australia; muchos argumentan que su decisión de vender uranio a India vulnera las obligaciones bajo el Tratado de Raratonga. Este ambiente de excepcionalismo, donde los intereses comerciales invalidan los ideales de la no proliferación, no alienta a los países no adherentes del tratado a que se unan, ni tampoco fomenta la ejecución justa del régimen.