09/26/2013 - 07:04

Acciones, no palabras

En la primera ronda, mis colegas y yo concordamos ampliamente en que la detonación nuclear, ya sea deliberada o accidental, afectaría a Estados e individuos de manera muy seria, y este daño no se detendría en las fronteras. La historia lo corrobora: las detonaciones en el pasado han traído consecuencias desastrosas, tanto de manera inmediata, como a largo plazo, y esto ha sido demostrado (aunque de diferentes maneras) tanto en los ensayos nucleares, como en las detonaciones durante tiempos de guerra. Y aun así, a pesar de que la coyuntura política ha cambiado drásticamente desde que se establecieron las reservas masivas de armas nucleares durante la Guerra Fría, el mundo sigue siendo amenazado por el potencial destructivo del armamento nuclear. 

En el segundo ensayo de la Mesa Redonda, Siddharth Mallavarapu centró la conversación sobre las maneras en que los temas humanitarios podrían ser incorporados a los argumentos que afirman que las armas nucleares deben ser abolidas. En mi opinión, este tipo de argumentos no son lo necesario para conseguir la abolición. Al contrario, los Estados sin armamento nuclear deben ejercer presión efectiva sobre los estados con armamento nuclear hasta que se llegue a un total consenso de que la posesión y el uso de armas nucleares deben ser prohibidos.

En marzo de 2013, una conferencia en Oslo sobre el impacto humanitario del armamento nuclear constituyó un gran paso hacia adelante para que las detonaciones nucleares fueran cosas del pasado. Esta reunión de dos días atrajo a representantes de más de 125 países, una serie de organizaciones de la ONU y no gubernamentales y muchas de las organizaciones mediáticas. Lamentablemente, ninguno de los países reconocidos como los estados dotados de armamento nuclear bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear participaron (aunque, entre los países con armas nucleares fuera del tratado, India y Pakistán sí estuvieron representados).

México emergió como anfitrión de la conferencia  de seguimiento programada para principios de 2014. Y México es una elección adecuada. Se ha opuesto a las armas nucleares desde 1967 de manera oficial, cuando se firmó y ratificó el Tratado de Tlatelolco, que establece que América Latina y el Caribe son zonas libres de armamento nuclear. La importancia de la conferencia de seguimiento yace en parte en el hecho de que la continuidad es vital para las iniciativas de desarme. Los estados sin armamento nuclear deben ejercer gran presión si quieren que se prohíban las detonaciones nucleares –pero la presión debe ser de manera prolongada.

Los argumentos a favor del desarme nuclear son extremadamente sólidos y ampliamente conocidos. Por lo tanto, ahora es el momento para presentar nuevos argumentos. Ahora es el momento para realizar un trabajo sostenido y enérgico que resulte en un tratado que prohíba las detonaciones nucleares.

El conocimiento acumulado. Me gustaría señalar un punto adicional: a pesar de que el armamento nuclear debe ser abolido, esto no quiere decir, desde mi punto de vista, que deba suceder lo mismo con la energía nuclear. Los orígenes de la energía atómica, tan vinculados al desarrollo y al uso del armamento nuclear durante la Segunda Guerra Mundial, son lamentables. Pero en los últimos 70 años, los seres humanos han acumulado un enorme conocimiento sobre "los átomos para la paz". Este conocimiento, cuyas aplicaciones varían de la energía, a la industria, hasta la medicina, ha generado una mayor calidad y esperanza de vida.

En concreto, las personas han aprendido lecciones valiosas de accidentes tales como los que sucedieron en Chernobil y en la Central Nuclear Fukushima Daiichi. Las personas pueden debatir arduamente sobre la energía nuclear, pero las prácticas en campos tales como la seguridad radiológica y de transporte van mejorando ininterrumpidamente. La preparación para emergencias, la gestión de deshechos y la protección en contra de actos terroristas también van progresando. Yo argumentaría que los accidentes no son el peligro más acuciante asociado a la energía nuclear; más bien, las personas dentro del sistema que son corruptas o maliciosas son mucho más inquietantes. Pero el máximo peligro son las armas nucleares mismas.