10/08/2013 - 06:42

El problema está en los detalles

La bioenergía, dado su potencial para mitigar el cambio climático y su contribución a la seguridad energética y el desarrollo rural, ha atraído bastante atención en los últimos años. Es un recurso energético sumamente versátil cuyas aplicaciones más comunes son la energía térmica para cocinar y los biocombustibles para el transporte, pero también abarca la electricidad. Los biocombustibles tales como etanol y biodiesel se producen de cultivos como la caña de azúcar o el maíz; la energía de biomasa proviene de materia prima (de madera, por lo general) mediante procesos que abarcan una gama de ámbitos, desde la simple combustión en una estufa de cocina hasta la conversión bioquímica. 

Otra ventaja de la bioenergía es que, comparada con los combustibles fósiles, se distribuye de manera equitativa alrededor del mundo y es accesible en todas las comunidades, —incluso para las personas de bajos recursos en áreas rurales, quienes suelen depender demasiado de la energía tradicional con base en la biomasa para cocinar, para la calefacción y hasta para las aplicaciones mecánicas tales como el riego por elevación. La biomasa tradicional a menudo es ineficiente, nociva para el medio ambiente y está vinculada con una baja calidad de vida. Sin embargo, han surgido varias tecnologías modernas de bioenergía que satisfacen de una manera sostenible para el medio ambiente las necesidades energéticas de las personas que viven en zonas rurales. Estas tecnologías incluyen estufas de cocina de biomasa eficientes, sistemas de biogas para cocinar y para la generación descentralizada de energía, gasificación de biomasa de madera y biocombustibles para el transporte.

Entretanto, las tecnologías de bioenergía siguen recibiendo un alto reconocimiento por su potencial para mitigar el cambio climático. Según la Evaluación de Energía Global, la bioenergía es vital si se quiere limitar el aumento de la temperatura global a entre 1.5 y 2 grados centígrados. En varias aplicaciones, la bioenergía podría reemplazar los combustibles fósiles, tales como los biocombustibles para el transporte. Pero otro acercamiento importante sería combinar la energía de biomasa con la captura y absorción de carbono. Esta tecnología involucra el cultivo que absorbe el dióxido de carbono, su quema para producir energía y la captura y almacenamiento del carbono que resulta de la combustión. La captura y almacenamiento de las emisiones del dióxido de carbono de la conversión de bioenergía tiene el potencial de generación de emisiones negativas; es decir, de retirar el carbono de la atmosfera.

Sin embargo, el potencial de la tecnología como una opción de mitigación aún es incierto debido a las limitaciones de la captura y almacenamiento del carbono y a la dificultad asociada con la producción de provisiones de biomasa. La energía de biomasa combinada con la captura y la absorción de carbono debe ser desplegada a gran escala si ha de tener un impacto significativo en las emisiones globales de gases de efecto invernadero; esto también es cierto en el caso de los biocombustibles. El despliegue a gran escala de estas dos tecnologías implica una producción sostenida y a gran escala de la materia prima bioenergética, y esto conlleva implicaciones potenciales para la seguridad alimentaria. 

Potencial y contención. Las implicaciones de seguridad alimentaria son diferentes para cada una de las tecnologías, y en especial en términos de su materia prima. Para la energía de biomasa combinada con la captura y absorción, se requiere por lo general de materia a base de madera (o leñosa). Esto se puede obtener de las plantaciones de árboles, pero si se utilizaran tierras de cultivo o bosques en una escala comercial para la producción de biomasa de madera, la seguridad alimentaria y la biodiversidad se verían afectadas de manera adversa.  Sin embargo, si las plantaciones sostenibles de árboles se establecieran en tierras degradadas o en tierras de barbecho para el cultivo, las implicaciones para la seguridad alimentaria serían nimias. Además, utilizar los residuos de bosques y tierras de cultivo no implicaría consecuencias para la seguridad alimentaria.

La materia prima para los biocombustibles, mientras tanto, se considera que pertenece a dos generaciones: el cultivo de primera generación, como el aceite de palma (que se puede utilizar para producir biodiesel) y la caña de azúcar (que se puede utilizar para producir etanol); y las fuentes de  generación del futuro, tales como la microalga (que se utiliza para producir biodiesel) y la biomasa de madera, pastos altos y residuos agrícolas (utilizados para el etanol).  Los biocombustibles de primera generación suponen un mayor riesgo para la seguridad alimentaria e implican efectos negativos para el medio ambiente, como por ejemplo, la reducción de la biodiversidad y el aumento del uso de agua. Es probable que estos efectos negativos sean particularmente graves en el mundo en desarrollo, donde dado el bajo costo de producción, probablemente ocurriría la mayor parte de la producción futura de biocombustible. Por lo tanto, aunque los biocombustibles pueden promover el desarrollo rural, general empleos rurales y recuperar tierras degradadas, se han vuelto sumamente controvertidos.

No obstante, la tecnología para convertir la materia prima de segunda generación a biocombustibles anuncia promesas significativas para evitar muchos de los retos asociados a la materia prima de primera generación. Los residuos agrícolas o de bosques y los cultivos leñosos de corta duración podrían ser recuperados de tierras poco rentables y degradadas.  Esto probablemente no tendría implicaciones serias para la seguridad alimentaria, los alimentos para ganado y la producción de fibra. Además, se espera que las nuevas tecnologías de biocombustible proporcionen beneficios netos en emisiones de gases de efecto invernadero. 

Considerando todo lo anterior, es difícil generalizar sobre la capacidad de la bioenergía para satisfacer las necesidades energéticas y la mitigación de cambio climático mientras evita los efectos adversos para la producción alimentaria, la biodiversidad, etcétera. Los impactos del uso de la bioenergía dependen de la tecnología utilizada (la producción de biocombustible y otras formas de energía de biomasa), la materia prima utilizada (residuos de bosque o de cultivos en vez de granos de alimentos, por ejemplo) y la escala de producción.