10/09/2013 - 07:22

Reducir las emisiones, omitir la compensación falsa

En mayo de este año, la estación de medición en la cima del volcán Mauna Loa en Hawái detectó en la atmósfera, en el transcurso de 24 horas, una concentración promedio de dióxido de carbono de 400 partes por millón. Es probable que los niveles de carbono no hayan sido así de altos en los últimos 3 millones de años: desde antes de que los humanos existiesen.

La actividad humana es responsable de los altos niveles de dióxido de carbono, pero la mayoría de los humanos queman relativamente poco carbono. De acuerdo al Programa de Desarrollo de la ONU, mil millones de las personas más pobres tan sólo son responsables de un 3 % de las emisiones de carbono. (Muchas de ellas, sin embargo, viven en zonas rurales y en tugurios que son altamente vulnerables a las amenazas asociadas al cambio climático). Mientras tanto, los 1260 millones de personas que viven en las naciones que pertenecen a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico son responsables del 42 % de carbono que se acumula en la atmósfera cada año, y estas naciones son abrumadoramente responsables del carbono arrojado en el pasado.

Los valores básicos como la justicia y el respeto a la dignidad humana hacen evidente que las personas más culpables por el carbono en la atmósfera —la séptima parte de los más ricos— deberían quemar menos carbono y contribuir más para responder a los problemas generados por el uso de combustibles fósiles. Pero la quema de combustibles fósiles es altamente adictiva. Las personas adictas a ella se valdrán de todos los trucos posibles para evitar los síntomas de abstinencia.

Uno de estos trucos es quemar el carbono derivado de la superficie de la Tierra (la biomasa) en vez de los depósitos de carbono extraídos del subsuelo (combustibles fósiles). Al principio esto parece tener sentido, ya que cuando se quema la biomasa, esta emite la misma cantidad de carbono que la que se almacenó durante la etapa de crecimiento de la biomasa; esto no debería resultar en un aumento neto de carbono atmosférico. Sin embargo, la cuestión no es tan simple cuando la idea se aplica a una escala industrial y se toman en cuenta todos los insumos y los efectos directos.

El Comité Científico de la Agencia Europea del Medio Ambiente argumenta que la bioenergía "tiene como propósito reducir [las emisiones de efecto invernadero] pero ... aumenta la cantidad de carbono en el aire ... si al cultivar la biomasa se reduce la cantidad de carbono almacenado en las plantas y en la tierra o se reduce la absorción continua de carbono". Además, muchos han señalado que los biocombustibles en sí, en realidad, utilizan más energía que la que producen. Además, reemplazar los combustibles fósiles con bioenergía implica que una enorme cantidad de terrenos agrícolas y de bosques se utilicen para otros propósitos. La deforestación y roturación masivas —que eliminan los sumideros de carbono y contribuyen a la concentración total de carbono— ya están ocurriendo en Indonesia y otros países dado el aumento de cultivo de materias primas como el aceite de palma.

Existen varios métodos prudentes para la mitigación del cambio climático. Las prácticas agrícolas modernas, que son responsables del 14 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, podrían ser suplantadas por la agricultura orgánica, que podría ser llevada a cabo sin emisiones de carbono y podría incluso contener grandes cantidades del mismo en la tierra. Pero esto requeriría que los acaudalados del mundo cambien sus hábitos de consumo, por ejemplo, comiendo menos carne. Los bosques podrían ser plantados de nuevo para que funcionen como sumideros de carbono, —aunque esto tendría un efecto neto sólo mientras se expanden los bosques. Los bosques de Europa, que han ido recuperándose desde los años 50, después de siglos de deforestación, han actuado como sumideros de carbono en las últimas décadas pero ya van demostrado las primeras señas de saturación.

Lo que es menester, sin embargo, es que los ciudadanos —en especial, los que habitan el mundo desarrollado— reduzcan sus emisiones de carbono. Para conseguir esto, probablemente sea necesario introducir impuestos sobre el carbono en los países pudientes. Sin embargo, los principales emisores entre los países desarrollados siguen buscando otras soluciones. Es como si un fumador, en vez de dejar el tabaco, decidiera mudarse a los suburbios para respirar aire más limpio. Es una manera falsa de compensación y la bioenergía es un ejemplo de ello. Crea la ilusión de que la economía es más verde. Permite que las personas posterguen decisiones importantes. No obstante, mientras los fumadores que no dejan el cigarrillo se hacen daño principalmente a sí mismos, los países desarrollados que consumen cantidades masivas de combustibles fósiles perjudican a personas inocentes.

Si nada cambia, sería como si se abandonara cualquier pretexto para el respeto de valores como la justicia y la dignidad humana. Estos valores han sufrido por mucho tiempo, ya que las naciones no han cumplido con "las responsabilidades comunes pero diferenciadas" que se analizan en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.