10/15/2013 - 07:16

Un patrimonio global, un problema perverso

El cambio climático –dado su potencial para impactar sobre las naciones, los individuos y  los ecosistemas, y dados los retos a los que enfrentan los seres humanos para responder al amplio problema de nuestro patrimonio global– tal vez sea el tema definitivo del siglo XXI.

Pero la responsabilidad de la acumulación de gases de efecto invernadero está distribuida de manera desigual. Muchas naciones son emisoras de gases de efecto invernadero –pero algunas emiten más que otras. Todas las naciones sufrirán las consecuencias del cambio climático– pero algunas sufrirán más que otras. Y muchos de los países afectados de manera más adversa no se harán responsables por haber creado el problema.

Al mismo tiempo, cada nación tiene diferentes capacidades –humanas, financieras, técnicas e institucionales— para reducir las emisiones y aminorar los impactos del cambio climático. Y la magnitud del problema del cambio climático se traduce en la necesidad de enormes recursos para evitar "la interferencia peligrosa antropogénica en el sistema climático", que es el objetivo más importante para la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, por sus siglas en inglés).

Esta combinación de factores hace que el cambio climático sea "un problema perverso" — es decir, un problema complejo que no es susceptible a una solución fácil. Y cuanto más se demore la actuación, el poder alcanzar las metas climáticas será más caro.

¿Cómo deberían contribuir los países en diferentes etapas de desarrollo para responder al cambio climático? En cierta forma, la respuesta es bastante clara. La Convención Marco, un tratado donde 195 estados son parte, requiere que las naciones protejan el sistema climático "basándose en la equidad y conforme a...responsabilidades comunes, pero diferenciadas y a sus capacidades respectivas". La convención especifica que "las partes de los países desarrollados deben de liderar la batalla en contra del cambio climático y los efectos adversos del mismo".

El acercamiento al cambio climático expresado en la convención comprende tanto una base ética como práctica. Desde el punto de vista ético, es justo que las personas que han sido más responsables del problema y que poseen más recursos, se hagan cargo primordialmente de éste. Desde un punto de vista práctico, los países desarrollados se encuentran en el mejor posicionamiento para organizarse con sus capacidades importantes y sofisticadas que se requieren para mitigar el cambio climático. Después de todo, de acuerdo a cifras del Banco Mundial de 2012, el producto interno bruto (PIB) per cápita en la India fue de $1.489 y en China fue de $6.091; en Japón fue de $46.720 y en Estados Unidos se calculó en $49.965. Además, los países desarrollados por lo general pueden invertir una mayor parte de su PIB en investigación y desarrollo.

Pero los países desarrollados no están "tomando la iniciativa". La mayoría de los países desarrollados no han podido reducir las emisiones a un nivel adecuado (incluso en muchos casos, las emisiones han aumentado), tanto así que el apetito de las naciones desarrolladas para alcanzar la reducción parece ser bastante limitado. En efecto, conforme al informe de 2011 por el Instituto Medioambiental de Estocolmo donde se analizaron estudios del Acuerdo de Copenhague de 2009 y el Acuerdo de Cancún en 2010, el compromiso de los países en vías de desarrollo para la mitigación climática (de manera absoluta) sobrepasa el de los países desarrollados.

Las políticas de mitigación duras en los países desarrollados son importantes por dos razones. Primero, se deben reducir las emisiones en estos países, si vamos a evitar los peligros del cambio climático. Segundo, las políticas de mitigación en el mundo desarrollado pueden crear mercados para la tecnología de emisiones bajas de carbono, reducir los costos y proporcionar incentivos para más innovación.

Pero dada la escala y la urgencia del reto climático, las naciones en otras etapas de desarrollo también deben desempeñar un papel para responder al problema –aunque muchos de estos países se enfrentan a mayores retos de desarrollo que requieren su atención y sus recursos. Los países de rápido desarrollo deben, de manera urgente, explorar las formas para alterar la trayectoria de emisiones de sus economías, mientras son conscientes del reto de desarrollo; algunas de estas naciones podrían requerir apoyo financiero y técnico para alterar su trayectoria de emisiones. Mientras tanto, algunos países ya han empezado a sentir los efectos del cambio climático, y deben empezar a desarrollar e implementar planes de adaptación climática. Esto también va a requerir apoyo financiero y técnico.

Los problemas del patrimonio global requieren la cooperación global. Pero las negociaciones climáticas no han tenido mucho éxito fomentando la cooperación o desarrollando métodos justos y sistemáticos para el manejo de la responsabilidad. Por el contrario, el mundo ha visto un desfile de compromisos voluntarios de naciones individuales. Esto, como una forma de cooperación, es débil e ineficaz –tanto que, como se detalló en el informe del Instituto del Medioambiente en Estocolmo, los compromisos combinados de mitigación del mundo desarrollado y subdesarrollado no constituyen un plan de acción a una escala necesaria para evitar un cambio climático peligroso.

¿Las partes de la Convención Marco seguirán siendo fieles a sus objetivos y principios, o abandonarán estos últimos en aras de la conveniencia política? Espero que opten por la primera opción. ¿Podrá la comunidad de naciones llegar a desarrollar el paradigma de la cooperación que dé lugar a una solución justa y eficaz para el cambio climático? Ciertamente espero que sí. Pero sólo el tiempo lo dirá.