10/16/2013 - 13:57

Mucho más que palabrerías

El vínculo entre el desarrollo y el cambio climático no es un tema nuevo. Muchos creen, por ejemplo, que el cambio climático contribuyó al colapso de la civilización maya. Pero el problema climático al que el mundo se está enfrentando a gran escala es enorme. En marzo de este año, por vez primera, la concentración de carbono en la atmósfera superó 400 partes por millón en un plazo de 24 horas. En los 800.000 de años antes de que empezara la Revolución Industrial, las concentraciones de carbono nunca habían llegado a niveles más altos de 280 partes por millón. De los 7,2 mil millones de personas en el mundo, un 44 % vive en regiones litorales, donde se arriesgan al aumento de los niveles del mar y tormentas fuertes. Las personas en otras partes del mundo podrían tener problemas en el futuro a causa de las sequías severas y otras interrupciones climáticas. En resumidas cuentas, mil millones de personas podrían resentirse de los efectos directos del cambio climático.

Una razón por la cual se ha evadido una posible solución multilateral para el calentamiento global es que las emisiones de dióxido de carbono están estrechamente vinculadas al crecimiento económico y las etapas de desarrollo de las naciones; los países en diferentes etapas de desarrollo ven el tema de la reducción de emisiones de manera distinta. Algunos en el mundo desarrollado argumentan que las naciones, sin importar su estatus de desarrollo, deben ser más agresivas en cuanto a la reducción de emisiones de carbono. Pero los países en vías de desarrollo suelen argumentar que las naciones desarrolladas, que son responsables de la mayor parte del carbono arrojado en la atmósfera desde el principio de la Revolución Industrial, son los que tienen la mayor responsabilidad para reducir las emisiones. Los países en vías de desarrollo, dicen, no deberían ser forzados a reducir las emisiones de manera que su propio desarrollo sea limitado. Las dos perspectivas son entendibles, pero simpatizo más con el punto de vista de que los mecanismos climáticos deben considerar la etapa de desarrollo donde se encuentran las naciones. La misma solución no es buena para todos.

¿Es viable crear una economía global con bajas emisiones de carbono? Sí y las naciones que generan las dos terceras partes de las emisiones globales deben empezar a esforzarse: China, Estados Unidos, los países de la Unión Europea, Brasil, Indonesia, Rusia, la India y Japón. Pero adicionalmente, se deben plantear metas con plazos específicos para emisiones globales, y, dentro de este marco, los países individuales deben adoptar las estrategias y tecnologías adecuadas de mitigación para adaptarlas a sus propias circunstancias.

El Acuerdo de Copenhague de 2009 tenía como propósito dar un paso en esta dirección. El acuerdo, lamentablemente, sigue siendo no vinculante, y esto genera una preocupación grande entre las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático –esto incluye los pequeños estados insulares tales como mi país, Seychelles. De todas formas, el acuerdo merece crédito por preveer reducciones específicas de las emisiones por cada país (para que se alcance en el 2020) y por tomar en cuenta las distintas etapas de desarrollo de cada nación.

El compromiso hecho en contra de las emisiones desde la Conferencia de Copenhague sobre el Cambio Climático incluye, por ejemplo, que Estados Unidos se comprometió a reducir sus emisiones a un 17 % para el 2020, en comparación con los niveles de 2005. China, por otro lado, no se comprometió a reducir sus emisiones, pero sí a reducir la intensidad del carbono –es decir, la cantidad de carbono emitidas por cada unidad de la producción económica— entre un 40 o 45 por ciento. Estos diferentes métodos, por supuesto, hacen difícil la comparación y la evaluación de los esfuerzos de mitigación del cambio climático de cada uno de los países, como por ejemplo, el compromiso adicional de China para expandir el territorio forestal por 40 millones de hectáreas para el 2020, y la incertidumbre alrededor de los pasos legislativos para la reducción de emisiones de Estados Unidos.

Se han realizado varios estudios para evaluar la eficacia de los compromisos hecho en Copenhague. Un informe de 2010 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) concluyó que las metas de emisiones nacionales no son lo suficientemente ambiciosas para limitar el calentamiento por 2 grados Celsius. Sin embargo, el análisis de la OCDE indica que "los esfuerzos sí representan una ruptura significativa de los patrones actuales", suponiendo que se implementen las reducciones.

Sin embargo, si el mundo va dar un paso hacia adelante de manera más significativa, la cooperación es clave. Como los costos de mitigación irán a variar entre países, dependiendo de los factores tales como las capacidades tecnológicas de las naciones, economías de escala y las políticas medioambientales, existen enormes posibilidades para la cooperación. Estas existen en áreas como el comercio de carbono, la eficiencia energética, el desarrollo de fuentes energéticas con bajos niveles de carbono, y tal vez, hasta la geo-ingeniería. Por ejemplo, el establecimiento de un mecanismo más robusto y representativo para el comercio global de carbono llevaría en general a unos costos menores en la descarbonización que si cada país tuviese que desarrollar su propio mecanismo de comercio. Las inversiones en tecnologías renovables como la energía solar reducirán los precios para los países subdesarrollados, permitiendo que estas tecnologías sean más accesibles. De manera similar, si Estados Unidos alcanza los avances tecnológicos que reducen sus emisiones vinculadas al transporte, otras naciones estarán posicionadas para reducir sus propias emisiones. China, entretanto, está al margen de invertir $43 mil millones en tecnologías de redes eléctricas inteligentes, las tecnologías que podrían tener reducciones mayores de emisiones en las próximas décadas mientras el mundo sigue urbanizándose.

El cambio climático supondrá costos no equitativos. Las naciones desarrolladas pagarán más por la mitigación climática –pero los países subdesarrollados sufrirán más las graves consecuencias del cambio climático. Desde el punto de vista de los países en vías de desarrollo, el punto principal es que los esfuerzos internacionales climáticos deben de ser más eficaces que la palabrería acerca de la catástrofe humana inminente.