10/17/2013 - 11:42

Pensar primero a pequeña escala

En su ensayo de la primera ronda, José R. Moreira se concentró en el potencial de los biocombustibles para satisfacer las necesidades de combustible para el transporte mientras se mitiga el cambio climático. Nos ofreció una perspectiva ampliamente positiva de los biocombustibles, lo cual no constituye una sorpresa a la luz de la importancia que han asumido los biocombustibles en su nación, Brasil. Roberto Bissio señaló los impactos potenciales y adversos de los proyectos de bioenergía en bosques y terrenos agrícolas, otorgándole a la vez atención a la responsabilidad de los países desarrollados de reducir las emisiones de dióxido de carbono. Mis colegas sostuvieron perspectivas completamente diferentes, pero hasta ahora tienen una cosa en común: los proyectos a gran escala de bioenergía. Yo argumentaría que los proyectos de pequeña escala —debido a su potencial para mitigar el cambio climático y apoyar el desarrollo rural sostenible sin socavar la seguridad alimentaria ni acarrear gastos incontrolables— merecen una mayor atención.

La Agencia Internacional de Energía estima que 2700 millones de personas alrededor del mundo carecen de acceso a instalaciones limpias para cocinar y que 1300 millones de personas carecen de electricidad. La mayoría de las personas que sufren de pobreza energética —el 84 %— vive en áreas rurales. La bioenergía, según el argumento de la agencia, podría desempeñar un papel importante para alcanzar las metas de acceso global a la energía limpia, en especial entre las personas pobres en zonas rurales. Una gama de tecnologías modernas de pequeña escala podrían contribuir con este esfuerzo. Estas incluirían estufas para las cocinas eficientes, biogás para cocinar y para la electrificación de aldeas, gasificadores de biomasa y sistemas descentralizados de doble generación que utilizan bagazo (la fibra que queda después de que el líquido se extrae de la caña de azúcar). Las opciones con base en la biomasa podrían alcanzar una reducción de una gigatonelada de emisiones anuales de gases de efecto invernadero, en parte por reducir las emisiones de dióxido de carbono que resultan del cultivo de biomasa no sostenible. También podrían reducir, en un 60 a 90 por ciento, las emisiones del carbono negro —prácticamente hollín— que es culpable de 2 millones de muertes por año.

Un estudio detallado del Banco Mundial sobre México que cubrió el período de 2009 a 2030 determinó que la adopción de estufas avanzadas de biomasa podrían, mientras producen un beneficio económico neto, reducir las emisiones de dióxido de carbono en unas 19,4 megatoneladas por año: una mayor reducción que la que podría alcanzarse por cualquier otra acción en un sector residencial. Un estudio en la India, mientras tanto, comparó el potencial de mitigación de la bioenergía descentralizada para la electrificación de aldeas con el potencial de mitigación de absorción de carbono por medio de la silvicultura. El análisis concluyó que, en un plazo de 100 años, sustituir el combustible diesel por la energía de biomasa impediría la entrada en la atmósfera de 92,5 toneladas de carbono por hectárea. Los proyectos de silvicultura obtendrían menos resultados. Los proyectos de rotación larga impedirían la expulsión a la atmósfera de 45,2 toneladas métricas de carbono por hectárea, mientras que los proyectos de rotación corta sólo mantendrían fuera de la atmósfera 23,9 toneladas por hectárea.

Las aplicaciones descentralizadas de pequeña escala, las opciones modernas de la bioenergía —en particular en zonas rurales de países en vías de desarrollo— generalmente representan métodos con los que todos ganan. Pueden proporcionar beneficios en dimensiones climáticas, medioambientales y sociales, mientras se evitan los efectos adversos en la seguridad alimentaria. En discusiones de la energía de biomasa, es importante evitar el enfoque excesivo en la producción a gran escala de biocombustibles para el transporte. Existen otros métodos: aquellos que pueden mitigar el cambio climático presentando implicaciones mínimas para el medio ambiente y la producción de alimentos.