10/25/2013 - 07:16

Primero el desarrollo

En la primera ronda, mis colegas escribieron ensayos señalando la misma preocupación —que no se está haciendo lo suficiente para evitar el peligroso cambio climático. Pero han demostrado diferentes actitudes hacia la responsabilidad nacional de la mitigación climática. Pablo Solón favorece los objetivos y plazos rígidos para las emisiones. Su acercamiento se basa de manera estricta en los principios subyacentes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC, según sus siglas en inglés), particularmente, en el principio de las responsabilidades comunes pero diferenciadas. Rolph Payet, mientras tanto, respalda de forma altamente cualificada el Acuerdo de Copenhague, que permite, mientras las naciones formulan compromisos de mitigación tomar en cuenta lo que es factible. Las perspectivas de los dos autores dan un indicio de las diferencias fundamentales de los puntos de vista en las negociaciones climáticas.

En mi opinión, dos temas deben permanecer en el escenario principal, mientras el mundo construye los mecanismos para la mitigación climática: la eficacia y la equidad. La eficacia significa hacer lo suficiente para responder al problema climático. La equidad significa asegurar que la responsabilidad asignada a cada país sea justa. Un resultado equitativo que no responda adecuadamente al problema climático no tiene sentido, mientras que un acuerdo no equitativo probablemente no sería eficaz.

El "sistema de promesa y revisión" de Copenhague (fuertemente criticado por Solón en la primera ronda) probablemente no podría resultar en la equidad ni en la eficacia. Ciertamente no lo ha hecho hasta ahora. En lo que respecta a la eficacia, las promesas que las naciones han hecho hasta ahora sobre las emisiones representan un plan positivo de acción, pero dejan globalmente una "brecha de emisiones" significativa. Sobre la equidad, es difícil argumentar que el proceso de Copenhague haya producido un resultado justo ya que los compromisos de los países en vías de desarrollo para reducir las emisiones, en términos absolutos, superan las promesas de los países desarrollados.

Esto no significa que la mayor eficacia o equidad resultaría de una distribución de carbono que se base en los principios del UNFCCC. Pero por lo menos, los esfuerzos climáticos se dirigirían en la dirección correcta si empezaran con las metas de emisiones globales y luego, utilizando los principios establecidos, repartieran entre las naciones una cantidad permitida de emisiones de carbono. Tal acercamiento reduciría el regateo que caracteriza las negociaciones climáticas —el regateo del tipo que, a menudo, presenta una desventaja a los países en vías de desarrollo. Además, las grandes diferencias nacionales de la distribución de carbono resultaría de tal proceso y esto promovería el comercio de carbono, una manera útil de cooperación internacional. Pero la pregunta más importante, por supuesto, es si los signatarios de la UNFCCC —o hasta los países principales— pudieran llegar a un acuerdo sobre los detalles de dicho sistema y mantener el compromiso posteriormente.

Hay que utilizar la oportunidad de progreso. En los años venideros, la mitigación climática absorberá una parte creciente de los recursos globales y la mayor parte de la atención política —pero esto no debe distraer al mundo de las metas de desarrollo tales como el abastecimiento de combustible para la cocina moderna a aquellos que carecen de ello y también a los 1300 millones que carecen de electricidad. A veces, el camino para responder a estos desafíos parecerá hostil hacia el medio ambiente, por ejemplo, cuando se trate de proporcionar la electricidad a base de combustible fósil a los pobres.

Tensiones como éstas (verdaderas o consideradas como tal) se pueden resolver, por lo general, pero sólo si en primer lugar las necesidades básicas humanas en los países en vías de desarrollo obtienen la atención suficiente. Efectivamente, tal vez sea necesario tener un acercamiento a la mitigación climática de "primero el desarrollo". (Esto se diferenciaría del acercamiento de "co beneficios", que le asigna la más alta prioridad a la mitigación climática aún cuando las opciones de mitigación se estén evaluando, en parte, debido a los beneficios adicionales de desarrollo que proporcionan). De cualquier modo, anteponer las necesidades de desarrollo no debe ser visto como si se socavaran los esfuerzos de mitigación. Al contrario, es una manera de asegurar que se le dé un trato justo a la mayoría de la humanidad cuyas bajas emisiones históricas le han dado a los demás una oportunidad de progreso para mitigar de manera ordenada el cambio climático.