10/28/2013 - 10:15

A pequeña escala, una pequeña contribución

En su ensayo de la segunda ronda, N.H. Ravindranath argumentó a favor de las tecnologías bioenergéticas de pequeña escala tales como las estufas eficientes y las aldeas electrificadas mediante el biogás. Estas tecnologías, señaló, pueden mitigar el cambio climático, fomentar el desarrollo rural, reducir la cantidad de hollín y demás. Para estar seguros, las tecnologías mencionadas por Ravindranath recibirán la bienvenida alrededor del mundo si demuestran su eficacia e idoneidad… y si la protección de patentes no obstaculiza su adopción. Pero la reducción resultante de las emisiones de gases de efecto invernadero serán nimias.

¿Por qué? En primer lugar porque las personas pobres, cuyas emisiones de carbono se verían reducidas por estas tecnologías, producen muy poco carbono. Como ya mencioné en la primera ronda, los mil millones de personas más pobres son responsables de tan sólo el 3 % de las emisiones globales de carbono. Los 1260 millones de personas cuyos países pertenecen a la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico representan el 42 % de las emisiones. Los ricos, si redujeran sus emisiones en tan sólo un 8 %, podrían mitigar el cambio climático mucho más que los pobres si estos últimos redujeran sus emisiones a cero. Los ricos podrían llegar a la reducción de un 8 % si alteraran sus hábitos de maneras casi imperceptibles. Para los pobres, una reducción de 100 % implicaría la miseria permanente.

Ravindranath presentó un estudio que se llevó a cabo en la India, el cual examinó los beneficios de substituir el combustible diesel por la energía de biomasa para la mitigación del cambio climático. "Durante el transcurso de cien años", señaló, "[este método] prevendría que 92,5 toneladas métricas de carbono por hectárea entraran en la atmósfera". ¡Cien años! El estadounidense promedio es responsable de 17,6 toneladas de emisiones de carbono en un solo año. Podríamos imaginar un hogar estadounidense de cuatro personas que existiera por cien años: este hogar tendría que reducir sus emisiones en tan sólo un 1,31 por ciento para reducir sus emisiones de carbono en 92,5 toneladas métricas. Una reducción así de pequeña podría ser fácilmente obtenida con cocinas o carros más eficientes, mejor aislamiento térmico o al andar más en bicicleta. Claro, esto sería un mejor trato para todas las partes interesadas que si utilizaran una hectárea de terrenos indios para cultivar la materia prima para la energía de biomasa cuando ese terreno se podría utilizar para alimentar a las familias indias.

También me gustaría señalar que la energía de biomasa es un componente de cualquier estrategia importante para la agricultura orgánica, una práctica que recomendé en la primera ronda. Los campesinos alrededor del mundo han estado practicando la agricultura sostenible durante siglos —sin consumir combustibles fósiles y, por lo tanto, sin dañar el medioambiente. El desarrollo de la agricultura "moderna"— altamente mecanizada y dependiente del uso intenso de fertilizantes y pesticidas— fue lo que transformó la agricultura en el sector que hoy en día es responsable por el 14 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Los pobres no son los que deben cortar sus emisiones. Sugerirlo los culpa implícitamente de un problema que no crearon, un problema del cual ya están sufriendo de manera desproporcionada. En efecto, los héroes de la mitigación del cambio climático deberían ser —en vez de los ingenieros que desarrollan las nuevas tecnologías— los agricultores orgánicos tradicionales que utilizan la energía de biomasa de la misma manera responsable en que sus antepasados la utilizaron por siglos.