10/31/2013 - 05:58

Buenas razones para actuar en grande

En su ensayo de la primera ronda, N.H. Ravindranath habló sobre la incertidumbre alrededor del uso de la biomasa como una fuente principal de energía y le dedicó casi el mismo tiempo a las ventajas de la bioenergía y los riesgos asociados con la producción inapropiada de materia prima de biomasa. El método de Ravindranath parece adecuado para redactar un documento de alto impacto del tipo que requiere la aprobación de múltiples autoridades en varios países. Pero puede que en una Mesa Redonda como esta uno no necesite demostrar una igualdad tan rigorosa. La energía de biomasa se enfrenta a grandes obstáculos que incluyen el interés moderado que tienen en ella los proveedores tradicionales de energía. No escoger una postura clara sobre el tema de bioenergía, en cierto sentido, no permite aprovechar los beneficios de la bioenergía.

Estoy de acuerdo con Ravindranath en que explotar la biomasa para la energía requiere cuidado, y de hecho, este punto se encuentra entre las conclusiones principales del informe especial de 2011 sobre energía renovable y mitigación climática elaborado por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). Como ya escribí en la primera ronda, la bioenergía puede ser generada con buenos y malos métodos. Si se sigue el buen camino en vez del malo, se producirán ventajas significativas.

Como parte de ir por el buen camino está la evaluación del potencial de la energía de biomasa concentrándose en una región específica. En algunas áreas, la disponibilidad de labor rural, tierra, agua y sol hace posible la generación de grandes cantidades de bioenergía a un costo razonable. Otras regiones no son aptas para la producción de bioenergía porque carecen de uno o dos de estos elementos. Este es el motivo por el cual la bioenergía, aunque podría mitigar el cambio climático, (como lo enfatizó repetidamente el IPCC) no puede ser la única solución.

En la segunda ronda, Ravindranath adoptó un acercamiento a la bioenergía de lo pequeño es hermoso”, argumentando que Roberto Bissio y yo, en la primera ronda, nos concentramos excesivamente en los proyectos de bioenergía a gran escala. Pero sigo haciendo hincapié en estos proyectos a gran escala. ¿Por qué? Porque se han gastado décadas de esfuerzo en proyectos de bioenergía y, en general, son los grandes proyectos los que han prosperado.

No obstante, apoyar los proyectos de gran escala no quiere decir que nos olvidemos de los pobres en áreas rurales, en los cuales se enfocó Ravindranath en su segundo ensayo. En efecto, yo argumentaría que los proyectos de bioenergía a gran escala podrían ayudar mucho a mermar la pobreza rural. Es útil recordar que los pobres son pobres, en gran medida, porque los mercados lucrativos no existen donde ellos viven para venderles lo que ellos son capaces de producir: alimentos. El mercado urbano para los alimentos agrícolas de los pobres en áreas rurales a menudo está saturado y es altamente competitivo. Los mercados de bioenergía son diferentes. Los residentes urbanos, quienes ahora representan más de la mitad de la población del mundo, tienen la capacidad económica para comprar la bioenergía. Este mercado no está saturado y está abierto a los pobres en áreas rurales. Los grandes proyectos de bioenergía, como los que producen etanol de la caña de azúcar o biodiesel de cultivos, generan muchas oportunidades de trabajo y dan a la gente en zonas rurales la oportunidad de conseguir un nivel decente de vida como emprendedores o empleados de grandes compañías de bioenergía. (De hecho, no veo ninguna desventaja en trabajar para alguien más. La gran mayoría de los trabajadores no manuales son empleados, no empresarios, por lo tanto, ¿cómo debe uno esperar que las personas en zonas rurales se limiten al cuidado de una pequeña parte de la tierra?)

No existe ningún truco. En la primera ronda, Bissio señaló que algunos proyectos de bioenergía podrían aumentar la cantidad de carbono en el aire. Está en lo cierto: la generación de energía de biomasa implica procesos complejos que, si se gestionan mal, podían agregar más gases de efecto invernadero a la atmósfera que los combustibles fósiles. Pero también es verdad que algunos proyectos de bioenergía se llevan a cabo de maneras sostenibles para el medioambiente. Estos son proyectos que deberían ser copiados. Si es así, la energía de biomasa no sería, como lo ilustra Bissio, un "truco ... para evitar los síntomas de abstinencia" debido a los combustibles fósiles.

Como alternativa a la dependencia de la energía de biomasa para la mitigación climática, Bissio propuso la agricultura orgánica. Lamentablemente, ciertos obstáculos mayores no permiten que la agricultura orgánica se practique a gran escala como lo imagina Bissio. Por un lado, los alimentos orgánicos a menudo son mucho más caros que la comida "convencional". Pero más que eso, la agricultura orgánica daría un rendimiento de sólo un 80 por ciento de lo que dan las prácticas convencionales. Esto significa que, si toda la explotación agrícola se llevara a cabo de manera orgánica, se requeriría un 25 % más de tierra para el cultivo, que comprendería 375 millones adicionales de hectáreas. Esto implica emisiones más altas de gases de efecto invernadero, mucho mayores que las que están asociadas con aproximadamente 30 millones de hectáreas de tierra utilizadas en 2010 para conseguir materia prima para la bioenergía.