10/31/2013 - 07:46

Ante el temor, una esperanza latente

En su último ensayo de la Mesa Redonda, Jaime Aguirre Gómez mencionó mi afirmación previa en la cual argumentó que el desarme debe provocar un temor racional en los demás. Aguirre concordó conmigo —sin embargo mencionó que nadie se beneficiaría de una situación donde el temor sea racional y necesario.

La naturaleza predispone al ser humano a que se comporte de manera racional cuando percibe que la racionalidad le aportará un beneficio determinado. El filósofo alemán Immanuel Kant, en su ensayo "Hacia la paz perpetua", argumentó que hasta se podría organizar a una raza de diablos para que se comporte de maneras beneficiosas mutuamente, siempre y cuando tenga capacidad de raciocinio.

¿Pero el miedo en sí puede ser racional? La fisiología médica del miedo funciona de tal manera que prepara a los individuos en peligro a que huyan o se defiendan. En la mayoría de los casos, el temor inspira respuestas razonables que son proporcionales al peligro al que se enfrentan. Esto representa el miedo razonable. En otras instancias, provoca acciones no pertinentes, desproporcionadas y hasta contraproducentes. Este tipo de miedo es irracional —no es el tipo que debe ser utilizado para respaldar los argumentos para el desarme. El truco para las organizaciones como la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW, por sus siglas en inglés), del cual soy co-presidente, es utilizar el miedo para propiciar reacciones razonables y proporcionadas ante la existencia de armas nucleares. Los representantes del IPPNW utilizan el miedo razonable con el mismo propósito que un doctor lo utiliza para practicar la medicina preventiva.

La persona que ignora los consejos de su doctor de cambiar su dieta para evitar la diabetes, que posteriormente desarrollará esta enfermedad, al final podría modificar su dieta aunque al principio rechazó los consejos del médico. Si bien es un poco tarde, este comportamiento es racional. Pero otras personas dentro del círculo de amigos del paciente podrían aprender de la experiencia negativa de éste y cambiar su propia dieta antes de que desarrollen la diabetes. Para los médicos, es común ver que sus pacientes conviertan el miedo racional en un objetivo, en acciones positivas y que se beneficien de él. En estas instancias, el miedo tiene un propósito. Funciona para dar esperanzas.

De la misma manera, la IPPNW emplea el miedo para propagar la esperanza, utilizando el respecto importante del que gozan los doctores para educar al público sobre los horrores humanitarios por causa de las armas nucleares. Sin embargo, es importante que estos esfuerzos no sean acompañados por drama o sensacionalismo excesivos —es decir, sembrar miedos desmesurados. Esto sólo provocaría el miedo irracional. Los simples hechos de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki son poderosos y evidentes para todos. Estos hechos son lo suficientemente convincentes, para la mayoría del público, de que sólo es posible una conclusión: que las armas nucleares deben ser eliminadas por siempre.

A veces parece que los medios de comunicación, así como también las personas ordinarias, se han cansado del argumento central del desarme de que la guerra nuclear podría aniquilar a la raza humana. Pero tal y como ha enfatizado esta Mesa Redonda, hasta una sola detonación representaría una catástrofe humanitaria. La Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear está convencida de que el reloj hacia la catástrofe sigue avanzando —y que la manecilla del minuto se va acelerando.

El diagnóstico de la IPPNW es que las armas nucleares son malas para la salud. Un tratamiento adecuado consiste en pelear por la eliminación de estas armas. ¿Acaso no confiaría en su doctor?