11/18/2013 - 04:50

Intereses creados obstruyen el progreso de los biocombustibles

En mi último ensayo de la Mesa Redonda, me gustaría dedicar mi tiempo a examinar las razones por las cuales los biocombustibles no se están adoptando de manera generalizada como se merecen.

En el sector de transporte, los biocombustibles son la única alternativa renovable a los combustibles fósiles que tendrá un alcance amplio en un corto plazo. Podrán contribuir de manera significativa a la mitigación del cambio climático. Podrán reducir la pobreza rural al establecer nuevos mercados para productos agrícolas y podrán ayudar con el progreso económico y tecnológico de los países en vías de desarrollo. También podrán controlar los precios de combustibles fósiles al permitir un ambiente de competencia.

A pesar de estas ventajas, los biocombustibles no han alcanzado su potencial en el mercado. La mayor causa de esto son las limitaciones políticas, y la mayoría de la oposición política está motivada por un deseo de parte de los titulares del mercado —aquellos que obtienen ganancias del petróleo— de proteger sus posturas económicas.

Es fácil ver por qué los biocombustibles suscitan una fuerte oposición de quienes tienen intereses en los combustibles fósiles. Los combustibles de transporte representan un enorme mercado y siguen creciendo, pero la mayoría del combustible de transporte en la actualidad viene sólo en dos maneras: en gasolina y diesel. Estos son producidos de una sola materia prima: el petróleo. Y como los carros y camiones circulan frecuentemente en los países, los combustibles deben ser fabricados conforme a las especificaciones universales. Por lo tanto, los combustibles de transporte son esencialmente una mercancía fungible, con muy pocos aspectos distintivos desde el punto de vista del consumidor. Para aquellos que se benefician del petróleo, la posibilidad de que los biocombustibles puedan empezar a reemplazar los biocombustibles fósiles debe ser un peligro acuciante. Al combustible de transporte podría pasarle lo mismo que a la electricidad (un producto básico, derivado de muchos recursos y distribuido en todos los países y regiones, que permite la libre competencia).

La transición de combustibles fósiles a biocombustibles obtendría muchos ganadores y algunos perdedores también. Los perdedores no sólo incluirán a las corporaciones y personas pero también a las naciones. Como en toda situación, los ganadores —sin importar cuán numerosos—probablemente permanecerán callados. Los perdedores podrán ser pocos, pero serán extremadamente elocuentes.

La dirección equivocada. La Comisión Europea propuso recientemente establecer un nuevo límite en la cuota de combustibles renovables para el transporte correspondiente a los biocombustibles con base en alimentos (en contraste con los combustibles con base en la celulosa). El destino de esta propuesta en el Parlamento Europeo es incierto, pero la incertidumbre política ayuda muy poco para alentar las inversiones en biocombustibles o permitir que las sociedades aprovechen los beneficios de los biocombustibles. Entretanto, un informe reciente de la Organización de Alimentos y Agricultura de las Naciones Unidas le prestó gran atención al sorgo dulce como materia prima para biocombustibles; otras personas promueven materia prima a base de jatrofa y algas. Sin embargo, promover estas materias primas sólo perpetúa la dominación de los combustibles fósiles líquidos, ya que desvían la atención de otros tipos de materias primas —como la caña de azúcar y el aceite de palma— que verdaderamente tienen el potencial para competir.

Lamentablemente, parece que el interés en los biocombustibles está disminuyendo. Hoy en día, sólo Estados Unidos y Brasil han realizado esfuerzos significativos para la utilización de biocombustibles para el transporte (a pesar de que en la actualidad se llevan a cabo esfuerzos modestos en varios otros países).

Los biocombustibles representan una excelente oportunidad para gestionar el calentamiento global y reducir la pobreza de manera simultánea. Son fáciles de fabricar y distribuir. Ya están listos para ser utilizados. Pero los intereses políticos no permiten que los biocombustibles penetren el mercado como merecen (aunque se requiere urgentemente de maneras inmediatas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero). Para empeorar las cosas, mucha de la atención que se debe prestar a los biocombustibles se le está otorgando al gas de esquisto, otro tipo de combustible fósil que beneficia los intereses de los potenciales "perdedores". Uno sólo puede esperar que la discusión de estos temas abra las mentes de las personas hacia los méritos de los biocombustibles.