12/06/2013 - 05:18

Devoradores de gasolina y fuegos de leña

En la tercera ronda, N.H. Ravindranath señaló que "toda nación, ya sea desarrollada o en vías de desarrollo, debe explorar varios caminos para la mitigación climática, ya sea a grande o pequeña escala". Sin embargo, este no es el acuerdo de la comunidad internacional. El Protocolo de Kioto trata a los países desarrollados y a los países en vías de desarrollo de manera diferente, y requiere que los primeros reduzcan sus emisiones mientras les da a los últimos espacio para más desarrollo. Esta distinción reconoce que el cambio climático se genera por el dióxido de carbono que se ha estado acumulando en la atmósfera desde principios de la Revolución Industrial y que los países en vías de desarrollo no han jugado un papel importante en su acumulación. Por lo tanto, el trato de estos últimos es diferente del trato que se le otorga a los países cuya prosperidad actual emana de las emisiones de carbono que hoy en día dañan al planeta entero.

Las negociaciones climáticas son difíciles, en gran parte porque algunos países, aunque siguen manejando sus vehículos tipo todoterreno y prendiendo sus aires acondicionados, intentan negar sus responsabilidades históricas. Si esperan que los países pobres reduzcan sus emisiones de carbono, también esperan que las personas pobres abandonen la idea de electrificar sus hogares. De todas formas, la mayoría de los pobres apenas emiten suficiente carbono para cocinar su comida.

Por consiguiente, Ravindranath se equivoca cuando insiste en que los pobres deben ser incluidos en los esfuerzos para paliar el cambio climático. El método que él sugiere no sólo sería ineficaz —para empezar, los pobres emiten muy poco carbono— sino que también engaña al público pues hace pensar que los pobres, con sus fuegos de leña ineficientes, comparten parte de la culpa por el problema climático.

Mientras tanto, Jose R. Moreira argumenta —de manera convincente— que la producción de biocombustibles en Brasil puede ser válida ecológica y económicamente. Brasil goza de mucha luz solar y disponibilidad de tierras, así como de una densidad baja de población. Estas condiciones no existen en muchos lugares. Efectivamente, Moreira señala que "sólo Estados Unidos y Brasil han estado haciendo esfuerzos significativos en pos de los biocombustibles de transporte" y cabe agregar que Brasil se encontraría solo en la lista si no fuese por los masivos subsidios de biocombustibles en Estados Unidos.

Sin embargo, Moreira se equivoca al prestarle mucha atención al lado de la oferta de biocombustibles para el transporte sin poner en tela de juicio los patrones actuales de consumo de combustible líquido. En términos climáticos, un litro de combustible tiene el mismo impacto, ya sea para su uso en un tractor en el mundo en vías de desarrollo o para un vehículo tipo todoterreno en el mundo desarrollado. En términos de desarrollo, los dos no equivalen para nada. Pero más allá de esto, los biocombustibles no lograrán nada para el clima si a la larga promueven patrones de consumo que no son compatibles con la economía de cero carbono que debe ser establecida en un futuro no muy lejano.

Finalmente, en respuesta al rechazo de Moreira del potencial de la agricultura biológica para paliar el cambio climático, el cual justifica basándose en la baja productividad de esta agricultura, yo señalaría que esta desventaja de productividad es superada por factores que Moreira no menciona. Por ejemplo, la agricultura orgánica evita las emisiones de carbono porque no depende de los fertilizantes sintéticos. También absorbe el carbono en el suelo y enriquece la tierra, permitiendo que sea más adaptable al cambio climático.