12/18/2013 - 06:36

Difícil, pero no imposible

El mundo industrializado  es el mayor responsable de la destrucción ecológica. Pero mientras las naciones que previamente quedaron atrás del crecimiento económico  intentan recuperar terreno, lo hacen de manera que también van tomando parte de la destrucción ecológica. En países tales como China y la India, los ecosistemas naturales y la tierra agrícola se están desviando hacia la industria, la infraestructura y las centrales eléctricas. La extracción de minerales y combustibles fósiles, que se lleva a cabo en gran escala, genera contaminación de todo tipo. Hoy en día, los países de rápido desarrollo emergen como los mayores emisores de gases de efecto invernadero, aunque sus emisiones per cápita aún son pequeñas en comparación con aquellas de los países industrializados. En un mundo en el que tanto los países desarrollados como los de en vía de desarrollo utilizan excesivamente los recursos del planeta, los seres humanos actualmente empiezan a cruzar los límites peligrosos para el medio ambiente.

Los impactos socioeconómicos graves vienen acompañados de todo este daño ecológico: en los países que se están industrializando, la supervivencia de un gran número de personas depende directamente de los ecosistemas naturales y modificados. En la India, por ejemplo, alrededor de 700 millones de personas dependen directamente de las granjas, bosques, prados, humedales y hábitats marinos para su subsistencia, y la degradación medio ambiental los afecta gravemente. De acuerdo a un estudio del Banco Mundial, el costo económico de la degradación medioambiental en la India equivale  a un 5,7 por ciento del producto interno bruto del país, con un costo alto y desproporcional para los pobres. La producción energética y la extracción de recursos también pueden llevar al desplazamiento, a la desintegración cultural y a la enfermedad.

La responsabilidad por el daño ambiental es mayor en algunos países, pero son otros países los que sufren más debido a este daño ambiental. Sin embargo, este tipo de desigualdad se manifiesta tanto dentro de los países como entre ellos. Desde 2007 (el año más reciente del cual se consiguieron estas cifras), las personas más ricas en la India han sido responsables, sobre una base per cápita, 4.5 veces más que los empobrecidos. Alrededor de 150 millones de indios, nuevamente sobre una base per cápita, fueron responsables de emisiones de carbono anuales superiores a 2,5 toneladas métricas que son consistentes en limitar el aumento de la temperatura a 2 grados.

Con frecuencia, la India es testigo de grandes protestas en contra de centrales eléctricas, operaciones mineras y proyectos similares. Los manifestantes, por lo general, son agricultores, pescadores, pastores o adivasi (comunidades indígenas) que se oponen al uso de terrenos agrícolas, bosques, agua u otros recursos para proyectos de desarrollo que no les aporta ningún beneficio. Varias decenas de proyectos mineros, hidroeléctricos, nucleares e industriales en la India están estancados debido a estas protestas. Incluso en los países menos democráticos como China se registran anualmente miles de protestas en contra de la adquisición de tierras. Un segmento de la clase media india se ha unido a dichos movimientos, y un sector civil de la sociedad en expansión se centra en el medioambiente y en los derechos humanos. Muchas personas, tanto de comunidades directamente afectadas como de la clase media, cuestionan fundamentalmente los modelos de crecimiento económico y buscan alternativas.

El consumo sostenible. ¿ Se puede mitigar la sin romper el vínculo entre los seres humanos y el medioambiente donde viven? Las iniciativas de política y los esfuerzos políticos locales en muchos países muestran que existen caminos para hacerlo. La India en sí ofrece cientos de ejemplos alentadores: proyectos sostenibles de agricultura que brindan seguridad alimentaria, métodos descentralizados de recogida de agua que garantizan suficientes fuentes hídricas hasta en zonas de baja precipitación, e iniciativas de manufactura a pequeña escala y producción artesanal que respaldan trabajos dignos y limpios. Las iniciativas energéticas descentralizadas, entre tanto, demuestran su idoneidad para una amplia gama de aplicaciones (y llegan al alcance de los pobres muchos antes que los proyectos energéticos convencionales a gran escala, que dependen de redes centralizadas ineficientes). Todos estos métodos satisfacen directamente las necesidades básicas y las aspiraciones de las personas, en oposición a las iniciativas convencionales de desarrollo, que en gran parte intentan incentivar el crecimiento rápido con la esperanza de que los pobres se vean beneficiados por efecto de goteo.

Pero mitigar el cambio climático y responder a las preocupaciones medioambientales también requiere la limitación del consumo. Por ejemplo, los deshechos enormes plagan la cadena de suministro energético por lo que se necesitan mejoras en la eficacia energética. Deben establecerse sistemas adecuados de transporte público para terminar con el dominio del vehículo privado. Los métodos y materiales de construcción deben consumir mucha menos energía.

También debe controlarse el consumo personal excesivo. Una manera de conseguir esto sería establecer una "línea de consumo sostenible" más allá de la cual se desalentaría o prohibiría el consumo. Con el establecimiento de una línea de consumo sostenible, no todo consumo sería  legítimo; al contrario, las restricciones de abastecimiento que la naturaleza impone limitarían el consumo. La línea de consumo sostenible podría ser parte de lo que he llamado democracia radical ecológica: un arreglo sociocultural, político y económico que les otorga a todas las personas y comunidades una oportunidad justa y total para participar en la toma de decisiones que se centraría en dos pilares: la sostenibilidad ecológica y la equidad humana.

El establecimiento de una democracia radical ecológica representaría desafíos políticos, sociales, económicos, técnicos y culturales. Requeriría el abandono de los valores predominantes de hoy en día, como el individualismo, el consumismo, la acumulación de riqueza, la maximización de ganancias, la ostentación, entre otros. Se reemplazaría a estos valores con una serie diferente de ideas, tales como el hecho de que los derechos vienen acompañados de responsabilidades,  los recursos son parte del legado global y la felicidad puede lograrse con mejores relaciones sociales, mayor profundización de la espiritualidad, entendimiento del sentido de "tener suficiente" así como también con la naturaleza misma.

Únicamente mediante la restructuración fundamental de la actividad humada se pueden satisfacer las necesidades de los pobres y salvar al planeta. Tal restructuración será un proyecto difícil y a largo plazo, pero no será imposible.