01/15/2014 - 11:22

Un camino hacia la verdad

A veces las oportunidades surgen de las tragedias. Tras el ataque químico en agosto cerca de Damasco que mató a casi 1500 personas, las naciones de Oriente Medio tienen ahora la oportunidad de participar en un diálogo productivo sobre el establecimiento de una zona libre de armas químicas en la región.

Sin el horror del ataque de agosto y sin la respuesta de la administración de Obama al mismo, el régimen de Assad jamás habría considerado renunciar a su vasto y variado arsenal de armas químicas. Aunque el Congreso de Estados Unidos se mostró escéptico frente a la actuación militar en Siria, la amenaza de Obama de utilizar la fuerza puso en cuestión la supervivencia del régimen de Assad, y esto llevó a que Rusia, Irán y la misma Siria adoptaran medidas. En opinión de estos países, la renuncia de Siria a las armas químicas era mejor que la caída de Assad.

En Oriente Medio las oportunidades que surgen de las crisis no son nada nuevo. Tras la finalización de la Guerra del Golfo en 1991, Estados Unidos impulsó la creación de un mecanismo multilateral para el diálogo regional, para complementar las conversaciones bilaterales entre Israel y sus países vecinos Siria, Jordania y Palestina, que estaban en el centro del proceso de paz de Madrid. Parte de este mecanismo fue un grupo de trabajo dedicado al control armamentista y la seguridad regional.

El grupo de trabajo, que obligó a Israel y a los estados árabes participantes a pensar seriamente en establecer una visión común para la seguridad y el control armamentista en Oriente Medio, tuvo el potencial de generar una novedosa arquitectura de seguridad para la región. Se desarrollaron así ideas verdaderamente revolucionarias sobre la seguridad regional, particularmente en relación con las medidas tendientes a fomentar la confianza. Sin embargo, antes de que estas ideas pudieran implementarse, las conversaciones quedaron en suspenso. Un acontecimiento importante que debilitó al grupo de trabajo fue el esfuerzo decidido de Egipto -incluso a pesar de que un proceso regional de control armamentista estaba encaminado y que, además, estaba haciendo progresos significativos- de incluir la zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio en la agenda de la Conferencia de 1995 encargada del examen y la prórroga del Tratado de No Proliferación Nuclear.

La lógica subyacente para el establecimiento de una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio es aumentar la seguridad y la estabilidad en la región y reducir el riesgo de una guerra destructiva. Si bien se trata de objetivos loables, los debates sobre las armas y el control armamentista no pueden abstraerse de los acontecimientos dentro de los estados y de las relaciones entre ellos. Los estados no son entidades idénticas -ni en sus aspiraciones e intereses ni en su comportamiento- y estas diferencias no pueden ignorarse cuando se aspira a lograr acuerdos interestatales sobre control armamentista. Las armas de destrucción masiva deben considerase en el contexto.

A Israel le preocupan principalmente dos cosas frente a cualquier esfuerzo tendiente a librar a la región de armas de destrucción masiva. En primer lugar, la política de Israel de ambigüedad nuclear y disuasión de bajo perfil es un seguro contra cualquier enemigo que amenace la existencia del estado. No se trata de amenazas teóricas, pues las entidades que rechazan la legitimidad de Israel como estado soberano profieren regularmente amenazas contra su existencia. No obstante, en el contexto del establecimiento de una zona libre de armas de destrucción masiva, los vecinos de Israel parecen empeñarse en abordar la cuestión nuclear por encima de todo. En segundo lugar, Oriente Medio sufre un déficit de confianza en relación con la disposición de los estados de cumplir con los tratados sobre no proliferación y desarme. Cuatro países de la región, Iraq, Irán, Libia y Siria, han asumido compromisos en relación con las armas de destrucción masiva solo para llevar a cabo actividades clandestinas tendientes a desarrollar las mismas capacidades que han rechazado.

Los debates tendientes al establecimiento de una zona libre de armas químicas podrían ayudar a contrarrestar las preocupaciones de Israel. Para Israel celebrar un acuerdo sobre armas químicas representaría una importante concesión, pero intentar concertar este tipo de acuerdo también podría dejar en claro si otros estados solo tienen interés en sacar a Israel de su política de seguro contra el exterminio. El diálogo también permitiría a Israel considerar una propuesta de armas químicas que no implicara ningún vínculo directo entre Siria e Israel en el terreno químico, como sí lo haría la idea de la adhesión de Israel a la Convención sobre Armas Químicas.

A su vez, las conversaciones podrían generar confianza entre los estados de Oriente Medio en relación con toda una categoría de armas no convencionales. Podrían comenzar por tratar el déficit de confianza debilitante en la región. Además, como los debates se llevarían a cabo a nivel regional en vez de en el contexto de los tratados globales, darían a las naciones la experiencia de trabajar juntas, en particular en lo concerniente a la verificación de los compromisos. De hecho, las naciones podrían cooperar entre sí para crear una organización regional para la implementación de un acuerdo para una zona libre de armas químicas, siguiendo el ejemplo de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Estos debates sentarían también un precedente sobre la capacidad de los estados para tratar de manera constructiva asuntos de seguridad explícitos, a través del diálogo y la cooperación regionales.

Los debates sobre una zona libre de armas químicas solo deberían comenzar una vez que la destrucción de la capacidad siria de producción de armas nucleares se haya vuelto irreversible. Sin embargo, idealmente las armas químicas podrían forman parte de un diálogo regional más amplio (esto dependería de que Estados Unidos y quizás Rusia utilizaran la crisis siria como una plataforma para reanudar los esfuerzos regionales más amplios en materia de control armamentista). En definitiva, la noción de una zona libre de armas químicas debería integrarse dentro de un Foro de Diálogo sobre Seguridad Regional en Oriente Medio, sumamente necesario, que es algo por lo que mi colega Shimon Stein y yo ya hemos abogado. Este foro, cuyos miembros deberían ser admitidos sin exclusiones y que contaría con una agenda exhaustiva, permitiría a los estados intercambiar opiniones sobre un amplio espectro de temas sobre seguridad regional, de los más sencillos a los más difíciles. Si los debates sobre la prohibición de armas químicas de la región pudieran ayudar a crear este foro, significarían un paso importante en pos de una mayor seguridad en Oriente Medio.