01/16/2014 - 06:00

Incentivos insuficientes para mejorar la seguridad

Ahora que Siria ha adherido a la Convención sobre Armas Químicas y el arsenal químico de Bashar al-Assad se está destruyendo, es el pueblo sirio el que se beneficiará, pues es este el que descaradamente ha sido objeto de ataques con armas químicas por parte de su propio liderazgo político. Del mismo modo, la población de todo Oriente Medio se beneficiaría si se estableciera una zona libre de armas químicas en la región. Las armas químicas son, sobre todo, una cuestión de derechos humanos.

Al considerar una zona libre de armas químicas, es fundamental no perder de vista el aspecto humano del tema. No hay ilustración más vívida que los acontecimientos del 21 de agosto de 2013, cuando el régimen sirio atacó con gas sarín a civiles en una zona densamente poblada de la región de Ghouta, cerca de Damasco. El ataque se llevó a cabo de forma de maximizar el sufrimiento. Los cohetes que transportaban el agente químico se dispararon en plena noche, cuando la población dormía. Cuando escucharon los cohetes, las personas buscaron refugio pero, de acuerdo al informe de la misión de la ONU que investigó el incidente, el ataque se lanzó en condiciones meteorológicas que "maximizarían el impacto potencial de las armas dado que…los gases pesados pueden permanecer cerca del suelo y penetrar en los niveles inferiores de los edificios y construcciones donde muchas personas buscaban refugio". Entre los fallecidos se encontraban mujeres y niños, familias enteras. Uno de los sobrevivientes declaró que perdió a 40 miembros de su familia. El ataque tenía como objetivo exterminar a los civiles.

Este incidente ilustra el horror de las armas químicas, y pocos rebatirían que el mundo estaría mejor si estas se eliminaran. Ahora bien, ¿una zona libre de armas químicas en Oriente Medio podría contribuir a la seguridad regional?

Sin lugar a dudas podría. Se eliminaría la posibilidad de una guerra química entre los estados y se reduciría el riesgo de que agentes no estatales pudieran capturar y utilizar armas químicas fabricadas por los estados. Es más, acuerdos recientes respaldados por Occidente en relación con las armas químicas de Siria y el programa nuclear de Irán han creado un impulso diplomático que podría aprovecharse para establecer una zona libre de armas químicas. A su vez, la adhesión de Siria a la Convención sobre Armas Químicas y el desmantelamiento en curso de su arsenal químico eliminan un obstáculo importante para la prohibición de las armas químicas en la región. Israel y Egipto son ahora los únicos países de Oriente Medio que no han ratificado la convención.

Sin embargo, parece poco probable que Israel ratifique la convención, declare y destruya las instalaciones químicas que pueda tener, sin tener garantías de que Egipto haga lo mismo. Por su parte, la posición pública de Egipto ha sido consecuente: no ratificará la convención ni eliminará sus armas químicas a menos que Israel adhiera al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP). Es poco probable que cambie la postura egipcia, a la luz de la agitación política que se vive en ese país. A su vez, es aún más improbable que Israel adhiera ahora al TNP de lo que era antes de que se llegara a un acuerdo entre Irán y los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, que puede llevar a la aceptación internacional de algunos elementos del programa nuclear de Teherán.

Las potencias mundiales capaces de presionar a Egipto o Israel en estos temas -en particular Estados Unidos- tienen claramente otras prioridades. Estados Unidos preferiría usar su valiosa influencia para asegurar una transición democrática en Egipto o lograr avances en las negociaciones entre Israel y Palestina.

En todo caso, el establecimiento de una zona libre de armas químicas no haría mucho para resolver varios de los problemas de seguridad importantes que aquejan a la región, en particular el conflicto sirio, el programa nuclear de Irán, y la cuestión israelo-palestina. El conflicto de Siria quedaría en su mayor parte fuera de las negociaciones porque Damasco ahora ratificó la Convención sobre Armas Químicas. Irán no desempeñaría el papel central porque ratificó la Convención y alega no tener un programa de armas químicas.

En una región donde los avances diplomáticos son tan difíciles de conseguir, resulta tentador considerar que la prohibición de armas químicas en la región es al parecer una opción viable y asequible, e incluso creer que el progreso en este frente es un escalón para avanzar en temas más importantes. No obstante, es difícil identificar los incentivos que puedan motivar a Israel y Egipto a renunciar oficialmente a las armas químicas. Es probable que ambos países consideren que este paso los expondría a vulnerabilidades inaceptables en materia de seguridad, y ninguno de los dos percibiría muchos beneficios en ello.