01/16/2014 - 07:46

Más democracia y un sentido de límites

Las ideas que han surgido en esta mesa redonda para reducir los gases de efecto invernadero y responder a otros problemas medioambientales y a los relacionados con la equidad incluyen disminuir el consumo, desafiar los modelos predominantes de desarrollo, asegurar que la gobernanza se centre en la gente e impulsar las políticas energéticas nacionales hacia la energía renovable. En la primera ronda, Adnan A. Hezri se centró mayormente en la última idea. Yo estaría a favor de dicha transformación, pero como la equidad social es tan importante como la sostenibilidad medioambiental, es vital que los proyectos energéticos renovables se descentralicen.

Las fuentes centralizadas de energía renovable tales como los parques eólicos, los proyectos grandes hidroeléctricos y las enormes instalaciones solares –además de conllevar serios impactos medioambientales— son intrínsecamente resistentes al control democrático. Es muy común que la energía generada se suministre en áreas urbanas ricas o en complejos industriales, mientras que los pobres rurales siguen sin acceso a la energía. La energía proveniente de fuentes descentralizadas renovables suele llegar a los pobres de manera más rápida, en especial, si los gobiernos y la sociedad civil apoyan estos proyectos.

Mientras tanto, Chuenchom Sangarasri Greacen ha hecho hincapié mayormente en reducir el consumo. La reducción de la demanda energética en su totalidad es de hecho un requisito, especialmente en los países industrializados, pero también entre los más ricos en las naciones menos industrializadas. Se puede lograr esta reducción mediante la eficacia, pero también con la disminución del uso energético insensato tal como el uso de señales con luces de neón y el alumbrado de las tiendas durante toda la noche. La eliminación de las mercancías innecesarias, tales como los productos de moda, disminuiría el consumo, así como también lo haría el cambio de política del transporte público. Pero en práctica, ¿cómo se podrán alcanzar estas disminuciones?

El generar la concienciación pública puede jugar un papel importante. El comportamiento cambiará en tal grado si las personas entienden la naturaleza suicida de nuestros hábitos energéticos actuales. Pero las reducciones significativas probablemente requerirán que los medioambientalistas ganen más poder político, como lo sugiere Hezri. Únicamente mediante el ejercicio del poder político se podrá internalizar las externalidades de los combustibles fósiles, haciendo que éstos no sean viables económicamente. Se requiere el poder político para cobrar impuestos o imponer restricciones sobre el consumo de lujo y utilizar estos ingresos tributarios para subsidiar las opciones descentralizadas de energía renovable. El empoderamiento político de los ciudadanos es igualmente necesario si las comunidades rurales tienen que proteger sus recursos naturales de las fuerzas poderosas urbanas e industriales. Al mismo tiempo, uno no debe subestimar la habilidad de los movimientos radicales y descentralizados para cambiar ciertas cosas en gran escala. En la India, por ejemplo, fue un movimiento descentralizado, y no la involucración directa del gobierno, lo que hizo realidad la Ley de Derecho de Información del país.

La transformación política tiene que ser acompañada por un cambio del paradigma económico: el mundo debe romper con su adicción al crecimiento económico. La afirmación de Hezri en la segunda ronda que "el decrecimiento global es una meta medioambiental extrema que no permitirá que las sociedades prosperen" ignora un punto importante: que la humanidad ya está agotando el planeta. Se deben reducir las actividades que causan que la humanidad sobrepase los límites ecológicos del planeta.

La reducción de estas actividades no requiere el decrecimiento en ninguna parte. Son las personas en el hemisferio norte y los ricos en los países pobres los que deben disminuir drásticamente su impacto medioambiental. Mientras tanto, la redistribución económica radical asegurará que el hemisferio sur tenga los recursos necesarios para generar ingresos y satisfacer las necesidades básicas de las personas.

Dar pasos tales como estos no acabaría con el crecimiento global. Por el contrario, el crecimiento sería sostenible en vez de ilimitado. Aun más importante es que el mundo en su totalidad podría alcanzar un "estado estable" en el cual las mejoras continuas para el bienestar no estarían basadas en el consumo desenfrenado de la energía y de las materias primas.