01/30/2014 - 05:07

¿Quién será el líder?

La relación compleja y problemática entre los seres humanos y el medioambiente es cada vez más compleja y problemática. Por cierto, esta mesa redonda, que empezó como un análisis sobre cómo satisfacer las necesidades energéticas y las metas de desarrollo, mientras también se satisfacen mayores expectativas medioambientales ha dado lugar a una discusión más profunda sobre lo que los humanos deben hacer para armonizar su relación con la naturaleza. Mis colegas han explorado varias ideas que podrían, si se llegasen a implementar, hacer exactamente eso. El problema, que se ve a menudo en cuestiones de políticas, es cómo convertir las ideas en realidad.

Chuenchom Sangarasri Greacen ha defendido varias reformas económicas como la localización y la redistribución, y también ha abarcado preguntas tales como qué significa una buena vida y a qué deben aspirar los humanos cuando estructuran sus economías y sociedades. Las ideas de Greacen encajan bastante bien con el movimiento emergente conocido como la economía social y solidaria. El Instituto de Investigación para el Desarrollo Social de la ONU dicta que la economía social y solidaria consiste de "organizaciones tales como las cooperativas, los grupos de autoayuda para mujeres, las empresas sociales y las asociaciones de trabajadores informales que tienen objetivos explícitos sociales y económicos e involucran muchos tipos de cooperación y solidaridad". Intrínseco en el movimiento se encuentra la crítica al énfasis del capitalismo en la acumulación ilimitada y la búsqueda de valores que pueden apoyar las alternativas de desarrollo.

Mientras tanto, Ashish Kothari ha enfatizado los límites ecológicos de la tierra y la amenaza que representa una actividad económica excesiva por parte de los humanos que rompería esos límites. Su solución es el decrecimiento selectivo de economía. Para Kothari, los pueblos del hemisferio norte y los ricos del hemisferio sur "deben reducir drásticamente su huella ecológica y adoptar estilos sostenibles de vida". Las necesidades básicas de los pobres se obtendrían mediante la redistribución económica. Esto, en gran medida, es el paradigma de la economía verde que, con un énfasis en el desarrollo que tiene bajos niveles de carbono, es eficiente en el uso de recursos y es inclusivo socialmente, ha atraído mayor atención en los años desde el comienzo de la crisis global financiera.

Greacen y Kothari ofrecen visiones progresivas cuya probabilidad de implementación está restringida por la realidad política. Cualquier reorganización mayor del mercado, las instituciones, las regulaciones, las normas y el proceso de la toma de decisiones, tal y como lo requieren las visiones de mis colegas, necesitará un mandato popular que no existe en la actualidad. En concreto, las reformas que involucran a la energía son siempre difíciles de aprobar porque la energía no es un área ordinaria de política. Por el contrario, es la base de las economías. Naciones tales como Japón, Australia y Canadá, lejos de adoptar los cambios progresivos que Greacen y Kothari defienden, se están retractando de sus compromisos para reducir las emisiones. Las personas en la mayoría de los países en vías de desarrollo demuestran una actitud ambivalente sobre el cambio climático ya que consideran que no incumbe en sus vidas, y las políticas gubernamentales reflejan dicha actitud.

Lo que el mundo necesita urgentemente es un modelo realista para una política verde floreciente. ¿Pero quién elaborará este modelo? ¿Quién podrá demostrar el liderazgo necesario para llegar a la sostenibilidad planetaria?

La esperanza yace en los ciudadanos informados y comprometidos. Ellos son los únicos que tienen el poder de reconfigurar el capitalismo; sólo ellos pueden adoptar los cambios transformadores que requiere la sostenibilidad ecológica.