02/06/2014 - 06:10

Generando el cambio

Los participantes en esta mesa redonda coinciden totalmente en que los seres humanos deben reorganizar de manera bastante radical sus actividades si la vida en la tierra será sostenible y equitativa, pero Adnan A. Hezri apuntala a dos interrogantes importantes: ¿Quién dirigirá el camino para generar los cambios necesarios? Y, ¿cómo se llevarán a cabo los cambios en un ambiente político adverso?

Sin embargo, antes de responder a las últimas preguntas, me gustaría clarificar un punto. Hezri caracteriza las posturas que he presentado en esta mesa redonda como alineadas al paradigma de "la economía verde" que también adopta, por ejemplo, el Programa Medio Ambiental de las Naciones Unidas. De hecho, soy crítico del modelo económico verde; no reta lo suficiente al dominio del capital privado y el estado-nación y pone énfasis en el crecimiento económico, en vez del decrecimiento radical. El modelo de la economía verde no enfatiza el empoderamiento político completo de las personas y las comunidades. No le otorga un énfasis adecuado a los aspectos culturales y espirituales de la existencia humana. 

Mis creencias, que ya señalé en previas rondas, se centran en la democracia radical ecológica en la que las comunidades son el foco de la toma de decisiones; se le otorga prioridad a la sostenibilidad ecológica y la equidad social; las necesidades básicas se satisfacen por medio de la localización de las economías y servicios sociales; y el propósito de la globalización es establecer vínculos socioculturales y políticos en vez de asegurar el flujo gratis de capital. No deseo "reconfigurar el capitalismo", como lo dice con sus propias palabras Hezri. Por el contrario, me gustaría ver cambios fundamentales en las relaciones económicas y políticas para que el predominio del capital privado y el estado-nación sea reemplazado por un énfasis en las comunidades y los colectivos.

Pero para retomar las preguntas de Hezri, me gustaría identificar cinco fuerzas que podrían permitir la restructuración de las actividades hacia la equidad y sostenibilidad de los seres humanos. La primera es la resistencia de la sociedad civil. En los últimos años, varios países, la India entre ellos, han visto un crecimiento en el movimiento de masas que se opone a los proyectos perjudiciales para el desarrollo. Estos movimientos a menudo han surgido de comunidades desplazadas o desposeídas y han ganado el apoyo de los grupos de la sociedad civil. La resistencia de este tipo es un elemento crucial de la transición a un futuro sostenible.     

La segunda fuerza es la promulgación de reformas progresivas, las cuales defienden los grupos de la sociedad civil o las personas dentro del marco de iniciativas estatales. El movimiento de Alemania hacia la energía renovable y las reformas legales y constitucionales de Ecuador y Bolivia pueden, al igual que otros proyectos similares, poner como prioridad la sostenibilidad y la equidad, descentralizar la gobernanza y responsabilizar más a los Estados. Aparte, varios países están llevando a cabo o considerando reformas de políticas macroeconómicas y fiscales. Esto incluye reducir la disparidad de ingresos, subsidiar prácticas ecológicamente sostenibles en vez de prácticas destructivas e institucionalizar estructuras fiscales que reflejen el valor verdadero de los recursos naturales que utilizan los consumidores urbanos y los de escala industrial.  

La tercera fuerza es el surgimiento de las iniciativas prácticas para las formas sostenibles y equitativas de bienestar. Miles de programas de esta índole, como las iniciativas locales de alimentos promovidas por la Sociedad Internacional para la Equidad y Cultura, demuestran que es posible, de manera sostenible y equitativa, satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas. Se deben establecer más vínculos con estas iniciativas para edificar estructuras sólidas políticas, pertenecientes o no a partidos políticos. 

La cuarta fuerza es del tipo de innovación tecnológica que hace que la vida humana no sólo sea menos aburrida, pero más consciente ecológicamente. Estas innovaciones, que a menudo caen bajo la rúbrica de la tecnología apropiada, pueden surgir en la producción industrial y agrícola, en el sector energético, en la construcción y vivienda, en el transporte o en el equipo doméstico. Se va apreciando más que las tecnologías tradicionales, por ejemplo en la agricultura y en los textiles, siguen siendo relevantes en el mundo actual. Los países en vías de desarrollo gozan de una oportunidad sin precedentes de dar un salto hacia las economías que utilizan una mezcla de tecnologías nuevas y tradicionales.

Finalmente, la concienciación ecológica ha crecido exponencialmente en las últimas dos o tres décadas (aunque exista poca conciencia entre los legisladores y las élites empresariales). Una campaña masiva para aumentar la concienciación de la crisis ecológica a la que se enfrenta la humanidad –así como también un mayor esfuerzo que permitiría la propagación de soluciones significativas— podría ayudar con la transición exitosa a la sostenibilidad y equidad.

La transición ya se está llevando a cabo. El movimiento de las personas y trabajadores está adquiriendo fuerza en algunas partes del mundo (aunque las fuerzas de la insostenibilidad y la igualdad  predominan por ahora). En cualquier transformación, los primeros pasos suelen ser modestos, la lucha larga y dolorosa y la necesidad de perseverar es enorme. Sin embargo, opino que, en las siguientes dos o tres generaciones, el mundo será testigo de un progreso importante hacia la democracia radical ecológica.