03/28/2014 - 04:20

Confabulación mental y machismo nuclear

Mi ensayo de la primera ronda aparentemente ha recibido muchas críticas orquestadas en la sección de comentarios. Lamentablemente, los comentaristas no responden adecuadamente a los problemas de seguridad de los reactores nucleares chinos, todavía no probados, que serán instalados cerca de Karachi, mi ciudad natal. Por el contrario, demuestran la mentalidad de los nacionalistas nucleares alrededor del mundo, en especial, la de los funcionarios del ámbito nuclear en países tales como Pakistán y la India.

Para los nacionalistas nucleares es bastante común vilipendiar, como es el caso con los agentes de potencias extranjeras y las organizaciones no gubernamentales, a las personas que se preocupan por la seguridad de las centrales nucleares. Incluso Manmohan Singh, el primer ministro de la India –quien considero un hombre decente– recientemente arremetió en contra de los manifestantes en la central nuclear Kudankulam y atribuyó su oposición a la influencia de las organizaciones no gubernamentales estadounidenses. (¿A quién culpa Singh por la opinión anti nuclear en Estados Unidos? ¿A los comunistas?) Mientras tanto, un movimiento de derecha hindú, llamado Sangh Parivar, considera que la mano proselitista cristiana estuvo detrás de las manifestaciones de Kudankulam.

Todas estas tonterías de confabulación nos desvían de una discusión seria sobre la energía nuclear en los países en vías de desarrollo. Sí, es cierto. Necesitamos desesperadamente más energía, pero ¿puede reducirse el riesgo de un desastre nuclear a un valor pequeño y aceptable? Y, ¿cómo se define "aceptable"? No existe una sola respuesta y no pretendo proporcionarles una. Pero seguramente las personas pueden aprender a debatir de manera razonable sobre un tema importante, sin ensuciar las motivaciones de aquellos con los que no están de acuerdo.

Las preocupaciones por la energía nuclear predominan en todos los países donde existe esta tecnología o donde se está desarrollando. En muchos países en vías de desarrollo, estas preocupaciones están impactando la política. Aprendimos del colega de la mesa redonda, Yun Zhou, que hasta China, hambrienta de energía, no ha sido tan intensa con sus planes de energía nuclear después de Fukushima. El gobierno chino anticipa que se instalarán 58 gigavatios de capacidad nuclear para el 2020, en vez de los 80 gigavatios considerados previamente, y adicionalmente, los requisitos de diseño serán más exigentes. Aún en un país donde por lo general la disidencia no se tolera, el temor público sobre las consecuencias negativas de la energía nuclear para el medio ambiente ha marcado alguna diferencia. Sulfikar Amir nos señaló que las ambiciones nucleares también se redujeron en Indonesia; se espera la construcción de dos reactores en vez de los cuatro reactores planificados en los últimos años. Esto es producto del recelo público sobre la capacidad del gobierno para garantizar la seguridad pública y también por su débil récord de mitigación tras catástrofes naturales.

Pero Pakistán y la India, dos naciones con records desastrosos de gestión de catástrofes, le dieron poca importancia a lo sucedido en Fukushima. La Comisión de Energía Atómica de Pakistán acaba de anunciar que, con la ayuda y la financiación de China, planea en un plazo no especificado (aunque corto) el aumento en la capacidad nuclear, que actualmente representa alrededor de 700 megavatios, hasta una cantidad asombrosa de 4 gigavatios. Para el 2020, la India planea aumentar su capacidad nuclear actual de alrededor de 6 gigavatios hasta 20 gigavatios.

¿Por qué la India y Pakistán están invirtiendo la tendencia? La respuesta yace, en parte, en la economía, pero aún más en el machismo nuclear. Las instituciones de energía nuclear de ambos países reciben una buena financiación y también albergan amplios y crecientes programas de armas nucleares. La expansión rápida y masiva de la energía nuclear es  impulsada por la convicción de que todas las cosas nucleares, ya sean bombas o la energía, son una señal de virilidad, éxito y progreso nacionalista. Pero esta creencia errónea significa que el desarrollo de fuentes de energía alternativa toma un papel secundario.

La India apenas ha empezado a rascar la superficie de su potencial abundante de energía eólica y solar, pero hasta ahora los resultados son buenos. El Ministerio de Energías Nuevas y Renovables reporta que el país ha obtenido una capacidad de alrededor de 30 gigavatios de una red eléctrica renovable (incluyendo la energía eólica, solar y de otras categorías). Aunque las fuentes renovables se utilizan a tasas menores que su potencial, ya producen más energía en la India que la energía nuclear. Lamentablemente, Pakistán apenas ha empezado a desarrollar su potencial eólico y solar; como ya lo señalé en la primera ronda, la capacidad total de los molinos de viento actualmente instalados es de tan sólo 50 megavatios, que es una miseria en comparación al potencial energético de 50 megavatios que se supone son capaces de producir los corredores de viento.

El desarrollo rápido de la energía nuclear absorbe el poco capital y la escasa experiencia que podrían utilizar los países en desarrollo para otros usos más productivos. Las turbinas eólicas y las plantas solares, por ejemplo, a diferencia de las centrales nucleares importadas con llave en mano, que son increíblemente complejas, podrían ser fabricadas localmente, proporcionando así un estímulo importante para la economía nacional. Pero cuando se mezcla la energía nuclear con la estrategia nacional de seguridad, es más difícil que la energía alternativa reciba la atención que se merece.