04/07/2014 - 05:47

Creando aceptación pública

El ensayo de la primera ronda de Sulfikar Amir presenta un ejemplo un tanto extremo de un escenario bastante típico: cuando la ciudadanía democrática veta los planes gubernamentales de energía nuclear.

En cualquier democracia, incluyendo a las emergentes tales como la Indonesia de Sulfikar, la aceptación pública es el primer obstáculo a sobrepasar antes de que puedan proceder los proyectos nucleares; la opinión pública debe ser considerada y se debe proporcionar oportunidades para que el público participe en la toma de decisiones. En los países que tienen gobiernos cerrados y centralizados, por lo general, se excluye a la ciudadanía de la toma de decisiones. Pero a la larga, ningún país puede evitar confrontarse a la opinión pública sobre la energía nuclear. Aún en los sistemas políticos cerrados, los planes sostenibles para el desarrollo de energía nuclear requieren el apoyo enérgico y duradero del público.

En muchos de los países con sectores de energía nuclear, China y Pakistán entre otros, los gobiernos no han informado de manera adecuada al público sobre los problemas del desarrollo de la energía nuclear. Por consiguiente, el conocimiento de la ciudadanía sobre la seguridad nuclear, en particular, y sobre la energía nuclear es, por lo general, bastante bajo. En dichas situaciones, la voluntad del público, por un tiempo, es simplemente aceptar la tecnología nuclear como un hecho. Pero no puede esperarse que esto continue  para siempre.

Por dicha razón el desarrollo de la energía nuclear debe proceder lado a lado con la comunicación con el público. Los gobiernos deben ofrecer programas educacionales a nivel nacional. Deben permitir la participación pública durante los trámites de emplazamiento y licenciamiento. Deben responder de manera proactiva a las preocupaciones sobre los accidentes y la seguridad nuclear. En resumidas cuentas, cualquier reducción significativa de la aceptación pública de la energía nuclear podría poner en peligro las metas para desarrollar los reactores y las instalaciones para el ciclo de combustible.

Ninguna novedad. Aprecio el ensayo de Pervez Hoodbhoy sobre los planes de expansión de energía nuclear en Pakistán, pero no necesariamente estoy de acuerdo con su preocupación debido a los reactores ACP-1000 que Pakistán importará de China. En sí, siento que preocuparse de esto es algo excesivo. Cuando habla del ACP-1000, lo describe como "un diseño nuevo que nunca ha sido instalado o probado". Pero el ACP-1000 proviene del diseño francés, M310, y sigue las modalidades pasivas de seguridad del diseño estadounidense, ACP-1000. No creo que el ACP-1000 sea una novedad con conceptos de nuevos diseños jamás vistos o probados. Por el contrario, es una versión actualizada de diseños maduros.

En todo caso, Hoodbhoy presenta una serie de preocupaciones legítimas sobre la energía y seguridad nuclear en una nación nuclear emergente como Pakistán y yo argumentaría que mi análisis de la primera ronda sobre la creación de sistemas estables reglamentarios para la seguridad nuclear, aplica en el caso de Pakistán. Por supuesto, el análisis de Hoodbhoy sobre la seguridad nuclear en Pakistán también es pertinente para el caso de China. El terrorismo reciente de índole separatista en China ha llevado a una mayor preocupación en otros lugares por el sabotaje nuclear ahí, pero los gobiernos en todas las naciones emergentes nucleares, incluyendo China, probablemente subestiman el riesgo del terrorismo nuclear. El riesgo de sabotaje es mayor cada vez que se construyen más centrales nucleares y se transporta más combustible gastado, por lo tanto, los gobierno y las industrias nucleares deben reconocer el potencial del terrorismo nuclear y tomar pasos juiciosos para prevenirlo.