04/11/2014 - 07:41

Reduciendo el riesgo mediante una buena administración

Todas las tecnologías involucran un riesgo, pero quizá no existe ninguna otra tecnología considerada cómo más peligrosa que la energía nuclear. Sin embargo, sus riesgos no son sólo debidos a problemas técnicos; las capacidades institucionales y organizativas también desempeñan un papel vital. Por ejemplo, aunque un país en vías de desarrollo pueda  utilizar reactores de tecnología avanzada, el riesgo nuclear del país aun sería relativamente alto si la preparación de las instituciones no fuera suficiente. Ya había argumentado anteriormente que, en los países menos avanzados, los riesgos de la energía nuclear están más vinculados a la esfera institucional que al  diseño y sistema de seguridad de un reactor específico.

En su primer ensayo, la colega de la mesa redonda, Yun Zhou, señaló que cualquier país que esté desarrollando un nuevo sector nuclear o expandiendo uno existente debe establecer tres cosas: un proceso de desarrollo sostenible, un marco adecuado de seguridad y un acercamiento eficaz hacia la opinión pública. Zhou no utilizó el término ella misma, pero sus recomendaciones caen bajo la rúbrica de la administración nuclear, que yo definiría como una vía donde varias partes interesadas gestionan el riesgo nuclear. Los gobiernos en el mundo en desarrollo deben establecer sistemas eficaces para la administración nuclear si quieren evitar polémicas y facilitar la gestión de la energía nuclear de manera segura. Desde mi punto de vista, las bases de la  administración  nuclear incluyen por lo menos los siguientes tres aspectos : transparencia, rendición de cuentas y confianza.

Darle la información adecuada al público, que tanto Zhou como Pervez Hoodbhoy han señalado, está entre los temas más cruciales alrededor de la operación de las plantas nucleares. Las industrias nucleares tienen la costumbre de darle un aspecto misterioso a mucha de la información pertinente, pero el pasado de los desastres nucleares sólo ha demostrado que el misterio sólo aumenta el riesgo de una debacle cuando una planta nuclear tiene una crisis. Los riesgos nucleares son demasiado complejos como para ser gestionados adecuadamente sólo por los operadores de plantas. Los peligros potenciales deben ser detectados antes de que conlleven a una crisis. Esto significa que deben informar de los riesgos nucleares al público y deben proporcionarles a las partes interesadas externas la oportunidad de reconocer los riesgos en una etapa temprana. Para los países en vías de desarrollo que carecen de una tradición de transparencia, establecerla en un ámbito nuclear podría ser un desafío. Pero también es indispensable.

La rendición de cuentas, un componente igual de necesario para la administración nuclear, requiere que los reguladores y operadores de la planta informen y consideren la opinión del   público, de manera continua, sobre las decisiones que tomaron y las acciones que se llevaron a cabo. La rendición de cuentas es una vía de doble sentido. La evaluación pública de la actuación de los funcionarios debe ser un elemento esencial de las prácticas de seguridad nuclear y un marco regulatorio debe ser establecido para facilitar el proceso. Cualquier sistema razonable para la rendición de cuentas nucleares requiere que la sociedad civil desempeñe un rol activo para monitorear su actuación oficial.

Un tercer elemento clave de la administración nuclear es la confianza; el primer tema elaborado en mi primer ensayo de la mesa redonda. Cuando el público no confía en las autoridades nucleares ni en los operadores de las plantas, la buena administración tiene pocas probabilidades de existir. Cuando existe la confianza, el público y la industria nuclear podrán tener una comunicación balanceada sobre los riesgos nucleares (condición vital para una evaluación integral de riesgos). Crear esta confianza requiere que el público tenga amplias oportunidades para participar en la toma de decisiones. Cuando no se da lugar a tales oportunidades, la buena administración nuclear no es posible y es menos probable que  un sector de energía nuclear opere de manera segura.