04/22/2014 - 12:47

Convertir los datos malos en buenos

Los brotes de agentes patógenos emergentes, ya sean naturales o causados por el hombre, no sólo representan problemas de salud. Representan varios desafíos en otras dimensiones: jurídicas, políticas, económicas y militares. Mejorar la supervisión de enfermedades es la clave para vencer estos retos.

La supervisión de enfermedades conlleva a la acumulación de inteligencia sobre la frecuencia, actual y anterior, de enfermedades en países y regiones específicas y proporciona el contexto necesario para entender los brotes de nuevas enfermedades y para determinar, entre otras cosas, si son naturales o causadas por el hombre. Dicha información es recopilada, en su mayoría, por las organizaciones nacionales de salud, que luego es transferida a entidades tales como la Organización Mundial de Salud, la Organización Panamericana de Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. En estos centros, se acumula la inteligencia en bases de datos y se publica. Pero no siempre es la inteligencia correcta.

He analizado detenidamente las estadísticas de enfermedades por más de una década. Lamentablemente, me he percatado que la inteligencia sobre la frecuencia de enfermedades, ya sea en el mundo desarrollado o en vías de desarrollo, a menudo discrepa. Por ejemplo, hace algunos años, Argentina, Brasil y Bolivia reportaron casos de fiebre por dengue mientras que Paraguay no los reportó. Desde un punto de vista geográfico y de transmisión de enfermedades, esto es imposible. Esta anomalía fue resuelta una vez que Paraguay proporcionó las cifras actualizadas.

Las estadísticas incompletas de enfermedades son bastante perturbadoras en un mundo donde los viajes internacionales son fáciles y las medidas de control de salud de los pasajeros son relajadas. Son perturbadoras porque la urbanización ha creado zonas muy pobres donde florece el hacinamiento, la higiene inadecuada y las dietas de baja calidad nutritiva. Las estadísticas inexactas también representan un obstáculo importante para las iniciativas nacionales tanto en salud pública como en defensa. Si uno no puede decir con certeza cuales son las enfermedades que existen en su país, ¿cómo podrán elaborar un plan estratégico para luchar contra dichas enfermedades? ¿Cómo se podrá evaluar el impacto de las enfermedades en la población? ¿Cómo se prevendrá que personas malévolas hagan daño con agentes patógenos mortíferos? Los datos más completos sobre la frecuencia de enfermedades también son esenciales para que los investigadores realicen su trabajo de manera más eficaz y cumplan con los compromisos para seguir instrumentos tales como la Convención de Armas Biológicas y Toxínicas. Si van a establecer sistemas más eficaces para la supervisión de enfermedades, se requieren dos áreas principales: el ámbito jurídico e institucional y el ámbito educacional.

Ya existe un marco internacional jurídico e institucional para las enfermedades emergentes y comprende un componente de salud y otro de armamento. En el componente de salud, la Organización Mundial de Salud supervisa los esfuerzos para combatir varias enfermedades. En el componente de armas, la Convención de Armas Biológicas y Toxínicas, el Protocolo de Ginebra y el Grupo de Australia (una entidad informal de control de exportaciones) buscan inhibir el desarrollo de armas biológicas. No obstante, estos dos ámbitos se sobreponen, por ejemplo, la fiebre amarilla y la fiebre de dengue caben en ambos lados. Esto lleva a un esfuerzo doble, ya que las personas y las instituciones responsables de reportar las enfermedades a menudo deben reportar los datos a varias entidades. Por lo tanto, esto aumenta la probabilidad de que surjan discrepancias en los datos. Estos problemas se podrían remediar si las instituciones internacionales para la salud y el armamento llegaran a considerar que la supervisión de enfermedades es un punto de contacto normal para sus deberes respectivos.

Sin importar qué tan estrechamente colaboren las organizaciones de salud y de armas, la inteligencia sobre los brotes de enfermedades permanecerá deficiente si, como a menudo se da el caso, los profesionales locales de salud no reciben la formación académica y la capacitación necesarias para satisfacer sus deberes durante la supervisión de enfermedades. Las naciones y los profesionales individuales de salud carecen de las herramientas para identificar enfermedades. A veces no entienden claramente cuáles son las enfermedades que deben reportar, o si se deben reportar los casos individuales o sólo los brotes importantes. Tal vez no están seguros si deben reportar todos los casos o sólo las muertes. Quizá haya algo de confusión sobre si los informes deben ser elaborados anual o mensualmente o cuando un evento preocupante surja.

Las buenas noticias es que estos problemas pueden ser resueltos mediante una mejor formación académica de los funcionarios y profesionales de salud. Las malas noticias son que, hasta ahora, se ha hecho muy poco a nivel internacional y nacional para mejorar la formación académica. Las entidades tales como la Organización Mundial de Salud deben desarrollar programas educacionales para responder a estos problemas, supervisar su rendimiento y coordinar esfuerzos con las iniciativas nacionales pertinentes. Claro, los esfuerzos de abajo para arriba también son útiles. Por ejemplo, la Universidad de Bradford ha desarrollado herramientas excelentes que pueden ser utilizadas para entrenar a los profesionales de cuidado de salud a reportar los datos a la Convención de Armas Biológicas y Toxínicas. Crear un mundo más protegido de los agentes patógenos emergentes requiere que los jugadores de todos los niveles, desde los gobiernos municipales a nacionales, hasta las organizaciones regionales y globales, pongan de su parte para mejorar los sistemas de supervisión y notificación de enfermedades.