05/09/2014 - 08:35

¿Por qué no solucionan los problemas?

En la primera ronda, los autores que participaron en la mesa redonda identificaron varios problemas que deben ser resueltos, especialmente si los países en vías de desarrollo quieren ser más eficaces durante la detección y la respuesta a las enfermedades emergentes y re-emergentes, o durante la prevención y detección de emisiones accidentales o intencionales de agentes patógenos. Las ideas presentadas en los tres ensayos son importantes. Sin embargo, no son nuevas en la discusión sobre el control de enfermedades.

Oyewale Tomori identificó adecuadamente varias debilidades de las capacidades nacionales para la salud, incluyendo los sistemas inadecuados para la supervisión de enfermedades y poco apoyo para los laboratorios. Propuso que las naciones se "adueñaran de los sistemas para la supervisión, la prevención y el control de enfermedades" y también instó a los gobiernos a compartir información y recursos. Maria José Espona se centró en la integridad de la inteligencia que proporcionan los sistemas de supervisión y argumentó que los profesionales de salud, en particular en los países en vías de desarrollo, a menudo demuestran ineptitud para presentar datos exactos. En su opinión, la formación académica representa una gran parte de la solución para contrarrestar los agentes patógenos emergentes. Nosotras, las autoras, también opinamos lo mismo, y argumentamos en la primera ronda que la educación mejorada de ética para los científicos es vital.

Pero por muchos años, los problemas identificados en la primera ronda han sido temas de discusión de salud internacional, en especial en el marco de la Convención de Armas Biológicas y Toxínicas (CABT) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En gran medida, abordaron las preocupaciones suscitadas por Oyewale y Espona en el Reglamento Sanitario Internacional 2005, un acuerdo internacional jurídicamente vinculante negociado bajo los auspicios de la OMS, que específicamente requiere que los estados "implementen obligaciones básicas para las capacidades de salud pública". A favor de este requisito, el Departamento de Alerta y Respuestas de Capacidades Globales de la OMS busca robustecer las capacidades nacionales e internacionales para la supervisión y respuesta de enfermedades. En cuanto a la educación y concienciación de los científicos, estos temas han sido identificados bajo el contexto de la CABT, en por lo menos los últimos ocho años, ya que son críticos para la prevención de los usos temerarios de las ciencias biológicas.

Las fallas en la capacidad nacional, la supervisión de enfermedades y la educación ética son bien conocidas. ¿Entonces por qué no se resuelven exitosamente? La respuesta más probable es que estas fallas son síntomas de problemas mayores en el sistema global de salud. Uno de éstos es que la gobernanza es débil o corrupta, como lo menciona Tomori en la segunda ronda. Otro problema es la prioridad relativamente baja otorgada a la salud pública a nivel regional, nacional e internacional.

Además, aunque la CABT tiene el potencial para proporcionar un marco para la cooperación y el intercambio internacional en el ámbito de salud, su eficacia es socavada por su inercia actual, la que puede ser trazada al colapso de las negociaciones del 2001 para establecer un mecanismo de verificación en el tratado. La CABT, como los demás tratados de desarme, también es vulnerable a las grandes tensiones políticas internacionales. Hoy en día, el proceso de toma de decisiones en el contexto del tratado es casi inexistente.

En el 2011, antes de la Séptima Conferencia de Revisión del tratado, la co autora Gould, junto con Jeremy Littlewood y Gigi Kwik Gronvall, argumentó que una manera para curar el malestar de la CABT podría ser la implementación más vigorosa del Artículo X del tratado, que alienta a los estados a compartir conocimientos y tecnologías. El compartir, entre otras cosas, podría mejorar la detección y la respuesta a las enfermedades. Gould, Littlewood y Gronvall recomendaron —lo cual aún es pertinente hoy en día como lo era en el 2011—, que el intercambio de conocimientos y tecnología entre naciones desarrolladas y en vías de desarrollo no sea caracterizado sólo por la interacción entre donantes y beneficiarios desafortunados.

Efectivamente, cuando se trata de la supervisión y respuesta de enfermedades, los países en vías de desarrollo pueden beneficiar a otros, así como ellos pueden beneficiarse de la interacción con las naciones ricas. Pero con la situación actual, los países en vías de desarrollo no consideran que la CABT será un foro útil donde podrán plantear sus inquietudes y compartir conocimientos. Es un poco como la historia del huevo y la gallina, porque si el tratado va ser realmente pertinente para los científicos y el público en los países emergentes, y mucho más eficaz a nivel global, las naciones en vías de desarrollo necesitan poner su impronta en el proceso. Las discusiones en la CABT que no toman en cuenta las inquietudes de los países en vías de desarrollo producen brechas lingüísticas y conceptuales que a la larga llevarían a la apatía. Se debe superar este problema si todas las partes del tratado van a participar de manera eficaz.

Lamentablemente, hay muy pocos grupos de la sociedad civil alrededor del mundo que siguen los procedimientos de la CABT. Una cifra igual de insignificante de organizaciones nacionales de activistas hace campaña para la mejora de los servicios públicos de salud. Aunque el tratado podría ser una herramienta poderosa para fomentar el discurso internacional para el control de enfermedades, aún falta algo: la presión política y el sentimiento de propósito que se requiere para efectuar un cambio para contrarrestar la propagación de enfermedades.