05/30/2014 - 05:49

El trayecto también importa, no sólo el destino

En la segunda ronda, Maria José Espona señaló la "atomización" en esta mesa redonda. Varios autores, dijo Espona, enfatizan mayormente los temas pertinentes a su propia experiencia. Y ella argumentó que la "atomización" de la mesa redonda es sintomática de las deficiencias de la comunicación y la coordinación en el sistema global de salud. En la tercera ronda, Oyewale Tomori voceó su profunda frustración por el fracaso de los estados africanos, desde su punto de vista, por no tomar las riendas de la supervisión y la respuesta eficaces de las enfermedades. Él caracterizó la dependencia de las naciones africanas por el apoyo internacional como el  "sopor de dependencia".

Espona y Tomori, de su propio modo, subrayaron la necesidad crítica de los sistemas globales de salud para que sean más integrados, más responsables y más receptivos. Pero la visión que realmente comparten representa el destino. Antes de llegar al destino, es importante reconocer los factores y obtener un mejor entendimiento de su multiplicidad, lo que no permite el progreso (además de los factores que ya identificaron Tomori y Espona). Varios de estos factores implican o la información inadecuada, en cuanto a lo que funciona, lo que no funciona y por qué no, o el fracaso del cuidado de salud o de los profesionales científicos por no exigir arduamente un cambio.

En muchos casos, los temas importantes alrededor del establecimiento y la administración de sistemas de salud en países en vías de desarrollo no son bien comprendidos. Las fuerzas generales que subyacen en estos sistemas, —históricas, sociales, económicas y éticas— rara vez son documentadas o investigadas de manera extensa por investigadores del país. Como resultado, aunque es fácil identificar los problemas de un sistema de salud en el propio país, es difícil saber a quién se debe culpar o cómo remediar el problema. Además el poco entendimiento de las circunstancias locales (y los factores subyacentes) a menudo ocasiona que los países "donadores" ofrezcan o impongan soluciones que no encajan en los contextos locales o que no corresponden específicamente a los problemas locales.

Por otro lado, la falta de datos exhaustivos sobre un sistema nacional de salud en particular también puede causar que lo que funciona, y el por qué, sean pasados por alto. No todos los países en vías de desarrollo se arriesgan a lo mismo y tienen las mismas limitaciones o exhiben las mismas fallas sistémicas. Por ejemplo, el sistema de salud en Sudáfrica y Kenia es bastante diferente que el de la República Democrática del Congo y de Guinea. Los sistemas de supervisión de enfermedades en las últimas naciones mencionadas tienen sus deficiencias, pero la capacidad de estos países de detectar y responder a los brotes de enfermedades es mucho más robusta que en los países que, por ejemplo, han tenido conflictos prolongados. Por ende, la falta de debate sobre por qué algunas iniciativas funcionan dificulta la adaptación a las estrategias exitosas de un contexto a otro y disminuye el potencial de aprendizaje de las situaciones exitosas.

Una dimensión importante de las lagunas de información es que los profesionales de salud de los países en vías de desarrollo a menudo son bastante silenciosos e invisibles en los foros políticos internacionales. Como estos profesionales son responsables de brindar servicios de salud diariamente, están posicionados perfectamente para dar opiniones y sugerir remedios. Cuando no aportan opiniones y remedios, o si sus contribuciones no son voceadas, las entidades externas a menudo imponen soluciones que no resuelven los problemas subyacentes, o que no son apoyadas por los diseñadores de políticas y los proveedores de cuidado de salud. Por lo tanto es imperativo que los científicos de los países en vías de desarrollo, en las conferencias y en el contexto de colaboración, reivindiquen sus necesidades y expliquen su realidad para que exijan un cambio de manera más activa. Un obstáculo relacionado al progreso es que muchos en la comunidad científica son renuentes a vocear, y por ende, participar para resolver el problema de la administración débil y los otros problemas sistémicos que debilitan los esfuerzos de control de enfermedades. Es crucial determinar por qué existe tanta renuencia para producir un cambio positivo.

Del mismo modo, las asociaciones profesionales nacionales e internacionales que pueden exigir el cambio podrían presionar con más eficacia, debido a su posicionamiento, a los gobiernos y a las organizaciones donadoras a escuchar las recomendaciones de los científicos y los profesionales de salud. Si ejercieran dicha presión, los temas claves podrían acabar en las agendas nacionales e internacionales. Dichos problemas podrían incluir la dificultad de implementar mejoras en la gestión de riesgo biológico cuando, por ejemplo, la financiación básica para los laboratorios no está disponible (como es el caso en muchos países). Discutir estos temas es necesario si se va a conseguir un mejor entendimiento de las divergencias entre la política y la práctica de la salud.

A la larga, para que el mundo esté más protegido de los agentes patógenos emergentes se requiere un acercamiento multifacético que incluya la educación mejorada de la bioética (como nosotros, los autores, lo analizamos en la primera ronda) y una mayor colaboración entre países en vías de desarrollo (como lo analizamos en la segunda ronda). También requiere que los profesionales de salud a nivel nacional, regional e internacional tomen medidas más vigorosas para producir un cambio sistemático.